Serbia Dubravka Stojanovic

Dubravka Stojanovic

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Una persona que no tiene adónde volver.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Si un refugiado es una persona que no tiene adónde volver, no es importante por qué tuvo que irse. ¿Cómo podemos medir la diferencia entre el miedo a las bombas y el miedo al hambre? ¿Realmente nos atrevemos a categorizar jerárquicamente el terror? E incluso si lo hiciéramos, ¿qué clase de terror constituiría una opción más aceptable para nosotros? Más aun, ¿cómo medimos qué clase de esperanza es mayor y más legítima? ¿La de encontrar paz en algún otro lugar, la de tener una vida mejor y más útil o la de escapar de la persecución de movimientos políticos violentos? ¿Verdaderamente tenemos el derecho de afirmar que la necesidad de seguridad es más importante que la necesidad de libertad? Hacer este tipo de categorización jerárquica, de hecho, equivale a ser cómplices del crimen.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Si un refugiado es una persona que no tiene adónde volver, significa que no pudo quedarse en el lugar de donde huyó. Que esto haya sucedido porque caían las bombas a su alrededor o porque el desierto devoró sus tierras, porque la inundación se llevó su pueblo o fue despojado de su libertad no cambia en absoluto las cosas. Se fue porque no podía tolerarlo más. No tenemos derecho, desde nuestro punto de vista cómodo y seguro, a decir qué debería ser tolerable para él, hasta dónde puede y debería sufrir. Si vamos a hablar del problema de los refugiados, el punto de partida de nuestro razonamiento debe estar en la siguiente afirmación: son personas que tuvieron que huir y no tienen adónde volver. Creo que de esta manera llegaremos a soluciones más sabias, más humanas y más duraderas para la crisis de los refugiados.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Nunca. Yo provengo de una zona de los Balcanes extremadamente migratoria. Durante todo el siglo XX la región experimentó gran cantidad de cambios poblacionales drásticos, desde la emigración de los musulmanes después de la Guerra de los Balcanes hasta quienes buscaban refugio durante las dos guerras mundiales, las guerras civiles, la limpieza étnica, las guerras yugoslavas de la década del noventa… Cada guerra produjo cientos de miles de refugiados, que mayormente surgieron en los intentos de las viejas naciones-Estado de homogeneizarse y purificarse étnicamente. Toda ese gente fue desarraigada y de allí en más se la conoció para siempre como “los otros”. Nunca olvidaré cuando visité Capadocia, en Turquía, con algunos amigos. Íbamos caminando por la pequeña ciudad, hablando en voz bastante alta. Un hombre del lugar caminaba detrás de nosotros, nos siguió con timidez durante un rato. Por fin se nos acercó y nos preguntó tímidamente qué idioma era el que estábamos hablando. Cuando le dijimos que era serbio nos abrazó. Después nos contó que sus ancestros habían llegado a Turquía después de las guerras balcánicas de 1912-1913, pero nunca habían olvidado su tierra natal, en algún lugar de Macedonia. Nos dijo que en su casa todo estaba arreglado como en el lugar que habían dejado y que hablaban algo del idioma pero, dado que eran turcos, aquella lengua eslava no les pertenecía. Este hombre no debía tener más de veinte años, de modo que pertenecería a la cuarta o quinta generación que vivía en ese pequeño pueblo de Anatolia. La melodía del idioma que hablábamos le disparó el recuerdo de un lugar abandonado donde nunca había estado; era un recuerdo ajeno. Aunque constituía la cuarta generación, y vivía entre “los suyos”, seguía sin pertenecer del todo. Cuando tuvimos que dejar un lugar y ya nunca podremos volver, no sólo no pertenecemos a ningún lado ni a ningún grupo sino que tampoco nos pertenecemos del todo a nosotros mismos. Siempre quedará algo de dolor que nos controlará más de lo que nosotros lograremos controlarlo.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Tanto como hay derechos humanos. Son naturales, pero también utópicos; son difíciles de lograr y más difíciles de sostener. Sin embargo, al mismo tiempo, sin la utopía la sociedad sería aun más cruel, más brutal, más cercana a la barbarie a la que suele sucumbir una y otra vez.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Si este derecho es natural y humano, entonces es incondicional, universal e indivisible.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Creo que la absorción en la sociedad no depende de la cantidad de recién llegados sino de la actitud que esa sociedad tiene hacia ellos y la manera en que se los recibe en el país al que arriban. Si el país los acepta en un lugar rodeado de cercas de alambre, cualquier cantidad de refugiados será demasiado alta. ¡La absorción no atraviesa los alambrados! El alambrado reduce el miedo de que la sociedad cambie si se “mezcla”. Sin embargo, el error ya se cometió otra veces, porque la sociedad empieza a cambiar tan pronto como empiezan a instalarse los alambrados. Los encierran “a ellos” pero nos encierran aun más a “nosotros”. Es sobre nosotros que impusimos esta limitación a nuestra humanidad; dejamos que ganara lo peor de nosotros. Una sociedad cerrada sin duda entrará en decadencia.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

En mi país todos los refugiados que están de paso hacia algún otro lado son privilegiados.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Serbia es uno de los pocos países europeos que ha mantenido una postura bastante abierta en relación con los refugiados. Al menos no se instalaron cercas alambradas. ¡Hemos llegado a una instancia en la que eso ya significa mucho! Es interesante la actitud que tiene la gente hacia los refugiados. Durante los primeros años las reacciones en los pueblos chicos, cerca de los cuales se construían los centros de recepción, eran bastante agresivas. Desde el momento en que el gobierno decidió que Serbia sería un “país modelo”, la gente cambió su actitud y empezó a demostrar mayor empatía, a participar y colaborar. Esto, por supuesto, es algo positivo. Sin embargo, conduce a la cuestión de la condicionalidad de la opinión pública y el poder que tienen las políticas de un país. Algunos países fortalecieron su autoridad a través de una postura antiinmigratoria, demostrando lo “poderosos” que son, mientras que otros, como es el caso de Serbia, armaron una imagen de “autoridad moral” abriendo sus puertas sin reparos. En el fondo, ¿no se trata de lo mismo? En ambos casos el énfasis está puesto en la representación de sí mismo, ¿verdad? Los refugiados, en realidad, no fueron el tema de preocupación. A la larga, de todas maneras, es importante manifestar lo siguiente: ninguno de los refugiados desea quedarse en mi país. Es demasiado pobre como para ofrecerle una solución a nadie. Por lo tanto es más fácil que tenga una actitud más generosa hacia los refugiados.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

En los últimos treinta años mi país se desmoronó varias veces, por lo que no puede compararse con países que a lo largo de todo ese período les proporcionaron a sus ciudadanos seguridad y estabilidad. La desintegración de Yugoslavia, las guerras, los refugiados, las sanciones internacionales y el bombardeo de la OTAN nos han enseñado que el estado de seguridad social es meramente temporario. Esto no significa que haya espacio para más restricciones, pero sí que países como el mío tengan otro tipo de actitud, en relación con estos temas, que aquellos cuyos ciudadanos están convencidos de que han accedido de manera permanente a un buen nivel de vida. Nosotros aprendimos a perder, lo que constituye una experiencia valiosa.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

Deberían abrirse a su nuevo entorno.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Deberían aprender a abrirse a sus nuevos conciudadanos.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Conozco a muchísimos refugiados que llegaron durante la guerra de Yugoslavia. Huían de una guerra cuyo objetivo era crear Estados étnicamente homogéneos en una Yugoslavia étnicamente heterogénea. Como la ideología predominante era el nacionalismo étnico, habría sido de esperar que los exiliados serbios fueran recibidos con los brazos abiertos cando llegaran a Serbia desde otras repúblicas yugoslavas. Sin embargo no fue el caso ni lo es hoy en día, veinte años después de la guerra. Aunque muchos de ellos están en una muy buena posición económica, lo más usual es que se los llame refugiados de manera peyorativa. A pesar de que no sean de otra religión ni de otra nacionalidad, no hablen otro idioma ni tengan costumbres diferentes… Estos “refugiados propios” existieron también en otras situaciones históricas: pensemos en la reubicación de los griegos de Turquía en la década de 1920, o en los judíos que huyeron de Rusia hacia los países de Europa occidental en el siglo XIX, frente a quienes los judíos naturalizados tuvieron las mismas posturas estereotipadas que los antisemitas habían tenido con ellos. Por eso es importante entender que el problema de los refugiados es mucho más complejo que el temor ante la llegada de una cultura, una religión o un color de piel nuevos. La actitud que tomamos en relación con los recién llegados puede establecer nuestra propia posición de superioridad. Sin embargo, invariablemente, esto nos acerca un poco más a la agresión. Es así que una actitud negativa hacia los refugiados conduce a la autodestrucción de la sociedad.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Fui voluntaria en los centros que juntan donaciones para los refugiados y también di lo que se solicitaba a través de los medios.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Creo que la cantidad de refugiados va a incrementarse porque las razones que los hicieron huir no van a desaparecer. Por el contrario, pienso que la situación mundial va a deteriorarse y que los sesenta millones de personas que ya tuvieron que dejar sus hogares y no tienen adónde regresar seguirán buscando un lugar donde poder vivir –es decir, sobrevivir–. Por lo tanto me parece que todo lo que experimentamos durante la ola de refugiados de los últimos años es sólo el comienzo.

¿Y en las próximas dos décadas?

Creo que Europa va a cambiar por completo, incapaz de resistir la ola de gente que no tiene adónde ir. Por este motivo, necesitamos con urgencia una reflexión más profunda sobre la nueva situación. Las vallas no lograrán detener a nadie. Son un símbolo de la falta de visión, la insensibilidad y la malicia.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Claro que no, siempre han sido parte de nuestra historia. Es un fenómeno antiguo; lo que es nuevo es la causa. El mundo global desencadenó un nuevo movimiento global en la población. Somos testigos de nuevos tipos de guerras locales, brutales y duraderas, que conducen a cambios medioambientales y demográficos, a un régimen represivo nuevo y todavía más brutal, al colapso del modelo económico neoliberal para el que no vemos alternativa, y cuyas consecuencias son paliadas con remedios creados por los mismos que produjeron el problema. Ninguno de ellos promete un mundo en el que los sesenta millones de refugiados que ya existen tengan un lugar adonde volver y no se produzcan nuevos refugiados.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Soy una refugiada; una refugiada interna. Nunca me moví del barrio donde nací, en el centro de Belgrado, pero no puedo volver al país donde nací. No soy yo la que abandoné mi país, él me abandonó a mí. Yugoslavia era mi país. Cuando fue brutalmente destruido, emigré hacia dentro de mí misma. Elegí no huir de Yugoslavia junto con otros refugiados porque no quise vivir en un entorno que no fuera el mío. Pero me pasó de todos modos, incluso sin emigrar. No fui yo la que se fue, sino todo el contexto que me rodeaba. De manera que hui hacia mi interior, donde había más espacio para un escape seguro. No me estoy quejando. No es un mal lugar para mí. Sólo que no tengo adónde regresar.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?

Porque la guerra de Yugoslavia me enseñó que una situación puede cambiar en un segundo. Nosotros también estábamos convencidos de que vivíamos en un país pacífico y estable, estábamos orgullosos de nuestro nivel de vida, nuestra gran reputación internacional, la posibilidad de viajar tanto a oriente como a occidente durante la Guerra Fría… Después, de pronto, todo colapsó en unos pocos años y vimos lo fácil que es deslizarse hacia la guerra, la masacre y el genocidio. La estabilidad es frágil. Estos últimos años estuve observando a Europa con mucha atención. Está dividida por una crisis muy similar a la de Yugoslavia. También nosotros empezamos con una crisis económica, que se trasladó a la relación entre las naciones; después vino la cuestión de quién pierde más en esta unidad. La solución ideológica tuvo que ver con frases como “los amos de su propia tierra” y “devuélvannos nuestra tierra”, igual que en la campaña por el Brexit. No es la primera vez que Europa menosprecia a los Balcanes, concluyendo con cinismo que el problema es tan típicamente nuestro, que el matadero que produjimos debe surgir de nuestro primitivismo y nuestra animalidad, que en Europa nunca podría pasar algo así. Este fue el caso en 1912-1913, cuando todos estaban asqueados por los crímenes cometidos en la Guerra de los Balcanes. Después llegó 1914. Esto debería enseñarnos que la prosperidad, la estabilidad, la solidaridad, la empatía y la libertad son valores difíciles de alcanzar pero muy fáciles de perder. Cualquiera puede verse en la situación de tener que irse y no poder regresar más.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

Sabiendo que puede ocurrir en cualquier momento.

¿En qué país se refugiaría?

En cualquier país que me recibiera.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Desde que me metí en mi refugio interior, mi única tierra natal ha sido la que llevo dentro. Es aquí donde puedo trazar las fronteras y decidir cuán fuerte ser en determinado momento; este es el lugar que sé que no va a abandonarme como lo hizo el anterior.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.