Retórica de la crisis

Valores simbólicos y materiales

Crisis y arte.

7. Ya años antes del fatal desplome de septiembre de 2008, cuando el frívolo mundo de la especulación y de la bonanza supuestamente perpetua todavía estaba intacto y una parte de la pintura y la fotografía se habían convertido en un juguete, si no en un “derivado tóxico”, de los inversionistas de nuevo cuño, jóvenes escultores alemanes mostraban perspectivas agoreras con esculturas elaboradas con material barato, precario, y transmitían un presentimiento sombrío del inminente declive económico. Se crearon así dispositivos y aparatos técnicos que se caracterizaban por ser completamente incapaces de funcionar, dispositivos que acababan por destruirse en su operación vertiginosa. “Made in Germany” ya no como sello de calidad, sino como marca diferenciadora entre “instrumento” y “cosa”, el primero como simple objeto de uso, la segunda, para hablar en términos de Heidegger, como fenómeno poético, impregnado de cultura.

Los dones proféticos superiores no pertenecen entonces a los expertos en economía y administradores de fondos de riesgo, sino a los artistas.

8. La sobriedad y la austeridad dominan también los “ready mades” de los artistas sudamericanos, que observan una dramática desintegración de las estructuras urbanas. Sus instalaciones y performances dan el efecto de ser los restos del escaso activo de una quiebra: “Y si algo sobrare…”, es el lacónico final del testamento de Don Quijote, que al final de su vida tan rica en aventuras tan pocas pertenencias tiene para dejar en herencia. El yelmo, el escudo y la lanza eran su reducido equipo, con el que partió y con el que finalmente regresó después de largos años.

Tampoco en la economía parece que vaya a sobrar algo: deudas, salario mínimo, intereses, pagos a plazo. El dinero no alcanza nunca. Las sociedades modernas tratan de ganar este juego sin beneficio creando una y otra vez instrumentos, gráficos e índices para medir y controlar la economía y empleando ejércitos crecientes de los llamados “analistas”. El mercado actúa como un verdadero minotauro, que no sólo amenaza devorar a siete doncellas como en la Antigüedad, sino a la sociedad entera.

9. En el arte moderno impera la máxima según la cual cuanto mayor sea la distancia entre un objeto ordinario y su proyección aurática, tanto más compleja será la metáfora que sirve de base al artista para su operación estética. En esta ecuación un kilogramo de oro carece de valor. El yelmo de oro solamente adquiere esplendor en el arte contemporáneo cuando es una transformación de un bacín de barbero, como en Don Quijote. El objeto banal sustituye a lo sublime, lo inalcanzable, aquello de lo que probablemente haya que prescindir para siempre, pero que una y otra vez se pone a nuestro alcance gracias a la fuerza de la imaginación y la acción simbólica. Es el intento sistemático de sacar de lo cotidiano una chispa de poesía y de devolver su carácter a determinados objetos que han sido desvalorizados por la presencia diaria, la propaganda y el comercio.

El fracaso final del sueño alquímico de los banqueros, que a manera de quijotes vulgares tratan de hacer oro de la nada, muestra una vez más que la lógica del arte, capaz de sacar como por arte de magia un valor estético adicional de un objeto poco llamativo, no puede aplicarse directamente al mundo real.

10. Aunque en el pasado el dibujo a veces fue un alegre paseo por el claro bosque de los signos, ahora una línea puede llevar directamente a la confusión del laberinto, como en ciertos textos de Borges. Pero también puede agigantarse hasta asumir las proporciones de una escultura de fuerza bíblica, por ejemplo, cuando la artista colombiana Doris Salcedo desgarra el compacto piso de hormigón de la galería Tate Modern de Londres con una grieta irresistible.

11. Puede que la crisis estremezca a sociedades completas, pero esa ruptura es un terreno fértil para el arte.

12. Después que el proyecto metropolitano ha perdido credibilidad, muchos artistas tratan de interpretar el mundo desde sus márgenes. Los territorios alejados de los centros y la llamada periferia se convierten en puntos focales, sea en la Amazonia o la Patagonia, en el Himalaya, en el Sahara, en Groenlandia, en el Congo o hasta en la Antártida. Se proponen incluso lecturas indígenas del presente, como pudo observarse, por ejemplo, en la Bienal del Fin del Mundo que tuvo lugar en la Tierra del Fuego. Estos artistas no se interesan por el exotismo o el escapismo, sino que tratan de ensayar nuevos modelos de desarrollo y convivencia humana.


Extracto de Massa Falida: “El activo de una quiebra” (concepto expositivo encuadrado en el tema central “Cultura y crisis” del Instituto Goethe en la región de Sudamérica. 2.10.2009.)
Alfons Hug
es director del Instituto Goethe de Río de Janeiro. Ha tenido a su cargo la concepción de las exposiciones internacionales itinerantes “Los trópicos”, “Intempérie” y “Menos Tiempo que Lugar” (2010). En 2009 fue comisario de la Bienal del Fin del Mundo, celebrada en Ushuaia (Argentina). Es comisario del pabellón de América Latina en la Bienal de Venecia de 2011.

Traducción del alemán: Francisco Díaz Solar
Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Mayo 2011
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