España Ibon Zubiaur

Ibon Zubiaur
Foto: Goethe-Institut Madrid

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Designaría a la persona que ha buscado refugio fuera de su país porque la vida en él se le ha vuelto imposible.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

No creo que sea un problema de legitimidad, y desde luego no moral. Cuando Thomas Jefferson postulaba un derecho universal e inalienable a “la búsqueda de la felicidad”, lo hacía expresamente para todos los hombres. El problema puede ser cómo aplicar a cada caso la figura (expresamente regulada) del asilo político, o cuánto puede ofrecer un país de acogida a los que en él buscan refugio. Pero pretender restringir la legitimidad de la huida –o del intento de buscar su suerte en otro país– a los perseguidos políticos me parece sencillamente indecente.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Si todos los pozos de un poblado se han secado, o las cosechas de un territorio llevan años siendo insuficientes, o alguna multinacional petrolífera ha arruinado los ríos y mares del entorno, lo razonable y humano es emigrar. La emigración es siempre una respuesta incierta a un problema vital: no resuelve el problema, sino que lo traslada. Lo que no veo es cómo puede negársele la legitimidad.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando deja de recibir refugio (y vuelve a ser un fugitivo, un desplazado). O cuando ya no lo necesita, o puede considerarse uno más en el país de acogida.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Soy muy escéptico con respecto a la idea de un derecho natural, y desde luego no soy partidario de argumentar a favor de un derecho apelando a su naturalidad. Los derechos se postulan, y en el mejor de los casos se reconocen. El derecho al asilo tiene una larga tradición desde el mundo antiguo y en otras culturas, y está también a la base de la figura (tradicionalmente sagrada) de la hospitalidad.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

En La valquiria de Wagner, a Hunding no le hace ninguna gracia reconocer en su huésped Siegmund a un miembro de la “raza salvaje” que él persigue, y le reta para la mañana siguiente. Pero se atiene a la tradición sagrada de la hospitalidad y le permite pernoctar en su casa.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Que la acogida de un gran número de refugiados plantea una serie de problemas para el país de acogida es una banalidad y una perogrullada. Pero el debate sobre los límites de la generosidad debería guardar una mínima proporción con las dimensiones del drama del que huyen los refugiados.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

Mientras un país como el Líbano, con apenas cuatro millones y medio de habitantes, siga acogiendo a un millón de refugiados sirios (y a 650 mil palestinos), proponer cualquier límite inferior a esa proporción (de más de un refugiado por cada tres habitantes) me parece un ejercicio de cinismo.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

En el caso de España, es un hecho conocido que los refugiados políticos de países cuyos regímenes reprueba nuestro gobierno (caso de Cuba o Venezuela) obtienen asilo político con mucha mayor facilidad que los de otras nacionalidades (aunque luego terminen abandonados a su suerte). En el caso de Alemania, la ampliación del número de países considerados “seguros” ha rebasado ya los límites más elementales del decoro político y ético.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Tanto en España como en Alemania, las crecientes trabas a la acogida de refugiados impiden hablar de un tratamiento “justo”.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Dudo que exista una relación directa entre los dos fenómenos. El sistema de seguridad social viene siendo cuestionado desde hace años por motivos políticos. Si algo amenaza el sistema de seguridad social es el descenso de la recaudación fiscal, que tiene poco que ver con el drama de los refugiados y mucho con la voluntad de favorecer a determinados actores sociales.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Me parece esencial recordar que integración no equivale a asimilación. Todos los habitantes de un territorio están obligados a cumplir sus leyes y una serie de normas estipuladas de conducta: desde el código de circulación a cuestiones de higiene. Esa es la integración mínima exigible. A partir de ahí, la diversidad de estilos de vida que cada cual elija libremente está garantizada por las constituciones democráticas. El maltrato doméstico o el robo son delitos. El idioma que cada cual hable en casa, o el culto que profese, son asuntos que no pueden ser objeto de control.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

No de forma personalizada, sólo a través de organizaciones.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

No lo sé.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Mientras sigan existiendo la persecución y la desigualdad extrema, difícilmente.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Mi abuelo fue uno de los cientos de miles de refugiados que cruzaron la frontera catalana con Francia en el invierno de 1939. Sobrevivió a los campos de concentración en que los recluyeron las autoridades francesas y acabó por regresar a Bilbao, donde no pudo reincorporarse a su trabajo.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?, ¿cómo se prepararía llegado el caso?, ¿en qué país se refugiaría?

Aunque mi decisión de trasladarme a Alemania no se debió directamente a ello, el clima de persecución que llegó a darse en el País Vasco contra los no-nacionalistas ya empujó a miles de mis compatriotas al exilio. Quizá por eso, la creciente violencia que se viene dando en Alemania contra los refugiados y quienes se solidarizan con ellos me resulta especialmente dolorosa y repugnante. Personalmente, busqué desde el principio un clima propicio al trabajo intelectual, al intercambio, a la pluralidad.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Necesito mis buenas dosis de afecto, de aceptación, de aliento. Pero nunca las he sentido ligadas a la contingencia de la nacionalidad.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.