Kenia Yvonne Adhiambo Owuor

Yvonne Adhiambo Owour
Foto: Sheila Ochugboju 2016

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Alguien que busca refugio. Un ser vivo buscando cobijo, un espacio protector donde este ser viviente pueda recuperar su integridad.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Existen tantas formas de pobreza en el mundo como existen refugiados que simplemente no son llamados de esa forma, ¿no es así? Por ejemplo, el joven europeo contemporáneo que parte de sus costas para escapar a las dificultades económicas y a la falta de futuro en busca de cobijo y refugio en Angola y Mozambique, ¿no es también un refugiado económico? Además, no se discute lo suficiente el carácter de refugiado de personas denominadas con el eufemismo de “expatriadas”. La idea de que una cierta integridad y realización del ideal de las personas deba llevarse a cabo en un sitio distinto de la propia patria habla de un profundo impulso humano que necesita ser mejor observado, más allá de las lentes de una orientación política patológica o engañosa. Ser un humano es moverse, abandonar una atmósfera tóxica, como hace cualquier organismo, a fin de hallar solidaridad, comunidad y aire que respirar. No creo que sea una cuestión de “legitimidad” –eso es un sofisma político–, sino de valores y valoración humanas.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

La misma respuesta que arriba, y con probabilidad de empeorar.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Supongo que cuando una sale finalmente del viaje de la vida por medio de la muerte, asumiendo que el viaje termine en esa puerta de salida. Si no, jamás.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Se requiere una sociedad sofisticada, una suerte de manera elegante de ser humano y la capacidad de expresar solidaridad hacia esta humanidad a fin de estar en condiciones de sentirse con la confianza suficiente como para abrirle el corazón, la mente y la propia casa a un ser que está atravesando un peligro temporario. Me gustaría imaginar que el pasado cuenta con ejemplos de este tipo, como en el caso del área conocida como el centro del Complejo Global Monzón a lo largo de los mares, donde se desarrolló un lenguaje en común (el kiswahili) y un pueblo refinado (los suajili), y se generó la palabra ubinadamu y los códigos y protocolos asociados al hecho de ser hospitalarios con el extranjero y convertirlo en un ciudadano. Se requeriría una honestidad brutal –que ninguna sociedad en el mundo parece estar capacitada para desarrollar en este momento– a fin de reconocer cómo esa sociedad está ella misma implicada en el caos que genera que la gente deba exiliarse; Siria, Irak, Afganistán, Libia son ejemplos de la máxima “las decisiones tienen consecuencias”.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Mi sugerencia es que esto no es una cuestión legal, sino una cuestión de cuán profundamente una sociedad, una cultura y un pueblo sienten, entienden y viven el hecho de ser humanos; la percepción de su propia humanidad se refleja en la forma en que perciben al otro ser humano, especialmente a uno que está en grave peligro. La hospitalidad se pierde cuando se quiebra el pacto de confianza, cuando las intenciones alegadas para buscar refugio/pertenencia son destruidas, ya sea por el anfitrión o por el huésped.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

¿La respuesta no debería relacionarse más con cómo y con qué es lo que una sociedad entiende por un ser humano? Más allá del “refugiado”, la sociedad está frente a un ser humano. ¿Qué es entonces lo que siente esa sociedad acerca de la vulnerabilidad humana, acerca de su quebrantamiento, su miedo y mudanza forzada? ¿Hacia dónde involuciona esa sociedad cuando, sumida en una crisis, trata al extranjero como un chivo expiatorio? El lugar del “refugiado” es el perfecto crisol y espejo de lo que en realidad es la sociedad (y la civilización), también de cómo maneja la realidad de sus límites y capacidades, cómo “expresa” sus incertidumbres. ¿Confía en la resistencia de su propia cultura y su sentido de identidad para hacer frente a esta sorpresa? ¿Cómo articula, reitera, circula y amplifica lo que más teme sobre su propia existencia? ¿Cómo se relaciona con la incomodidad del sufrimiento, tanto del propio como del ajeno? ¿Cómo manifiesta su propio sentido y significado de ser humano? Si el miedo predomina, salpicando de lodo los mitos que esa sociedad mantiene sobre sí misma, entonces es natural que su hospitalidad y su solidaridad para con el extranjero que llega sin domicilio fijo o fecha de partida se vean profundamente constreñidas.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

La misma respuesta que arriba. La línea se traza tan bajo o tan alto como pueda la sociedad, en su imaginación colectiva, entender la fuerza (o vulnerabilidad) de su propia humanidad.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Sí. Los que se denominan “expatriados” tienen más privilegios y son mejor recibidos. El relato de quiénes son y los mitos de por qué tuvieron que venir a vivir con nosotros facilitan su ingreso, presencia y existencia aquí, incluyendo una vida libre de impuestos y adicionales en el sueldo, en algunos casos.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

No, no todos reciben un trato justo. Nuestros huéspedes en peligro que son enviados a los campos de Kakuma y Dadaab ven restringidas varias de sus libertades. A muchos se les niega ser absorbidos y pertenecer a la amplia sociedad keniana.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Sí.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

Reflexiona y responde la pregunta: ¿qué significa ser humano? Siéntate delante del anfitrión y habla, escucha, absorbe, sueña. Declara tus intenciones en forma de un “convenio”: ¿por qué has venido? El convenio es también “no causar daño”. Recuerda el dicho kiswahili, que tiene muchas variaciones en todas las culturas: Kazi haina ugeni. El trabajo no tiene huésped.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Reflexiona y responde la pregunta: ¿qué significa ser humano? Si estos extranjeros están aquí por causa de la guerra, ¿en qué medida mi sociedad contribuyó a su destino? Siéntate delante del huésped y habla, escucha, absorbe, sueña, presta también atención a los miedos de la población huésped, sin enterrarlos bajo la corrección política. Anímate a decir la verdad, como por ejemplo: “Le estamos vendiendo armas a este grupo, y esas armas han sido usadas para desplazar a esta gente que ha venido hacia aquí dejando sus vidas, sus hogares y su historia”. Activa después un código humano intrínseco y un protocolo de hospitalidad para con el extranjero. Pero la hospitalidad no puede ser forzada; una cultura la tiene o no la tiene. Si no la tiene, admite esta desgracia cultural y humana, di abiertamente que no hay lugar en la pensión, dale de comer al extranjero y haz que siga su camino sin lastimarlo, humillarlo, abrumarlo más todavía, como está ocurriendo ahora en Hungría.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí, estoy cerca de muchos ex extranjeros, visitantes y viajeros que se han vuelto amigos íntimos y son mis ventanas hacia un mundo más grande.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Sí, lo hago, espero que como buena amiga, hermana y protectora.

¿Qué consejo le daría a un refugiado?

Espero nunca ser tan malditamente condescendiente. Si alguna vez abro la boca para suministrar supuestas gemas de sabiduría a la gente, por favor bájenme al primer chillido de cualquier pedestal que me haya construido yo misma.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

La gente vendrá y se irá. Es posible que los números varíen.

¿Y en las próximas dos décadas?

La gente vendrá y se irá. Es posible que los números varíen.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Por supuesto que no. Una característica de la historia humana es su dependencia del movimiento, del fluir y del intercambio de pueblos y personas. Además, mientras que las sociedades supuestamente civilizadas persistan en crear guerras con actos obscenos a fin de sostener sus golpeadas economías antes que tomarse el arduo trabajo de encontrar soluciones más humanas, mientras las guerras humanas sean justificadas y perdonadas, y encima de eso se haga sentir la incertidumbre de los cambios de temperatura del mundo, ninguna población en el mundo estará exenta del riesgo de algún día tener que mudarse apuradamente sin un destino fijo ni una fecha definitiva de regreso.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Véase arriba.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Refugiados temporarios. Viajamos por el mundo. Todos los viajeros dependen de la amabilidad de los extraños para navegar por sus caminos.

¿Piensa que podría serlo en el futuro?

Sí, soy humana. Nada humano es ajeno a mi existencia.

En caso afirmativo: ¿por qué?

Viajo. El mundo fluye. Hay pocas certezas en la Tierra. La mayor parte del mundo de las naciones fue constituida por los descendientes de aquellos que se mudaron, sus ciudadanos son la descendencia de quienes buscaron refugio.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

Siendo amable con el extranjero, con el viajero, con el que está perdido, y preguntándome constantemente qué significa ser humano, de modo de poder ser con el extranjero lo que me gustaría que el extranjero fuera conmigo.

¿En qué país se refugiaría?

En el lugar, el espacio y la gente en torno a los cuales mi corazón se sienta protegido. Buscaría un pueblo que tuviera el coraje de mirarme a los ojos y encontrar al ser humano. Afortunadamente, por ahora puedo refugiarme en mi país, Kenia. Su existencia no se encuentra garantizada para mí, sobre todo porque mis ancestros, inmigrantes ellos mismos de otros lugares, viajaron lejos para encontrar refugio en este país.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

A medida que voy envejeciendo y tomando conciencia de la temporalidad y de mi mortalidad, así como de la simplicidad del humus hacia el cual mi cuerpo humano ha de regresar, un sentimiento indefinible de lo que ustedes llaman fernweh (galés, hiraeth; portugués, saudade; kiswahili, huzuni) se aferra con mayor profundidad a mi vida. Mi suave lucha actual es por liberarme de lo temporal. En esto sospecho (espero) que mi corazón más íntimo encuentre sin trabas sus más profundas y anheladas patria y hogar.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.