Rusia Ljudmila Ulizkaja

Ljudmila Ulizkaja
Foto: Wikipedia

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Refugiado es un estatus. Cualquier persona en nuestro mundo puede desempeñar diversos papeles: residente, dueño con plenos derechos de su casa, ciudad o país, invitado, exiliado, peregrino, refugiado… Yo pertenezco a un pueblo que, a lo largo de dos mil años, jamás tuvo el estatus de ciudadano con plenos derechos; no era el “dueño” de la tierra en la que a veces vivía por varios siglos. Si bien se integraba profundamente en la cultura del país que lo acogía, siempre esperaba que lo volvieran a expulsar. Sobre este tema no sólo he reflexionado mucho, sino que lo siento hasta el fondo del alma.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

No, no lo considero así. Todos los seres vivos –desde el paramecio hasta el elefante– buscan el mejor hábitat para sobrevivir y reproducirse. Sólo que en el reino animal eso es algo más despiadado: si un individuo no puede alimentarse o dejar descendencia en un nuevo hábitat, muere. La naturaleza no tiene moral. En la sociedad humana, en cambio, existe la moral. O por lo menos debería haberla; ese es uno de los rasgos que distinguen al hombre del animal. Pero la supervivencia a costa de los otros es un asunto turbio. La pobreza, por su parte, también es un concepto relativo. En Ucrania, entre 1932 y 1933 se produjo el “Golodomor”: millones murieron a causa de la hambruna, y quienes apenas se mantenían con vida se desplazaban a las regiones no afectadas por el hambre. Aquello no era huir de la pobreza, sino de la muerte. Y esa diferencia es sustancial. Hay otro aspecto, además: huir de la pobreza está estrechamente ligado a la guerra, a la persecución política. Ahí ya es muy difícil establecer la diferencia.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

De la erupción de un volcán, de un incendio, de una inundación o de la contaminación nuclear de una región, sin duda alguna.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando la persona acepta las reglas de vida del país que lo acoge, sus leyes; cuando asimila la nueva cultura y está en condiciones de mantenerse a sí misma y a sus hijos. Es justamente en esas condiciones que puede convertirse en ciudadano pleno del nuevo país.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Los individuos tienen derecho a pedir asilo, y el Estado tiene derecho a no otorgárselo. Esa relación debe ser al menos simétrica.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Si una persona ha obtenido la ciudadanía, puede verse privada de ella de acuerdo con las leyes del país. Yo viví en la Unión Soviética y conozco casos en los que los ciudadanos del país eran privados de la ciudadanía y se los expulsaba por razones políticas. Incluso hubo que promulgar leyes especiales para ello…

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Esa cuestión la resuelve cada país por su cuenta –es decir, cuántos refugiados puede acoger sin perturbar el funcionamiento de sus instituciones–. Por supuesto que existen límites. Sin embargo, es importante recordar que, con el ascenso de Hitler al poder, entre los años 1938 y 1939 los judíos huían de Alemania en masa, pero los países europeos, Estados Unidos y Gran Bretaña los acogían de mala gana, y a muchos no los dejaban entrar cuando llegaban a la frontera. (Inglaterra acogió 10 mil niños judíos sin sus padres; Estados Unidos, entre los años 1938 y 1939, a 85 mil judíos; Suiza a 30 mil, pero otros tantos quedaron en la frontera y más tarde murieron.) Eso condujo a que en las cámaras de gas de la Alemania fascista fueran asesinados unos cinco millones y medio judíos. Y eso tampoco puede olvidarse hoy, cuando en las fronteras se amontonan miles de refugiados. ¿Qué les espera en sus países? ¿La pobreza o la muerte?

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

Se trata de un gran problema internacional, y no lo resolveré aquí en tres líneas.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

En la Unión Soviética, antes de la guerra, había una cantidad bastante considerable de “comunistas blancos”; toda la “Internacional” se hospedó durante un tiempo en el hotel Astria de la calle Tverskáia de Moscú. Más tarde, la gran mayoría de ellos murió en el Gulag. Hoy también sabemos de varios refugiados políticos en Rusia –por ejemplo el expresidente de Ucrania, Ianukóvich–. Hoy en Rusia viven también varios activistas de la República Popular de Donetsk y de la República Popular de Lugansk. Casualmente, a través de un agente inmobiliario que conozco, me enteré de que uno de esos señores compró un apartamento sumamente caro en Moscú. Este también es un tipo de emigración política.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Se los trata con mucha crueldad. Los explotan sin piedad, los hacen vivir en condiciones terribles. A veces los empleadores les quitan los pasaportes a quienes llegan a buscar trabajo, en su mayoría desde Asia Central. Pero existen algunas organizaciones sociales que intentan ayudarlos.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

No. Pero aceptaría sin problemas que recortaran el presupuesto militar. En tiempos de paz, nuestro país gasta en guerra una cantidad enorme, superior a la que puede soportar la sociedad.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Deben ser obligaciones mutuas muy detalladamente elaboradas por quien acoge: en qué nos comprometemos nosotros a ayudar, y en qué se comprometen ustedes a cumplir. Quizás incluso con el derecho a deportar a aquellos refugiados que no cumplan con las leyes del país receptor.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí, claro. Y en más de una ocasión. Ayudé a una familia chechena que, cuando cruzaba la frontera a través de un corredor humanitario, fue víctima de disparos: hirieron a un niño de cinco años y a su padre. Ahora viven en Bélgica. Me han llamado varias veces desde allí y sus cosas marchan bien, han aprendido el idioma y tienen empleo. Ahora en mi casa trabaja una empleada doméstica de Uzbekistán, una mujer admirable, dignísima; su hija mayor ya terminó la universidad en Moscú, y el menor estudia medicina. Tenemos una relación muy cálida.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

No. No formo parte de ninguna organización dedicada a eso.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

En los próximos dos años no preveo un gran flujo de refugiados a Rusia; los refugiados se dirigen a países materialmente más estables, más humanos: Alemania, Suecia. En cuanto a los próximos veinte años, temo que muchos rusos también van a buscar asilo en el extranjero. Ese lento proceso de migración de profesionales capaces de asimilarse a la vida occidental ya ha comenzado, y no ayer.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Es algo que ha existido siempre. ¿Por qué de pronto el mundo cambiaría tan radicalmente?

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Es que eso no va a suceder.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Soy judía. Mi pueblo fue un pueblo-refugiado durante dos mil años. Es una enorme prueba de supervivencia. Y por esa prueba se ha pagado un precio muy alto. Los cinco millones y medio que murieron en el Holocausto fueron sólo en el siglo XX… Antes hubo muchos otros países y muchas otras persecuciones. Incluso habiendo perdido por completo mi cultura nacional, mi idioma, mi religión, y siendo una escritora rusa, no me siento del todo una ciudadana con plenos derechos en el país que me ha tocado por patria. Es trágico, pero ahí están los colores intensos de la vida. Ser marginado, refugiado, una persona indeseable es bastante complejo, pero eso ayuda a no relajarse espiritualmente.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?, ¿cómo se prepararía llegado el caso?, ¿en qué país se refugiaría?

Cualquiera puede verse en esa situación. Y por diversas causas. ¿Usted sabe cuántos funcionarios de los servicios de inteligencia, millonarios y corruptos han huido de Rusia? Si alguna vez soy refugiada, seguramente será por razones políticas. En general no me gusta hacer planes; según me indica la experiencia, cuanto más detalladamente los elaboras, menos son las posibilidades de que se realicen. No me preparo para la emigración. Tengo setenta y tres años y me preocupa mucho más el traslado a regiones completamente diferentes… Allí está nuestro último refugio común.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Toda persona que ha pasado su vida en una misma tierra está compuesta por la materia de esa tierra. Todos nosotros estamos hechos de esa arcilla. Todo lo mío está conmigo.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.