La educación – entre el corazón y la razón

Confesiones íntimas de alguien que acude al “mercado negro”

Sobre la “Academia Móvil” de la dramaturga Hannah Hurtzig.

El lugar de la cita tiene cierta atmósfera maravillosamente secreta: el palco de un teatro. Cuando me pongo en camino hacia allí, poco antes de las nueve de la noche, me siento algo excitado. Y es comprensible: en ese sitio, a la vez oculto y público, me reuniré con una mujer a la que no he visto antes en toda mi vida. Y he pagado por ello –aunque no mucho, la verdad–, pero he pagado para poder reunirme con ella. Esta mujer está a punto de darme una lección, y por eso mi corazón late con mucha más fuerza cuando subo corriendo las escaleras del foyer a fin de no llegar ni un minuto tarde. Me siento un poco como un escolar en su primera cita amorosa.

Lo que suena a situación algo comprometedora es, en realidad, parte de un acto organizado por la “Academia Móvil”. La dramaturga alemana Hannah Hurtzig ha dado vida a esa institución, que se mueve por sendas que oscilan entre la transmisión del saber y la performance, entre la academia popular y el teatro. Por lo tanto, lo que me espera en el palco no es una aventura amorosa, sino una escritora que he alquilado por media hora en su condición de “experta”. Sí, esta mujer me dará una lección, y –en su condición de escritora– esa lección girará en torno al tema del “romanticismo de la palabra y el despertar de los anhelos durante la lectura”. Y dado que la palabra “lección” suena demasiado a escuela, ella lo llama “asesoría”. Tampoco está mal.

No obstante, cierto ambiente de intimidad emana de nuestro encuentro. En ocasiones anteriores he acudido a alguna que otra lectura o conferencia de algún artista: en esos casos, uno se sienta correctamente en salones más o menos grandes, con el público en silencio de un lado y, del otro, el compositor o el poeta, quienes por lo general se encuentran a una enorme distancia espiritual y física de nosotros, el resto de los mortales. Sin embargo, la escritora que tengo delante está tan cerca que casi puedo tocarla, pues en la estrechez del palco carecemos del espacio suficiente para mantener las distancias. Después de leerme en voz alta un pasaje de su novela aún inédita, iniciamos nuestra charla: ella comparte conmigo sus reflexiones acerca de la relación y la mutua interacción reflectante entre el lenguaje y el sentimiento, hablamos de intuición y de trabajo artesanal y, al cabo de media hora, dejo el palco con la agradable certeza de ser ahora un poco más listo que antes.

Por supuesto que no estamos solos en el teatro. En todos los rincones del edificio están teniendo lugar conversaciones como la que yo acabo de sostener. En el escenario han montado una tienda de campaña, semitransparente e iluminada desde dentro, en la cual hay otros “expertos” sentados frente a frente, dialogando. Sus siluetas se dibujan con nitidez, como recortes, en la pared de la tienda: hermosa imagen. El teatro rebosa por todas partes de un murmullo constante y de la atmósfera de una aguzada atención. Y si uno, como visitante, se deja llevar sin más, si observa esas charlas y presta oídos al rumor de las voces, pero sin escucharlas realmente, el evento cobra de repente una insospechada dimensión estética. Es posible vagar durante horas por las habitaciones con placer desinteresado –para decirlo con palabras de Kant– y entregarse a la belleza. A la belleza de ese intercambio de saberes.

Hannah Hurtzig ha concebido un nombre estupendo para el tipo de evento al que estoy asistiendo aquí, un nombre que resulta iridiscente en su variedad de significados: “Mercado negro de útiles saberes y no-saberes”. ¿Por qué “mercado negro”? ¿Acaso el botín de saberes que podemos adquirir aquí no es del todo legal, estando, por así decirlo, al margen de las grandes arterias oficiales del saber? ¿Y qué pasa con el no-saber? ¿Se trata del aspecto estético del todo o es que acaso van a contarme aquí cosas en las que mejor no debería creer? “Mantente alerta”, me dije para mis adentros, “tal vez tu escritora no sea más que una hábil embustera…” ¿Y en qué puede ser útil el no-saber? ¿O es que acaso el atributo sólo se refiere al saber?

En lugar de cavilar demasiado sobre tales cuestiones, es preferible ponerse los auriculares para escuchar, a modo de prueba, una de las conversaciones que están teniendo lugar. Desde el principio, a cada visitante de este mercado negro se le entrega un aparato receptor que, a través de sus distintos canales, le permite conectarse en vivo con los diálogos individuales que se están llevando a cabo. Por lo tanto, la privacidad que yo creía tener con mi escritora en aquel palco tampoco es tal: posiblemente cientos de visitantes estuvieran conectados al canal 9 –a través del cual podía escuchársenos– mientras yo formulaba mi pregunta más estúpida. Y cuando por fin se me ocurrió algo inteligente, lo más seguro es que todos los oyentes hubieran pasado ya al canal en el que, simultáneamente, los expertos en el tema fútbol hablaban de los “fans y del fenómeno que ello trae consigo”. O tal vez se habían conectado con el diálogo sobre el tomógrafo de resonancia magnética.
Wolfgang Behrens
(1970), publicista autónomo, estudió Musicología, Filosofía y Matemáticas en Berlín. Desde 2007 es redactor de nachtkritik.de, portal de teatro puntero en lengua alemana en Internet. Ha publicado sendas obras sobre los directores de teatro Einar Schleef y Fritz Marquardt.

Traducción del alemán: José Aníbal Campos
Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Diciembre 2012
Enlaces sobre el tema

Humboldt como revista digital

Humboldt como revista digital

¡Lea el revista 158 de Humboldt “La Educación — Entre el corazón y la razón” en su smartphone, Blackberry o e-reader!
Descargar aplicación...

Haga su pedido ahora

Haga su pedido ahora

Los lectores interesados en la revista Humboldt pueden solicitarla a través de la tienda online de Goethe.
8,50 € gastos de envío gratuitos
Ir a la tienda online de Goethe...