Amistad: fisonomías de una relación compleja

A la sombra de los árboles

Gerson Reichert, De la serie 'Humboldt revista', 2006, Foto: Juliana Lima, © G. ReichertUna mirada retrospectiva a los cincuenta años de Humboldt.

Cierre de redacción, traducción al castellano, versión online, textos para la edición portuguesa, propuesta de temas, solicitud amable de respuesta, derechos de reproducción, créditos fotográficos, plazo para la maqueta, resumen de las páginas culturales, nuevas litografías, impresión a cuatro colores, reportaje fotográfico, acuerdo sobre el foro de Internet, charla con autores, nota de prensa, corrección de pruebas de impresión, las casillas de “asunto” del correo electrónico de un día X en la redacción, y entre ellas novedades, mejor dicho: cosas hartamente conocidas llegadas desde el batallón de vendedores de Viagra y que han pasado el filtro antispam. Entre todos los mensajes que simulan ser importantes mediante la advertencia de “muy urgente”, aparece, de repente, el “asunto”: “Sólo felicitaciones, nada de la redacción”. Se interrumpe entonces la prisa. En la pantalla del ordenador de la redacción de la revista Humboldt, en Bonn, un usuario desconocido con dominio de Uruguay recrea, como por arte de magia y en pocas líneas, la romántica metáfora nostálgica del bosque alemán.

“Esta mañana me fui hasta el bosque de mi jardín (unos cien abetos). El viento soplaba y yo escuchaba el rumor de las ramas, un rumor como el de las olas del océano. Querían contarme algo, pensé, pero en el instante siguiente no me quedó más remedio que sonreír, ya que se trataba de una típica idea alemana: ‘¡Cuántas cosas no habrán vivido estos árboles!’. Sin embargo, bajo ellos no ha pasado ningún ejército ni ha paseado Goethe. Aquí todo es nuevo. Esos árboles los planté yo, sólo yo. Tienen una altura de alrededor de veinte metros. Sí, fue hace casi cincuenta años. Es el sitio más adorable del jardín. Me recuerda los boques alemanes. A menudo he buscado allí el sosiego, después de alguna discusión sobre las diferencias existentes entre dos mundos con sentimientos distintos, ideas distintas, una lógica y una educación distintas; todo es distinto, todo es al revés, pero es preciso entenderlo. No sé cómo me atreví entonces a fundar una familia en otro continente. ¿Y quién me acompañó a lo largo de todos estos años? Pues sí que tuve una fiel acompañante. Sí, fue ella: cincuenta años de abetos, cincuenta años de Uruguay y cincuenta años de Humboldt. ¡Gracias! Erika Wagner de Cavallero, Durazno”.

¿Una revista como compañera para el camino? ¿A lo largo de cinco décadas? ¿De qué índole debe ser una publicación para que no resulte fácil concebir una vida sin ella?

¿Qué números de la revista tendría en sus manos aquella joven de la ciudad uruguaya de Durazno, que por entonces contaría veinte o veinticinco años? Me entran deseos de hojearlos. La redacción conserva celosamente algunos ejemplares del primer año de la revista, ejemplares que ya tienen sus bordes redoblados. Hace algunos años, un vendedor callejero instalado en una pequeña calle lateral del centro de Lima los tenía en venta con el rótulo de “antigüedades muy, muy valiosas”; aquellos números de Humboldt, de gran formato, yacían extendidos sobre una lona de plástico; un óleo decimonónico de un paisaje chileno pintado por Johann Moritz Rugendas, un retrato femenino de estilo expresionista y un vitral de la región del Mosela de principios de la Edad Media adornaban las portadas de las primeras ediciones y destacaban de un modo peculiar en medio de caramelos, pasadores para el pelo y baterías de botón.

El espectro de aquella revista cultural era muy amplio: allí tomaban la palabra Gabriela Mistral, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges, Camilo José Cela, Ramón Menéndez Pidal; otros artículos eran de Wolfgang Borchert, Walter Höllerer, Ernst Jünger, Heinrich Böll o Friedrich Dürrenmatt…, todos tienen ahora su sitio fijo en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach.

¿Qué concepto seguía esta “revista para el mundo ibérico”, por entonces publicada por la Editorial Übersee, de Hamburgo, y desde 1972 por la editorial muniquesa Bruckmann? El programa se planteaba a partir del segundo número: “La revista Humboldt está al servicio del intercambio espiritual entre el mundo ibérico y el alemán, coordinando así sus múltiples relaciones. Más que a los puntos de divergencia, atiende a lo que hay de común entre ambos.

Se ha elegido el nombre ‘Humboldt’ porque se asocia a la libertad del espíritu frente a las exigencias totalitarias. Es indiferente que este nombre en los países ibéricos evoque en primer término a Alejandro de Humboldt o que en el mundo germánico haga pensar más bien en Guillermo de Humboldt”.

Elegir a un doble patrono que encarnara la libertad del espíritu frente a las exigencias totalitarias era la clara señal de un nuevo rumbo en la política cultural. Quince años después de la era nacionalsocialista en Alemania, se hacían esfuerzos por establecer un diálogo cultural constructivo a través de un cuadro crítico y nada edulcorado de Alemania como nación del espíritu, a fin de adoptar una postura clara en una época marcada por la guerra fría, la cual, poco tiempo después, alcanzaría su punto culminante con el levantamiento del Muro de Berlín y la crisis de los misiles en Cuba. No podía decirse por entonces que todo el Oeste, en bloque, abogara por la “libertad”: en Europa occidental había en esa época sistemas totalitarios de distinto color en países como Portugal, donde la dictadura del Estado Nuevo sólo vio su fin en 1974 a raíz de la Revolución de los Claveles; en España, por su parte, el duro régimen de Franco se mantuvo hasta 1975. A su vez, en América Latina, en 1960, países como Guatemala, Nicaragua, Haití y Paraguay eran gobernados por generales, y a mediados de los años setenta sólo habría unos cuatro países latinoamericanos que no sufrían una dictadura militar.

En medio de aquella constelación, se requería de mucha visión de futuro para situar un instrumento contra el totalitarismo que no pretendiera ser un burdo medio de propaganda y mucho menos de promulgación de las políticas del Gobierno, sino que confiara en el éxito del entendimiento entre los pueblos por medio del intercambio espiritual. Esta visión de futuro la demostró Albert Theile (1904-1986). Este historiador del arte, traductor, profesor universitario y periodista estaba destinado a ello por su propia biografía: como opositor de los nazis, emigró a Chile a través de un largo recorrido que lo llevó por Noruega, Francia, India, Japón, China, la Unión Soviética y Estados Unidos. En el año 1952 regresó del exilio y se estableció en Suiza. Convencido del sentido que tenía una revista como instrumento ideal de diálogo, Theile fundó Humboldt (que primero era bilingüe, español-alemán, y luego comenzó a aparecer en ediciones individuales en español y portugués), así como otra revista análoga destinada al mundo árabe, Fikrun wa Fann.

Pero ¿cómo debía funcionar ese pretendido diálogo entre las culturas? En la actualidad, diálogo ya no significa prioritariamente el esfuerzo por alcanzar la armonía y por buscar puntos en común o coincidencias, sino la admisión de las diferencias. Hoy en día predomina el criterio de que la tolerancia sólo puede ponerse de manifiesto cuando se tolera la diferencia; se supone que, de esa fricción, pueden surgir las chispas de lo creativo. En breves palabras: el concepto de diálogo ha estado –y está– sometido a cambios, su validez ha tenido que ser verificada de forma siempre nueva a lo largo de todas estas décadas. Conceptos como el “multiculturalismo”, las “culturas híbridas” de García Canclini, las “comunidades de aprendizaje” de Wolf Lepenies, las teorías poscoloniales, el “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington, así como sus correspondientes contraproyectos, hallaron eco en las páginas de la revista, de la que fueron responsables, en el transcurso de los años, distintas redacciones: desde 1959-1960 hasta 1983, Albert Theile; de su sucesor, el periodista Werner Karsunky, tomó la responsabilidad editorial en 1989 el equipo de redacción formado por las romanistas Margarete Kraft (hasta el año 2007) y Brigitte Simon de Souza (hasta 1993). Desde 1993 hasta la actualidad, la historiadora del arte Isabel Rith-Magni ha sido redactora responsable, primero junto con la ya mencionada Margarete Kraft y desde el año 2007 con la etnóloga Ulrike Prinz.

En un inicio, la revista se vendía. Más tarde, la organización mediadora Inter Nationes, financiada por la Oficina Federal de Prensa y el Ministerio de Asuntos Exteriores, asumió su auspicio. Debido a la fusión de Inter Nationes con el Instituto Goethe en el año 2001, Humboldt es en la actualidad una de las dos publicaciones suprarregionales de este instituto cultural de la República Federal de Alemania de intensa actividad a nivel internacional.

Independientemente de los editores, la renuncia a un estrecho corsé temático les ha permitido a los redactores la libertad necesaria para la selección de los temas y ha dado lugar a lo que más tarde se comparó en alguna ocasión con una avenida para “flanear” que abre espacios asociativos y deja sitio para lo inesperado y lo impredecible. En su perfil abierto, la revista cultural se mantuvo fiel a sí misma, si bien la creación de dossiers tuvo como consecuencia una focalización más intensa en distintos temas específicos. Las referencias actualizadas a la contemporaneidad constituyeron casi la falsilla a través del cual había que interpretar la selección de los temas, si bien no se apostó tanto por el comentario y el análisis directo, sino más bien por la refracción sutil mediante un enfoque artístico-estético. Ello se mantiene vigente hasta el día de hoy. En correspondencia con esa exigencia, se ha puesto siempre la máxima atención en el diseño formal de la revista y en la selección del material gráfico. Desde el año 1986 Humboldt lleva la firma del diseñador gráfico colonense Heinz Bähr.

En la época en que se fundó la revista Humboldt no existían conceptos como globalización, virtualidad o dominio mediático. En un mundo sin ordenadores personales, sin Internet ni móviles, una revista tenía una función distinta a la de hoy, cuando, además de los medios de comunicación, el moderno turismo de masas nos permite a nosotros, habitantes de la tan cacareada “aldea global”, formarnos una visión propia de las cosas. En la actualidad pueden escogerse otras formas adicionales de mediación y comunicación: la pretensión de un intercambio auténtico cobra hoy realidad gracias al hecho de que los textos no sólo se escriben y traducen para los países de habla portuguesa y española, sino que también son accesibles para los lectores alemanes en forma de versión online.

Quién sabe, quizás hoy mismo, en el año 2009, una latinoamericana emigrada a Europa plante un arbolito y, dentro de cincuenta años, bajo la sombra de ese árbol ya robusto y crecido, nos cuente que, por aquellas fechas, algún que otro artículo de la revista Humboldt la ayudó a encontrar arraigo en una cultura diferente.

Isabel Rith-Magni
estudió Historia del Arte, Filosofía y Gemanística. Se especializó en arte moderno de Latinoamérica, en particular de los países centroandinos. Desde 1993 es responsable de la redacción de la revista Humboldt.

Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Mayo 2009

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