Sumando energías: calefones solares construidos en comunidad

Sumando Energías
Foto: Sumando Energías

Una organización enseña a armar colectores solares con materiales reciclados. En cada curso, los participantes aprenden a aprovechar las energías renovables mientras mejoran una vivienda humilde.

Muchas veces las soluciones más sustentables son también las más económicas y sencillas. Ahí donde la necesidad aprieta, la innovación se vuelve urgente. Es el caso de los módulos de ducha con materiales reciclados que una organización construye para mejorar viviendas precarias de madera y chapa en los suburbios de Buenos Aires.
 
Un fin de semana cada dos, la ONG “Sumando Energías” reúne a unas veinticinco personas en un patio de la zona semirrural de Garín, unos 40 kilómetros al norte de la ciudad. Llegan hasta allí para un curso práctico de construcción con materiales reciclados. El objetivo es hacer, en dos jornadas y a cincuenta manos, un calentador solar que permita a una familia de bajos recursos bañarse con agua caliente sin gas ni electricidad. Y, de paso, difundir la técnica de los colectores, que reutilizan desechos para aprovechar la energía del sol. 
 
Los colectores solares se componen de envases PET encastrados unos en otros, potenciados por capas de lata, telgopor y tetrabrik. Una vez que están terminados, se montan en el techo de la estructura de madera y lona que funcionará como espacio para la ducha, conectados a un tanque de agua. Todos esos materiales son aportados por la familia que recibirá finalmente el módulo, sus vecinos, los voluntarios de la organización y los participantes del curso. También hace falta comprar algunos insumos industriales; el costo se cubre con el pago de inscripción de los participantes, que les permite además volver al curso cuantas veces quieran. Así, una familia recibe una ducha con calefón ecológico, y veinticinco personas aprenden cómo replicarlo.
 
“Nos llevamos mucho más que la técnica”, dice Andrea, una diseñadora industrial especializada en sustentabilidad que se sumó en un curso en 2015 y volvió como voluntaria unas veinte veces. “La energía del trabajo colectivo es muy poderosa. Vine la primera vez porque me interesaba investigar en energías renovables, pero me atrapó el componente social: vuelvo porque la paso bien”.
 

Aprender haciendo

 
Pablo Castaño, uno de los fundadores de la iniciativa, explica que el caso de Andrea no es la excepción sino la regla. “Algunos han venido más de cuarenta veces como voluntarios:  muchos estudiantes de arquitectura e ingeniería orientados a la construcción sustentable, algo que no se enseña en ninguna universidad, y también gente interesada en medio ambiente y problemáticas sociales. Es que aquí tienen la posibilidad de aprender haciendo, y de entrar en contacto con las necesidades reales de las viviendas precarias. Pueden ver el fruto de su trabajo: conocen a la familia que va a disfrutar el módulo de calefón y ducha que construyen con sus manos, y al terminar el fin de semana, lo instalamos entre todos junto a la casa”.
 
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Pablo es un ingeniero industrial que estaba investigando métodos de construcción más sustentables. En esa búsqueda se topó con el modelo de calentador solar de José Alano, un mecánico jubilado brasileño que creó el colector de envases PET y lo publicó en internet, con código abierto. Pablo tenía experiencia en construcción social ya que había participado como voluntario con la fundación Techo, que levanta viviendas dignas en contextos de extrema pobreza. Junto con unos amigos arquitectos, remixaron el modelo técnico de Alano con la ingeniería humana de Techo y lograron el prototipo de curso de Sumando Energías. Le hicieron unas mejoras al calefón para que se adaptara al invierno argentino y se lanzaron.
 
El primer curso -y la primera construcción- fue en septiembre de 2014. Empezaron con un módulo por mes, pero enseguida la demanda de los participantes logró más encuentros: en 2015 construyeron 17 calefones y en 2016, 35. En total, ya hay 59 módulos instalados; 56, en Garín. También crearon un colector junto a la comunidad guaraní Pindoty 1 de San Ignacio; Misiones; otro se hizo en Santa Victoria Este, en Salta, dentro de una vivienda ecológica conocida como “nave Tierra”, que funciona como centro de capacitación para artesanos. Un tercero se construyó en Bahía Blanca, por iniciativa de la Universidad Tecnológica Nacional. Para 2017 planean instalar otros 50 calefones.    
 

Todo tiene utilidad       


Todos conocen los colectores solares en Campo del Ruso, un barrio humilde de Garín sin conexión de gas. Es allí donde nació Sumando Energías, y en dos años y medio lograron mejorarle la vida a 32 familias del lugar. Muchas otras están anotadas en una lista de espera y mientras tanto participan de la construcción de módulos para sus vecinos. Los talleres funcionan ahí mismo, en la casa de un vecino que ofrece patio amplio y buena sombra.
 
El proceso tiene seis estaciones de trabajo; en cada una hay un coordinador -en general un voluntario que ya hizo el curso otra vez-, y unos cuatro aprendices. En una se cortan y encastran las botellas PET; en otra se recortan latas y tetrabriks; en otra se los pinta de negro para atraer los rayos del sol. También hay estaciones un poco más técnicas, como las de tanque, terrajado y cañerías de colector. Al final del domingo, todas las piezas se unen y el colector se monta sobre una estructura de madera que funcionará como el espacio de la ducha. Hacerlo con materiales reciclados y mano de obra voluntaria permite reducir su costo a 3500 pesos, la cuarta parte del precio de un calefón solar industrial.
 
Un sábado de febrero la actividad es intensa; nadie presta atención al acoso del sol. Los nuevos participantes están ansiosos por poner manos a la obra; los guían los más experimentados, entre ellos, un grupo de chicos del barrio. Evelyn, de doce años, ya es veterana: ayudó a mejorar el baño de su casa y, después, los baños de veintitres casas más. Cuenta con orgullo que en la escuela le pidieron un trabajo sobre sustentabilidad y presentó el caso de Sumando Energías.
 
Junto a ella trabaja Raquel, una mujer emocionada porque su familia será beneficiaria del módulo. “Cada vez que vengan a trabajar al barrio los vamos a acompañar”, asegura. “También vamos a seguir juntando tetrabricks, latas, telgopor, ahora que sabemos que tienen una utilidad.”