Amistad: fisonomías de una relación compleja

Amistades peligrosas

‘Global Soap. Un atlas’, 2000-2001, De la serie ‘Mnemories/Samples’. Foto y ©: Julian RosefeldtSi los venezolanos nos consideramos, casi nos definimos, como grandes amigos, ¿cómo es posible que no hayamos echado mano de la amistad como trama de una telenovela?






El sentido común me dijo al rompe que debía negarme. Podía alegar, sin mentir demasiado, que estaba muy ocupaba como para aceptar tan honrosa invitación. Sin embargo, quizás porque el sentido común no es muy común entre los que nos dedicamos a escribir telenovelas, respondí que sí de inmediato. Juré que era cuestión de terminar de corregir el capítulo del día, servirme un roncito y zambullirme en mi memoria para que miles de ejemplos acudieran en mi auxilio. No ocurrió. Antes de entrar en pánico recurrí a mis amigos, los del “medio”. Ellos debían de tener mucha mejor memoria que yo. Redacté la preguntita “¿Qué amistad memorable entre personajes de una telenovela venezolana recuerdas?”. Siendo ellos afamados autores, actrices, actores, productores, incluso un gerente, no dudé en que me lloverían los ejemplos. Me volví a equivocar. “¿Memorables… amistades en una telenovela nuestra… y eso es como para qué?”. No me atreví a confesarles que, encima, mi despropósito era para una revista no precisamente de esas que llaman “del corazón”. Que la idea era escribir algo más o menos serio, para una publicación muy seria, cuyos lectores, muy probablemente, jamás han visto una telenovela, mucho menos venezolana. El sentido común volvió a gritarme que dijera que no, estaba a tiempo de excusarme y quedar, si no elegante, al menos como una persona seria. Pero las personas serias no escriben telenovelas, así que no desistí. Y no fue sólo por mi falta de seriedad. Estaba también ahora el reto, la incredulidad. Si los venezolanos nos consideramos, casi nos definimos, como grandes amigos, ¿cómo es posible que no hayamos echado mano de la amistad como trama de una telenovela? El artículo y sus posibles lectores dejaron de tener importancia. Era yo la que necesitaba ahora conseguir una respuesta. Y es esa respuesta, o algo parecido, lo que escribo a continuación.


El nacimiento del chisme

A mis alumnos suele sorprenderles, incluso disgustarles, enterarse de que lo primero que hace un escritor de telenovelas no es escribir, sino pensar. Les parece mentira que los culebrones se piensen, y mucho. Se trata, básicamente, de un chisme. Un chisme que debe durar, mínimo, 120 horas. Y que, durante esas 120 horas, debe mantener atrapada a la teleaudiencia de manera tal que no huya despavorida a ver qué están dando en otro canal. Por eso, el autor de semejante proeza debe tener su cosa bien armadita antes de escribir la primera de las tres mil o más escenas que le llevará contar aquello. Hay como dos caminos. El primero sería que se te ocurra una idea brillante, un impedimento para que la pareja protagónica sea feliz tan descomunal que amerite que el chisme sea tan largo y atractivo de contar. El segundo viene de la aceptación de que la idea brillante no se te ocurrió y, en consecuencia, optes por dedicarte a la creación de un grupo de personajes sólidos, creíbles y sobre todo “queribles” para que tu anhelado público acuda puntual a su cita diaria, sencillamente a ver qué le ocurrió a esa gente en el capítulo de hoy. En ambos casos, el autor, cual Dios, debe crear un universo en el que sus personajes se conozcan, se enamoren, se mientan, se separen, se odien, se sufran, se extrañen, sin dejar de tener que verse. Pero ¿y la amistad?, ¿dónde queda o de qué sirve la amistad en medio de todo este chisme? Normalmente, y de esos sí hay montones de ejemplos en la telenovela venezolana, se estila que la protagonista tenga una mejor amiga y el protagonista tenga un mejor amigo, sólo para que ambos puedan verbalizar su tormento. Ahora, si nos atrevemos a tomar la telenovela como espejo de lo que somos como país, los llamados “amigos-oreja” no nos sirven de mucho. ¿O sí? ¿Tenemos los venezolanos sólo amigos para que nos oigan y ya?, ¿será que sí?, ¿o será que la amistad no nos sirve como impedimento para que dos personas que se amen logren ser felices? La posible respuesta a esta pregunta sorpresivamente nos divide según el sexo. Porque podríamos decir que a los hombres sí, pero a las mujeres no.


Nada peor que una mejor amiga

Resulta que no es igual la amistad entre dos venezolanos que entre dos venezolanas, sean estos personajes o no. Los venezolanos nos consideramos como grandes amigos porque nos aceptamos y nos lo perdonamos todo. O casi todo. Ser amigo es como ser hermano y, en consecuencia, se puede tener amigos borrachos, ladrones, corruptos, fracasados, sinvergüenzas, tramposos, “pero es mi hermano y no importa nada”. Nada es más sagrado que la amistad. Salvo una cosa: una mujer. La mujer, sea la madre, la esposa, la novia o la hija, no se mira, no se piensa, mucho menos se toca. Por lo tanto, que un hombre se enamore de la mujer de un amigo, sí es terrible y sí da y ha dado para escribir telenovelas. Pero sólo en el caso de los hombres, porque en el de las mujeres… no es igual.

Las mujeres venezolanas no soñamos de niñas con el vestido de novia que nos vamos a poner el día de la boda. Bueno, sí, pero no tanto como soñamos con el vestido que nos vamos a poner el día en que seamos Miss Venezuela. Ese detallito que puede parecer cómico marca la diferencia. Porque nos cambia el objetivo del pleito. Nosotras no peleamos por un hombre, peleamos entre nosotras mismas. Nos vemos como rivales siempre. Claro, toditas vamos a decir que “en mi caso yo no, pero en todas las demás sí es así”. En consecuencia, dos venezolanas pueden ser grandes amigas pero siempre tendrán clarísimas cuáles son sus ventajas físicas frente a la otra, siempre habrá una competencia solapada entre ellas y, si a eso se le suma que les guste el mismo hombre, no se lo pensarán mucho para medirse a ver quién gana. La amistad no será jamás un obstáculo, al menos no uno que dure 120 horas de televisión. Si nos gusta el mismo tipo, pues ya veremos cómo hacemos para quitárselo a la otra. El pleito no es en rigor por el caballero en cuestión, no. Él pasa a ser sólo una excelente excusa para ver quién es más bella, más hábil, más flaca, más estupenda. Basta que en una telenovela la protagonista le cuente a su mejor amiga que conoció al hombre de su vida para que la teleaudiencia exclame “¡Noooo! Tan idiota, ¿cómo se lo contó?”, y es que sabemos lo que viene. Ejemplos de estas “grandes amigas” en telenovelas sí hay miles. Incluso hubo una cuyo título era Mi mejor amiga, y en la que una amiga le quitaba el marido a la otra. Como también existe la certeza popular que reza “nada peor que una mejor amiga”.

En fin, no es que no nos acordemos de amistades memorables entre personajes de telenovelas venezolanas. Sí las ha habido. Lo que pasa es que, cuando esos personajes que son amigos dejan de ser sólo confidentes orejas y empiezan a ponerse sabrosos como en la vida real, nos da risa o vergüenza y preferimos hablar de otro tema, mejor.

Mónica Montañés
(Venezuela) escribe teatro, telenovelas y narrativa, e imparte talleres de dramaturgia para teatro y televisión. Entre sus obras destacan la pieza teatral El aplauso va por dentro, así como las telenovelas ¡Voltea pa que te enamores! y ¿Vieja yo?, y los libros Perlas falsas y Veintitantos amores y pico.

Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Mayo 2009

    Haga su pedido ahora

    Haga su pedido ahora

    Los lectores interesados en la revista Humboldt pueden solicitarla a través de la tienda online de Goethe.
    8,50 € gastos de envío gratuitos
    Ir a la tienda online de Goethe...