¿Después de mí, el diluvio? Naturaleza – Cultura: Arte

Más lejos, siempre más lejos

Ernst Haeckel: lámina 62 de “Kunstformen der Natur“ (1899-1904): “Nepenthes. Nepenthaceae. Plantas de jarra” © Ernst-Haeckel-Archiv, Friedrich-Schiller-Universität JenaAlexander von Humboldt y Charles Darwin viajan alrededor del mundo. Hace 150 años murió Humboldt; ese mismo año Darwin publica su trascendental libro sobre “El origen de las especies”. En el 2009 coinciden los aniversarios del nacimiento y la muerte de dos importantes investigadores y viajeros.

¿Cuál es el lugar de la ciencia? ¿El escritorio? ¿El laboratorio? ¿Cuál es el espacio de la ciencia? ¿El cielo? ¿La Tierra? ¿El mundo? ¿Cuál es el tiempo de la ciencia? ¿La historia natural? ¿La historia de la cultura? ¿Cuál es el comienzo de la ciencia? ¿La duda? ¿La observación? ¿La medición de las cosas y la medición del planeta? ¿El experimento? El principio es el viaje. ¡El viaje de investigación!

Esta afirmación les viene como anillo al dedo a los dos científicos mayores del siglo XIX, Alexander von Humboldt y Charles Darwin. Ambos no sólo son genios de la investigación, sino también del viaje. Los dos emprenden cuando todavía son relativamente jóvenes un viaje de investigación que se extenderá por cinco años, Humboldt a los 29 años, Darwin a los 22; el viaje de Humboldt abarcará las tres Américas, el de Darwin casi el mundo entero. Darwin llevó consigo a bordo del Beagle partes de la obra de Humboldt sobre sus viajes por América, de las que había hecho apuntes ya en sus años de estudiante: viajar significa leer, y leer, viajar. En el diario que llevó durante su viaje, Darwin recuerda con agradecimiento las “vívidas descripciones” de su famoso antecesor, “que superan con mucho en mérito a todo cuanto he leído”; ellas inspiraron sus “ideas”. Cuando ve por primera vez una selva tropical anota lo siguiente: “Antes admiraba a Humboldt, ahora casi lo venero; sólo él da una idea de las sensaciones que agitan el alma cuando uno llega por primera vez a los trópicos”.

Humboldt y Darwin reúnen el afán de investigar y el deseo de viajar, un temperamento nómada con la condición sedentaria que se requiere para la ciencia y, algo que jamás debe olvidarse, el empeño. Uno y otro son observadores y coleccionistas apasionados, los caracteriza una infinita curiosidad científica, pero son prudentes, verdaderamente meticulosos, escépticos, autocríticos a la hora de construir sus teorías. Les repugna una ciencia practicada mediante improvisaciones. Sus viajes son descubrimientos de la lentitud. Ambos dedican toda una vida al análisis de esos viajes.

Uno y otro disponen de suficiente independencia económica y espiritual para vivir incondicionalmente al servicio de las ciencias, para convertirse en sus pioneros. Los dos transforman la imagen aparentemente inconmovible de la creación definida por el creacionismo cristiano en una imagen móvil, dinámica de la naturaleza. Los dos incorporan el tiempo y la historia en la visión de la naturaleza. La prolongada experiencia del espacio en sus viajes conduce a la profundidad de un tiempo que cambia sin cesar.

En uno y otro la experiencia del mundo está vinculada con una nueva mirada hacia el hombre. Son adversarios incondicionales de la esclavitud. Y el que quiere viajar a todas partes es en cierto modo un cosmopolita natural. La libertad para viajar presupone la libertad de los hombres. Las fronteras y las guerras bloquean el mundo.

Por supuesto, los dos difieren en las bases de sus proyectos y en sus resultados. Son diferentes por su propio comportamiento en sociedad. Humboldt es el cosmopolitismo personificado, le horrorizaba oír hablar de “alemanidad”, incluso cuando lo hacía su hermano Wilhelm, mientras que Darwin no deja de ser toda su vida un gentleman rural británico.

La ciencia de Humboldt, admirador y amigo de Goethe, es nada menos que la ciencia de todo. No sólo es polifacético, es universal. No funda ninguna academia, él mismo es una academia. Mientras Darwin sigue el empirismo de la tradición británica, radicalizado por la Ilustración, Humboldt expresa una “conciencia del mundo” que se amplía y progresa en los aspectos filosófico, intercultural, planetario y cósmico. El nombre filosófico de eso es “geognosia”, “conocimiento de la Tierra”. Él está como en su en casa en todas partes y quiere abarcarlo todo, a la manera de un nuevo Fausto que no se encierra en su habitación “gótica” de erudito.

Se destaca en todas las disciplinas, no hay literalmente ninguna de ellas entre el cielo y la Tierra que no amplíe significativamente, cuando no las funda, como es el caso, por ejemplo, de la geografía física de las plantas, la investigación ecológica de los territorios o la investigación comparativa de los climas. A diferencia de Darwin, su nombre no está asociado a un descubrimiento singular de gran importancia. Pero revoluciona la relación entre las ciencias particulares, al practicarlas de una manera diferente, obsesionado por los detalles, pero no perdido en ellos, viajando, investigando y escribiendo. Nada quiere saber de una división entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu o de la cultura. Él es la refutación viva del cuento de las “dos culturas”. Por el contrario, mantiene, en el espíritu de complementariedad de Goethe, la idea de una “acción conjunta de todas las fuerzas”, comprometido con un “todo” que abarca el cielo y la Tierra, el hombre y la naturaleza, lo interno y lo externo, el alma y la materia, lo vivo y lo que a pesar de estar “muerto” posee una eminente fuerza efectiva. En cambio, desde el propio título de su libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo, se presenta claramente como un naturalista. Humboldt cree aún en la armonía del “cosmos”, mientras que para Darwin el reino natural de las especies se forma en la historia de sus luchas por la supervivencia. La “survival of the fittest” implica la destrucción de todos los perdedores de la historia natural que son “unfit for the survival”. Sólo que no vemos a los perdedores.

Humboldt muere en 1859, en el momento en que Darwin, marcando una época, publica su libro El origen de las especies. Aunque Humboldt, con sus casi noventa años, tuvo una vida más larga que Darwin. Qué feliz casualidad, la coincidencia de aniversarios de los dos científicos.

Humboldt encontró su identidad como viajero e investigador, una identidad siempre móvil, abierta. La riqueza del mundo, su imprevisibilidad, el carácter siempre abierto de las ciencias lo salvaron, también como a otro Fausto, de llegar alguna vez a una última meta, como cuando trató de alcanzar la cumbre del Chimborazo.

¿Cuál es el final de la ciencia? No existe ese final. El final, como el comienzo, es el viaje. El viaje de investigación.
Ludger Lütkehaus (1943)
es catedrático de la Universidad Albert Ludwig de Friburgo. Ha sido profesor invitado en varias universidades estadounidenses. Ha recibido diversos galardones por sus trabajos, el más reciente el Premio Friedrich Nietzsche 2009. Es miembro del PEN Club y colaborador asiduo de los periódicos DIE ZEIT y Neue Zürcher Zeitung, de radio y televisión.

Traducción: Francisco Díaz Solar
Copyright: Die Zeit
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