Monedas sociales Más allá de la crisis

Imagen: Los miembros de la Red de Moneda Local Zoquito se reunen para comprobar sus cartillas y tomar decisiones
Los miembros de la Red de Moneda Local Zoquito se reunen para comprobar sus cartillas y tomar decisiones | © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)

Las monedas sociales que crearon colectivos en España en respuesta a la crisis económica modifican cuestiones fundamentales del sistema económico favoreciendo una sociedad más justa anivel local.
 

Jesús G.C. es carpintero y vive en Jerez de la Frontera, España. Al año de instalarse en la ciudad entró en contacto con la red de moneda local zoquito, pidió su cartilla y comenzó a intercambiar trabajos de carpintería por otros bienes y servicios. “Cuando llegué aquí estaba sin trabajo, me enteré de lo de la moneda social y me metí a probar la experiencia del trueque”, relata. Como él, alrededor de un centenar de personas integran esta red cuya herramienta de transacción, el zoquito, es una moneda ficticia de crédito mutuo basada en la confianza. Ficticia, no porque no exista, ya que se pueden comprar cosas con ella, sino porque no hay moneda como tal, los intercambios se apuntan en una cartilla.
 
El último intercambio que realizó Jesús fue un servicio de carpintería para una chica que quería un tablao de madera para bailar. Como pago ella restó 45 zoquitos de su cartilla y él los sumó. “Ahora, a la chica del tablao le compro comidas a 8 zoquitos. Antes pagaba 7 pero como están muy ricas y abundantes pues 8. De hecho se viene a comer conmigo”. Como ellos muchos otros usuarios comienzan haciendo servicios a cambio de zoquitos y acaban haciendo trueques como en los bancos de tiempo. “A mí me viene muy bien también para conseguir trabajo”, comenta Jesús. “Si alguien necesita un carpintero pregunta antes si hay alguno en la red”.
 
Esta idea se le ocurrió a Maki Iizuka, una japonesa que vino a Jerez por el flamenco hace más de 15 años y que ahora también regenta un restaurante ocasional de comida japonesa y vegana. Por supuesto, allí se aceptan zoquitos. Maki se basó en las monedas sociales que surgieron en su país a raíz de la crisis económica de hace dos décadas para experimentar lo mismo en la ciudad gaditana. Junto con su marido, Nicolás Patris, y otros miembros de la asociación de consumidores de productos ecológicos El Zoco, se pusieron manos a la obra y poco a poco se fueron uniendo más personas. Ahora son casi un centenar. En 2017 cumplen su décimo aniversario y para celebrarlo pretenden acoger el próximo encuentro estatal de monedas sociales.

Una gran diversidad

Sin embargo, el zoquito no es ni mucho menos el único dinero social que existe en España. Según Julio Gisbert, fundador del Instituto de moneda social español y autor del libro y del blog Vivir sin empleo, actualmente coexisten entre 70 y 80 monedas complementarias diferentes. Y puntualiza complementarias porque “el término social es muy elástico” . La tipología que maneja Julio es más técnica y alude a la generación de las mismas. “Un tipo son las monedas de crédito mutuo como el zoquito o el puma, en Sevilla, que como los bancos de tiempo se basan en el intercambio de recursos, bienes y servicios. El segundo tipo son las monedas soportadas por moneda legal como el ekhi en Bilbao que se obtiene cambiando euros. El tercero son las monedas fiduciarias que se crean de la nada”. En su blog hay un mapa colaborativo donde se recogen muchas de ellas.
 
El Boniato, que opera en Madrid desde 2013, si bien es una moneda social y local, pertenece a este tercer tipo por la variante de la fidelización. La moneda se crea cuando el cliente realiza una compra en euros en un comercio del Mercado Social de Madrid. Al importe se le aplica una bonificación en boniatos que acumula para comprar posteriormente en otras entidades asociadas.  Las empresas luego gastan los boniatos recibidos en otras empresas o comercios del MES, por ejemplo proveedores.
 
  • Mercado Social de Madrid © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Una voluntaria del Mercado Social de Madrid realiza el cambio de euros por boniatos durante la pasada Feria.
  • Mercazoquito © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Mercazoquito organizado por los miembros de la Red
  • Reunión alrededor de la piscina © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Las reuniones no tienen por qué ser alrededor de una mesa.
  • Los miembros de la Red de Moneda Local Zoquito se reunen para comprobar sus cartillas y tomar decisiones © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Los miembros de la Red de Moneda Local Zoquito se reunen para comprobar sus cartillas y tomar decisiones
  • Asamblea de la Red Zoquito © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Asamblea de la Red de Moneda local Zoquito.
  • Asamblea de la Red Zoquito © Foto: Red de Moneda Local El Zoquito (CC BY-SA)
    Asamblea de la Red de Moneda local Zoquito.
 
Pero también podría decirse que el boniato pertenece a la segunda categoría, al menos una vez al año. El verano pasado durante la III Feria de  Economía Social y Solidaria en el Matadero de Madrid se cambiaron más de 30.000 euros en boniatos impresos para ser gastados en productos y servicios ofrecidos por entidades del MES durante el evento. Así mismo, las entidades pueden cambiar sus boniatos por euros cuando tengan un excedente de los mismos.

Más allá de una respuesta a la crisis

El dinero social responde a factores coyunturales y estructurales. Es decir, actúa como herramienta de intercambio para las personas o comercios más vulnerables a la crisis y a su vez modifica algunos axiomas del sistema económico imperante que generan desigualdades. La moneda social no es un depósito de valor, no produce intereses, no interesa acumularla y dinamiza la economía local. En definitiva, garantiza un cambio de hábitos en el consumo, la financiación y la interacción entre las personas.
 
“Desde luego que no solo es un remedio a la crisis económica. Muchos de los colectivos que promueven estas monedas quieren una sociedad más justa, una sociedad diferente”, afirma Julio Gisbert. “Hay monedas alternativas al sistema y monedas complementarias... sin embargo, el número de usuarios todavía es escaso, quizás el 95 por ciento de la población española ni siquiera haya oído hablar de ellas. Se trata de un movimiento minoritario”.
 
Cada moneda complementaria o social tiene por tanto sus propias funciones, aspiraciones y objetivos. “La red de zoquitos es sobre todo un espacio de autoaprendizaje. Nosotros hacemos un trabajo pequeño y lento pero seguro”, cuenta Maki Iizuka. “Antes de crear una nueva economía, una nueva manera de trabajar en comunidad, hay que desaprender porque si no, no hay hueco para aprender. Cambiar cuesta tiempo. El objetivo principal es que la gente de la comunidad tenga sus necesidades básicas cubiertas. Tenemos que ser capaces de ver las personas, no solo los números”. Personas como Jesús que no solo consiguen desempeñar su oficio a través de la red sino que también ayudan a otras personas y por el camino hacen amistades.