¿Realidad?

Callar no cura - Un alegato contra la memoria selectiva

Día de las puertas abiertas en las antiguas oficinas centrales de la policía secreta de la RDA (Stasi); Copyright: Picture-AllianceCon respecto a la antigua RDA, no se procede según el principio del "punto final", sino que cada ciudadano tiene derecho a acceder a todas las informaciones recopiladas en su tiempo por la policía secreta.

 

El cambio revolucionario del año 1989 supuso también el final de la dominación comunista en Alemania del Este, la antigua RDA. Como miembro del primer Parlamento (Cámara del Pueblo) elegido libremente, pude participar en la transición de la dictadura a la democracia. El manejo de los documentos del antiguo servicio secreto de la RDA resultó ser especialmente dificultoso. Como en todos los Estados satélites de Moscú, también entre nosotros una policía secreta, creada según el modelo del KGB, había servido de apoyo al partido en el poder. En los últimos tiempos, ese servicio secreto, el Ministerio para la Seguridad del Estado (popularmente conocido como Stasi) tenía más de 90.000 empleados profesionales y aproximadamente 170.000 colaboradores no oficiales, algo grotesco, si se piensa que la población de la RDA no llegaba a los 17 millones de habitantes.

Durante las manifestaciones semanales contra la cúpula dirigente de la RDA en el otoño-invierno de 1989-1990, la ira de la población iba dirigida sobre todo contra la Stasi. Este órgano se definía a sí mismo como “espada y escudo del Partido”. Entre los primeros días de diciembre de 1989 y enero de 1990, personas valientes ocuparon las sedes de la Stasi en todo el país, formaron comités ciudadanos que custodiaron las actas e impidieron que el servicio secreto siguiera trabajando. Otras, en la “mesa redonda” de Berlín, exigieron al Gobierno de transición que disolviera completamente el Ministerio para la Seguridad del Estado.

Cintas grabadas de escuchas, Gauck-Behörde; Copyright: Picture-Alliance

Ahora que había ya un Parlamento libre, teníamos que hacernos cargo de una herencia difícil. Había toneladas de actas, algunas ya rotas, fotos, películas, grabaciones..., según nuestros cálculos de entonces, nos enfrentábamos a 180 kilómetros de pasillos de archivo con material escrito. ¿Qué hacer con todo aquello? Muchos políticos –sobre todo, naturalmente, entre los que antes ocupaban el poder– pensaban que era imposible hacer uso de tales actas; en su opinión, si los ciudadanos llegaban a saber lo que estaba escrito en ellas, habría derramamiento de sangre.

Las fuerzas democráticas, por el contrario, no creían que esos ciudadanos, tras una revolución totalmente pacífica, se lanzaran a ejercer la justicia por su mano si se les permitía el acceso al contenido de las actas. Nosotros queríamos que el saber del poder, el saber dominante, llegara a toda costa a las manos y a las cabezas de los que habían sido oprimidos. Estas actas debían asimismo mostrar el verdadero rostro del sistema y la arrogancia del poder.

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Joachim Gauck

Traductor: Luis Muñiz

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