¿Realidad?

Andreas Gursky: ficciones basadas en hechos

Las imáges del fotógrafo Andreas Gursky, nacido en Düsseldorf, Alemania, en 1955, son extraordinarias desde todo punto de vista. Lo que más llama la atención es, naturalmente, su enorme formato, poco habitual en fotografías. Gursky se atreve con tamaños que sólo conocemos del ámbito del cartel publicitario. Sus imágenes más amplias alcanzan los dos por cinco metros, pero con ellas no hace publicidad de producto alguno. A lo sumo, sus fotografías publicitan la mirada precisa hacia el mundo.

Gursky recopila sus fotografías durante sus viajes por todo el mundo. Sea que fotografíe a cientos de cesteros trabajando en un gigantesco pabellón en Vietnam, o bien las imponentes Bolsas internacionales en diversos países, bullentes de actividad, o que capte con su cámara los grandes conciertos de las estrellas del pop, como Madonna: Gursky logra representaciones de masas jamás vistas. El trabajo, el deporte, la política... no se amilana ante ningún tema. En Corea del Norte fotografía escenificaciones políticas masivas, que convierten a los seres humanos en ruedecillas de las acciones propagandísticas. En Nueva York o Berlín le ocupa la uniformidad de las masas humanas anónimas en grandes conciertos o en la Love Parade. Una y otra vez logra plasmar metáforas de la globalización. Y cabe mencionar además que las fotografías de Gursky tienen un éxito fuera de lo común, tanto de público como en el mercado del arte. Sus imágenes causan sensación.

La clave es el punto de vista.

Detalle 'Nha Trang'
Si deseamos entender el trabajo de un fotógrafo, conviene analizar su punto de vista, entendido en el sentido literal de la expresión. Gursky siempre elige perspectivas fuera de lo común. Dado que su mirada se dirige a la escena desde puntos poco convencionales, también puede mostrarla de modo no convencional. Asume una "perspectiva privilegiada" (Thomas Weski), es decir, un punto de vista que no podrá ser emulado con facilidad. Gursky busca la vista panorámica, nunca forma parte del suceso sino que es un observador externo. Busca su fotografía desde la distancia. Por ello se trepa a los balcones y tejados, fotografía desde plataformas elevadoras, grúas y, en los últimos años, cada vez más frecuentemente, también desde helicópteros: no es sorprendente que nos pueda mostrar más de lo que podemos ver.

La impresión de grandiosidad que resulta de sus fotografías depende además de la irritadora profundidad focal de sus tomas: independientemente del tamaño de la fracción del mundo que nos muestran, sus imágenes están enfocadas hasta el último ángulo. Esta nitidez continua es desconocida al ojo humano. Al utilizar cámaras con objetivos de gran resolución, el fotógrafo consigue plasmar una nitidez sobrehumana.

Estructuras amplias y riqueza de detalles

'Salerno I'
Sin embargo, Gursky también posee un ojo infalible para las estructuras amplias. Elige sobre todo emplazamientos, tanto espacios interiores como exteriores, ya aparejados con sus propios criterios de orden. En la imagen del puerto de Salerno ("Hafen von Salerno") vemos cientos de vehículos de una cierta marca de automóviles, a la espera de ser embarcados; detrás, miles de contenedores de colores y, en otro plano, los bloques de viviendas de esta ciudad portuaria. Obtenida desde una colina, esta fotografía se nos antoja pintura clásica de un paisaje: la ciudad junto al mar; al mismo tiempo, refleja un denso presente industrial masificado. Lo idílico ha sido sustituido por una modernidad que nos deja sin aliento.

Las grandes estructuras aprovechadas por Gursky conceden su fuerza a las imágenes; y los detalles les dan vida. Una fotografía como "Montparnasse", que muestra un gigantesco, longilíneo complejo residencial en el centro de París, ha sido montada por Gursky a partir de varias tomas, de modo que se puede apreciar una vista lateral del edificio imposible de ver en la realidad, pues el observador in situ jamás podría tomar la distancia necesaria. La imagen nos muestra el edificio con mayor claridad que la realidad. En sus ventanas tienen lugar innumerables escenas que rompen y vivifican increíblemente la monotonía de las fachadas siempre idénticas.

Metáforas temporales, imágenes concentradas

Las fotografías pueden apreciarse como composiciones estéticas y como estudios sociológicos. Las imágenes de Gursky nunca son sólo bellas: sobre todo, son inteligentes. Constituyen metáforas temporales. Lo que sorprende en las gigantescas copias de Gursky, que resumen perfectamente el concepto de ampliación, es que el observador se ve atraído magnéticamente hacia ellas. Desea ver todo lo que hay para ver. El detalle narrativo se esconde en las estructuras. La visión de conjunto y la precisión en el detalle son aspectos decisivos del estilo de Gursky.

Su fotografía no es documental, a pesar de trabajar con la realidad, de vivir y concentrar dicha realidad. Tampoco es subjetiva, como lo reflejado por la historia de la fotografía. Gursky construye imágenes que constituyen ficciones basadas en hechos. A pesar de ello, son precisamente las fotografías de los años 90, en las cuales Gursky va trabajando cada vez más con el retoque digital de sus tomas, las que desconciertan al observador. Éste siente que hay algo que no concuerda, que el montaje se realiza para intensificar el efecto de la imagen.

El observador intenta captar lo que esconde la imagen. Desea descubrir cómo podría haber surgido, cómo fue manipulada. La pregunta acerca del "cómo" se nos impone ante muchas imágenes de Gursky. Lo único transparente es que se trata de imágenes artificiales, que Gursky comienza a borrar el límite que venía separando hasta ahora la fotografía de la pintura. En su caso, la fotografía tiende a convertirse en pintura digital. Cabe mencionar que Gursky ha fotografiado con frecuencia la obra de artistas modernos, como una clave entre muchas que señala las fuentes en las que busca inspiración para su estilo de fotografía.

La realidad es un constructo

Detalle '99 Cent II'
Gursky no se queda en la "foto auténtica" que pretende mostrarnos la realidad tal como es. En su caso, la realidad es el resultado de un constructo de imágenes. El fotógrafo utiliza todos los trucos posibles de la postproducción digital por ordenador. En sus imágenes concentra el tiempo y los acontecimientos espaciales. No nos muestra el mundo tal como es, sino como él lo ve. Pero su forma de ver el mundo es muy hábil. Tiene "buen olfato" para los lugares y los escenarios ejemplares que recuerdan la destreza de un Andy Warhol. Cuando Gursky fotografía un supermercado en los EEUU en el cual ningún artículo cuesta más de 99 céntimos, está creando una acertada metáfora de la sociedad de consumo. El hecho de que esta fotografía haya sido vendida hace poco por 2,2 millones de dólares no es más que una ironía de la historia y, a su vez, una metáfora del mundillo del mercado artístico.

Andreas Gursky, Thomas Weski: Andreas Gursky, Snoeck Verlagsgesellschaft mbH, Colonia, 2007, ISBN 978-3-936859-50-8
Jan Thorn-Prikker

Copyright: Goethe-Institut, Online-Redaktion

Marzo 2007

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