Amistad: fisonomías de una relación compleja

El valor de la amistad en el cine

‘Munyurangabo’ (2007) © Almond Tree Films, LLCLa amistad, la solidaridad y la camaradería son temas cinematográficos en alza.





Desde siempre, el cine –el “séptimo arte”– ha sido, al igual que el teatro, arte y espectáculo al mismo tiempo, lugar de entretenimiento y de reflexión. Que el cine refleja las corrientes dominantes en la sociedad e influye sobre éstas lo comprendió tanto la Nouvelle Vague francesa, en los años cincuenta y sesenta, como el Nuevo Cine Alemán de los setenta. Tras unas décadas en que primó una oleada de superficialidad, de enfoques egoístas e incluso nihilistas, que ensalzaban el placer, el poder y el materialismo, a mediados de los años ochenta se advierte una nueva tendencia. A partir de entonces, y sobre todo en los noventa, el cine volvió a tratar cuestiones de mayor calado. En el primer decenio del siglo XXI, la tendencia es tan clara que, en 2005, la agencia de noticias “idea” –con datos estadísticos del experto Ted Baehr– afirmaba: “En los últimos tres años, las películas que reflejan valores morales han experimentado un mayor éxito de taquilla que aquellas en las que se presenta una fuerte dosis de violencia y sexo”.

Entre estos valores más presentes en el cine actual se encuentran principalmente la familia y la amistad. Esta última –como cabe esperar– tiene amplia presencia en el cine infantil y juvenil. Así, el filme que ganó en el festival de cine infantil de mayor tradición en Alemania, lucas, en 2008, Un château en Espagne, trata de dos muchachos que viven puerta con puerta en París; su amistad se verá sometida a una dura prueba cuando los padres de uno de ellos –emigrantes españoles– decidan volver a su país. La nota añadida de la amistad entre diferentes culturas está presente también en “14plus”, la sección de la Berlinale dirigida al público entre 14 y 18 años; en 2008 participó en dicha sección la producción holandesa-belga Dunya & Desie, la historia de la amistad entre la holandesa Desie y Dunya, hija de emigrantes marroquíes; cuando regresan a su patria, Desie sigue a su amiga. Más radicales fueron otros dos filmes de dicho festival: September retrata la amistad entre un blanco y un aborigen en la Sudáfrica de 1968; en Munyurangabo, un hutu y un tutsi –ambos adolescentes– luchan contra todo lo que se opone a su amistad... y eso no es poco en Ruanda, trece años después del genocidio. Estos filmes, todos ellos rodados con una puesta en escena muy realista –sólo Un château en Espagne presenta algún momento de realismo mágico–, cámara y planificación absolutamente clásicas, presentan un claro mensaje: la amistad no sabe de diferentes culturas ni de color de la piel.

De una amistad entre niños trata también uno de los más emotivos filmes de los últimos años: Cometas en el cielo (2008), la película que rodó Marc Forster antes de dirigir el último James Bond Quantum of Solace; sin embargo, no se trata de un filme infantil. Narra –basándose en la novela, de tintes autobiográficos, de Khaled Hosseini– en dos planos temporales una historia de amistad y traición, pero también de reparación: la primera parte transcurre en Afganistán en 1975, donde dos muchachos de doce años, Amir y Hassan, comparten la pasión por las cometas a pesar de las diferencias sociales que les separan: el padre de Hassan, del grupo étnico de los hazara, es el sirviente del padre de Amir, que forma parte de los pastunes, la capa superior de la sociedad. La amistad se romperá no por las diferencias, sino por la cobardía de Amir en un momento decisivo; poco más tarde, con la invasión soviética en Afganistán, se separarán definitivamente sus caminos; sólo veintiocho años más tarde tendrá Amir ocasión de reparar su traición.

La amistad entre distintos pueblos es también el argumento –o más bien una subtrama– en dos recientes filmes que tienen como escenario Israel: en La banda nos visita (The Band’s Visit, 2007) –filme que obtuvo el galardón al “mejor actor principal” en los Premios Europeos de Cine de 2007–, una banda de música de la policía egipcia llega por error a un pequeño pueblo de Israel cuando se dirigía a dar un concierto protocolario. A pesar de las diferencias culturales y lingüísticas, los habitantes del pueblo les acogen amistosamente. Una puesta en escena minimalista, un gran sentido del ritmo y del humor lacónico se ponen al servicio de un guión sencillo, que muestra a personajes con más cosas en común de lo que parecía inicialmente. En Los limoneros (Lemon Tree, 2008), que obtuvo el premio al “mejor filme europeo” en el último Festival de San Sebastián, una viuda palestina que vive junto a la frontera con Israel, en los territorios ocupados, se ve obligada a talar los limoneros que han sido la base de su existencia desde toda su vida, pues justo al lado se traslada el ministro de Defensa de Israel y, según los servicios de seguridad, suponen un riesgo. Aun cuando el tema de Los limoneros sea la lucha de David contra Goliat, así como la experiencia de la frontera, la relación que va surgiendo más allá de la alambrada entre la viuda Selma y la esposa del ministro, Mira, supone –en el lenguaje formal metafórico del director Eran Riklis, que contrasta las torres de vigilancia con el idílico huerto de limoneros– el comienzo de una amistad que hace superar fronteras a las dos mujeres.

Entre las películas que en los últimos años han tenido gran éxito en Francia se encuentra Mi mejor amigo (Patrice Leconte, 2006), que describe una amistad, por encima de las diferencias sociales, entre un egoísta marchante y un taxista jovial, así como Bienvenue chez les Ch’tis (2008), que dirige el mismo actor que representó al taxista en el filme de Leconte: Dany Boon. Esta divertidísima película, que ha roto todos los éxitos de taquilla en Francia con más de veinte millones de espectadores, trata de las diferencias regionales, de prejuicios y clichés, pero también de la amistad entre el funcionario de correos del sur de Francia que es destinado al “frío” norte y el compañero que le ayuda a aclimatarse.

Un modo de tratar la amistad contra las costumbres cinematográficas se presenta en el filme irlandés Once, que en 2008 ganó el Oscar a la mejor canción. Rodado con muy pocos medios, en video y cámara en mano, permite seguir a los protagonistas muy de cerca: un músico que toca en las calles de Dublín y una joven procedente de Chequia. Pronto descubren que la música les une; pero lo que un guión al uso hubiera hecho derivar en una comedia romántica presenta matices mucho más complejos: la amistad entre los músicos les da fuerzas para superar su traumático pasado y ser fieles a las responsabilidades asumidas.

Una tendencia tan amplia, como es el actual auge de la amistad y la solidaridad en el cine, difícilmente se puede reducir a una única causa. Probablemente, este nuevo trend obedece a diversos motivos: por un lado, el empobrecimiento de relaciones humanas que se deriva de la globalización y sus secuelas (como la migración) empuja a buscar seguridad; por otro, el hecho de que el alza de la amistad vaya de la mano con una valoración positiva de la familia es síntoma de la influencia del retorno de valores conservadores tras la oleada de individualismo y egoísmo que se refleja en el cine de los años setenta y aun ochenta; no es casualidad que en una película tan paradigmática como Wall Street (Oliver Stone, 1987), Gordon Gecko dijera: “Si necesitas un amigo, cómprate un perro”. El cinismo de tal sentimiento de vida ha dejado paso a un mayor aprecio de las relaciones humanas, y por tanto a un mayor énfasis en la amistad.

José García
(1958) se doctoró con una tesis sobre Historia Medieval. Trabaja como traductor, periodista y crítico de cine. Es miembro de la Asociación de la Crítica Alemana de Cine. En 2007 publicó Träume, Werte und Gefühle, una guía cinematográfica, y en 2008, el libro Der Himmel über Hollywood, en el que analiza el mensaje humano de grandes clásicos del cine.

Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Mayo 2009

    Haga su pedido ahora

    Haga su pedido ahora

    Los lectores interesados en la revista Humboldt pueden solicitarla a través de la tienda online de Goethe.
    8,50 € gastos de envío gratuitos
    Ir a la tienda online de Goethe...