La alusión del título a la inundación bíblica universal hace esperar dimensiones apocalípticas, fuerzas desatadas de la naturaleza de las que no nos zafaremos fácilmente a pie enjuto. ¡Otra vez estos agoreros alemanes!, pensará el lector. No han hecho más que convertirse en campeones mundiales en la recreación de escenarios catastrofistas a cuenta de la destrucción de los bosques, y ya están intentando meternos en el bote para capear juntos el temporal anunciado. ¿Qué pinta todo esto en una revista cultural?
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