Proyecto Plato Lleno La comida no se tira

Plato Lleno
Foto: (CC BY-SA) Marcelo Escayola

En cinco ciudades de Argentina, grupos de voluntarios “rescatan” las sobras de fiestas y eventos y las llevan a comedores comunitarios.

Tres desconocidos se juntan a medianoche, suben a un auto y tocan a la puerta trasera de un salón de fiestas. Cuando les abren, se cubren de pies a cabeza: barbijos, cofias, delantales y guantes para no dejar huella. Sigilosos y perfectamente coordinados, juntan en bandejas plásticas kilos de comida recién preparada que ya no va a servirse en el banquete. Envuelven las bandejas, las cargan en un auto y se van. Minutos después, de madrugada, tocan a la puerta de un hogar para niños. Cuando les abren, descargan las casi doscientas  porciones de comida, saludan y se van. El auto arranca y reparte a sus pasajeros en sus casas. El equipo espontáneo se disuelve en la noche. Quizás nunca vuelvan a verse.
 
Así, como un comando de superhéroes al paso, funciona “Proyecto Plato Lleno”, una iniciativa sin fines de lucro que hace de nexo entre la comida que sobra en grandes eventos y los comedores comunitarios que la sirven a quien la necesita. Una idea simple que reduce el desperdicio de alimentos y muestra con el ejemplo que evitar el derroche es más sencillo de lo que parece. Su lema es #Lacomidanosetira.

CONTRA EL DERROCHE

Según números de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de los alimentos que se producen a nivel global se desperdician sin ser consumidos. En el rubro de catering, se calcula que en cada evento cerca de un cinco por ciento de la comida que se prepara se tirará. Los presupuestos prevén el “desperdicio”. En fiestas de casamiento y banquetes suele cocinarse cerca de un kilo de comida por persona; por lo tanto, en eventos de mil asistentes hay unos 50 kilos de comida recién preparada que se van a la basura sin siquiera salir de la cocina.
 
Alexis Vidal y Paula Martino conocen esta realidad de cerca porque los dos trabajan en relación con la organización de eventos y la sustentabilidad. En 2014 coincidieron en un banquete y compartieron la misma desazón por el desperdicio sistemático de comida. Alexis propuso una idea simple: pedir permiso a las empresas de catering para “rescatar” las porciones que sobraban y llevarlas a quienes la necesitaran, en comedores comunitarios u hogares. Hablaron con los responsables de las dos empresas de catering con las que trabajaban y se lanzaron, usando sus propios autos para transportar la comida.
 
“A los cinco rescates vimos que era viable”, cuenta hoy Paula. Menos de tres años después, Proyecto Plato Lleno lleva 439 rescates en Buenos Aires, en los que  se salvaron 46 269 kilos de comida. Según sus cálculos, eso equivale a unos 92 538 “platos llenos”, que se repartieron en unos sesenta hogares, fundaciones y escuelas. El número aumenta: en enero de 2017 hubo doce rescates. En diciembre de 2016 -temporada alta por las fiestas de fin de año-, veinticinco, casi uno por día.

AYUDAR CUANDO SE PUEDE

Hoy Plato Lleno funciona gracias a un red de cerca de doscientos voluntarios que se comunican a través de un grupo de Telegram. “Las empresas de catering o las mismas compañías que organizan la fiesta nos llaman y nos invitan a participar”, cuenta Paula Martino. “Entonces hacemos la propuesta en Telegram. El voluntario que puede participar en esa fecha y ese horario se postula, y desde la coordinación armamos los equipos. La idea es que siempre haya al menos un auto disponible, y una persona que ya haya estado en rescates anteriores y pueda liderar la acción”.
 
Gonzalo, Nataly y Johanna tienen diferentes historias, edades y formaciones; una noche de diciembre, las ganas de ayudar los reúnen en la cocina de un gran salón de fiestas. Gonzalo es el más antiguo: lleva más de un año y medio como voluntario, y una decena de rescates en su haber. Para Johanna es la tercera vez, y para Nataly, la segunda. Las dos señalan que les gusta la modalidad flexible de este voluntariado. “Yo había participado de la Cruz Roja, pero me llevaba demasiado tiempo y tuve que dejarlo para poder seguir estudiando”, explica Nataly. “A mí me pasó algo parecido con la ONG Un techo para mi país, que hace un trabajo muy valioso pero hay que dedicarle fines de semana completos. Con Plato Lleno ayudo cuando puedo, y cuando no, no me siento mal”, dice Johanna.

EN EXPANSIÓN

Proyecto Plato Lleno aumenta la cantidad de participantes todos los días. Hay tres maneras de involucrarse: como voluntario en los rescates, como “voluntario ecónomo” (donando dinero para comprar bandejas plásticas, papel film, barbijos y guantes) o aportando conocimiento. También se suman comedores, compañías de catering y otras empresas como auspiciantes.
 
Algunas veces la cantidad de eventos es tal que la red no llega a cubrirlos y queda comida sin rescatar; en general, por la falta de un voluntario que pueda poner un auto a disposición.  Desde diciembre pasado, por fin, Plato Lleno cuenta con una camioneta propia con equipo de frío, similar a la que se usa para repartir pescado, con lo que aumenta no solo la cantidad de rescates posibles sino también la variedad de alimentos que se pueden repartir sin riesgos para la salud. La ganaron como premio del concurso “Clic solidario”, organizado por una cadena de supermercados.
 
Mucha gente se contactó con Plato Lleno para llevar la iniciativa a distintas ciudades y países del mundo. El equipo organizador decidió entonces redactar una guía con lineamientos para replicar el proyecto. Hasta ahora se aplicó en cuatro ciudades argentinas -La Plata, Mendoza, Mar del Plata y Posadas- y en San José de Costa Rica, donde el lema es #Lacomidanosebota. Comunidades de Uruguay, Venezuela, España y Estados Unidos tienen interés en implementar la propuesta.
 
Ante la pregunta de si no les da miedo que alguna vez “algo salga mal”, Paula y Alexis responden: “Si nos quedáramos con el miedo nunca habríamos arrancados: los temas legales, qué pasa si la comida está en mal estado… Donar alimentos no está prohibido, nos ampara la Ley del buen samaritano. Pero si fuera por el abogado, ninguno de los 92 538 “platos llenos” habría existido”.