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Casa de la lectura, Buenos Aires
“Es un espacio de encuentro”

Mirta E. fue docente de secundaria durante gran parte de su vida. Gracias a su profesión y a su incesante amor por la lectura se fue armando de una muy buena biblioteca en casa. Por eso, lo que la trajo a la Casa de la lectura hace ya siete años –y lo que la sigue convocando semana a semana– no es tanto la posibilidad de llevarse libros a préstamo sino la de encontrarse con otros y seguir probándose en actividades nuevas. Su compromiso con el espacio es tal que, desde hace un tiempo, pasó de mera participante a miembro imprescindible de los encuentros de lectores.

De Natalia Laube

Empecé a venir a la Casa de la lectura en 2011, por invitación de una conocida. Primero participé del taller literario, pero encontré mi lugar en el taller de lectura, porque lo que más me interesaba era compartir ideas con otros después de leer literatura. Desde entonces, nunca dejé de venir a los encuentros. Leemos una novela por mes: clásicos, literatura latinoamericana y argentina. No rechazamos ningún género porque nos gusta conocer y aprender sobre todos.
 
Un poco en broma y un poco en serio, un día comencé a escribir un mail después de cada encuentro. Allí les contaba a los que habían faltado de qué habíamos estado charlando y en la medida de lo posible ampliaba las reflexiones de nuestro coordinador con algunas investigaciones propias. Agregaba, por ejemplo, información sobre el autor que estábamos trabajando u otras lecturas que ayudaran a seguir pensando el tema de la novela, su contexto. Ese mail semanal se fue convirtiendo en una tradición y se volvió una tarea casi oficial para mí: ahora que la oferta se fue ampliando y hay cuatro talleres, asisto a todos y no solamente leo por primera vez las novelas junto a los demás alumnos, sino que después confecciono las gacetillas en las que doy cuenta de lo que pasó en cada reunión e intento seguir ampliando los conocimientos de los participantes.
 
Una compañera alemana (que vivió en Buenos Aires y hace un tiempo regresó a Colonia) sigue recibiendo mis mails cada semana como una forma de seguir vinculada con nosotros y, a su vez, los reenvía a una amiga suya que vive en Kuala Lumpur. ¡Me gusta mucho saber que mis mails giran por el mundo y que se volvieron una gran compañía para lectores desparramados por todo el planeta!
 
Como tengo una buena biblioteca en mi casa, no soy de llevarme libros a préstamo. Pero me considero una gran participante de todas las actividades que se hacen acá: además de los talleres de lectura, a los que vengo siempre, también suelo venir a las proyecciones de cine que se hacen los viernes y a los talleres de narración oral ofrecidos por el grupo Mujeres de palabra. ¡Me declaro fanática de ellas! Yo las sigo como quien sigue a una banda de rock, porque me encanta escuchar historias, y ellas las cuentan de una forma hermosa.

Remodelación: una cara nueva para la Casa de la Lectura

En mayo del año pasado, la biblioteca cerró por unos cuantos meses. Ya nos habían avisado que se vendría una gran obra para cambiar por completo la fisonomía del lugar y nos habíamos estado preparando, pero la semana en que el cierre se volvió inminente, los participantes del taller de lectura nos sentimos en shock. Había un grupo de señoras mayores que, recuerdo, empezaron a llorar, porque les costaba acostumbrarse a la idea de que la biblioteca iba a cambiar. Es cierto, era un espacio algo lúgubre, ¡pero era nuestro espacio! ¿Cómo iba a ser en el futuro? Todo el cambio nos generaba mucha inquietud.
 
Cuando, semanas más tarde, pudimos visitar la obra y comprobar que se estaba trabajando en hacer de este un espacio más lindo, sentimos una alegría enorme. El año anterior al comienzo de la obra, nos habían hecho una entrevista a los usuarios más frecuentes y nos habían preguntado cómo debería verse la biblioteca si la remodelaran, qué espacio nos imaginábamos. Y nosotros empezamos a delirar. Una señora dijo: “A mí me gustaría que hubiera una sala de juegos para mis nietos”. ¡Fue hermoso venir a ver la obra y ver que la estaban haciendo! Y que algunos de nuestros delirios se iban a hacer realidad.
 
Sí, la biblioteca cambió muchísimo: ahora es puro vidrio y pura luz natural, todos los espacios se volvieron más abiertos. Ahora, quien camina por la calle mira hacia adentro y de inmediato entiende que acá pasan muchas cosas y que está invitado a pasar. Antes, algunos vecinos de la cuadra ni sabían que acá funcionaba una biblioteca. Desde la reapertura veo muchas caras nuevas, mucha gente se acercó y se empezó a sentir a gusto acá. A mí eso me hace feliz: cada vez que recomiendo la biblioteca y alguien se entusiasma, yo siento pura alegría.
 
La Casa de la lectura es una de las 30 bibliotecas municipales que tiene la Ciudad de Buenos Aires. Si bien su catálogo está compuesto por una gran cantidad de libros de ficción y no ficción de todos los tiempos, la biblioteca es especialmente conocida por su completa colección de títulos de la literatura argentina reciente. Ubicada en el barrio de Villa Crespo, en el centro geográfico de la capital argentina, la biblioteca funciona desde el año 2007. El año pasado, la Casa cerró durante algunos meses y fue remodelada en su totalidad. Desde su reapertura ganó en nuevos usuarios y se convirtió en un espacio cultural y de encuentro indispensable para la ciudad.

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