India Aman Sethi

Aman Sethi
Foto: Aman Sethi

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

“Refugiado” es un mecanismo, enraizado en la geopolítica y ratificado por los Estados nacionales, para regular el movimiento libre de los individuos y de las comunidades declarando las circunstancias de exilio que son legítimas y las que son ilegítimas. Es también una de las pocas formas de movilidad de la clase obrera aceptada de mala gana por los Estados nacionales. Para entender el poder detrás de las palabras, a menudo resulta útil considerar todo lo que queda por fuera de los estrechos confines de su significado y definición. Si un “refugiado” es una presencia foránea con un derecho legítimo a estar en un país distinto del propio, ¿en dónde deja eso a todo el resto? ¿Debemos todos ser prisioneros de nuestras naciones por siempre?

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

El marco de este cuestionario asume que la condición natural del ser humano es la de pasar toda su vida dentro de un radio estrechamente circunscripto al lugar en que ha nacido. En un marco semejante, el deseo de moverse o migrar es visto como una circunstancia excepcional que debe ser justificada de alguna manera, normalmente mediante el tropo de la tragedia, la pobreza o la opresión. Asumir que la gente sólo viaja cuando se ve compelida a hacerlo es un fenómeno relativamente nuevo en la larga historia de la existencia humana. Como señala el antropólogo James Scott, en el amplio transcurso de nuestra historia compartida “más del 97 por ciento de la experiencia humana, en otras palabras, yace fuera de las naciones-Estado de base agraria en las que virtualmente vivimos hoy casi todos nosotros”. Las preguntas acerca de la “legitimidad” de los movimientos replican de manera irreflexiva el lenguaje desgastado de las burocracias y del control (refugiados, seguridad social, derechos, integración). Este no es el lenguaje para que los seres humanos hablen con sus semejantes o sobre sus semejantes; debemos resistir la tentación de sonar como tecnócratas y consultores de gestión. De modo que si la pregunta es “¿qué tipo de huida es legítima?”, mi respuesta es: “Todo movimiento en todas las circunstancias es siempre legítimo”.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Véase la respuesta anterior.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

En un reciente viaje como reportero me hice amigo de un grupo de jóvenes afganos en Estambul que me contaron que la Unión Europea ya no tenía en cuenta a los afganos para otorgarles asilo. “Todos los lugares están siendo tomados por los sirios”, me dijo un afgano. En Sajonia me encontré con un palestino de treinta y siete años que nació en un campo de refugiados en el Líbano y que ahora había estado un año esperando en Alemania a que procesaran sus papeles de asilado. También a él le preocupaba que las autoridades encargadas de otorgar asilo estuvieran tratando el sufrimiento del pueblo palestino como un comerciante que se encuentra con una vieja moneda que ya no está en circulación: reconoce la existencia de la moneda, pero no está seguro de qué valor asignarle. De modo que supongo que uno deja de ser refugiado cuando tu país ha sido bombardeado durante tanto tiempo que el resto del mundo pasa a considerar tu tragedia social como un infortunio personal y dirige su atención hacia lo que se estima que es un sufrimiento más urgente. Esto tendría que llamarnos a hacer un alto y considerar si el término refugiado no debería ser dado de baja de manera permanente. En un intercambio epistolar con el periodista Georg Diez yo propuse reemplazar “refugiado” por “musafir”, una palabra de uso común en Medio Oriente y el subcontinente indio que significa viajero, huésped, vagabundo, visitante.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Sería más pertinente preguntarse por nuestra relación con la tierra y el territorio en su sentido específico: ¿existe algo así como una potestad ancestral sobre la tierra? ¿Hasta cuándo se retrotrae esta potestad? El asilo asume, a fin de cuentas –una vez más– que hay una relación natural entre un pueblo y la tierra que habita, de modo que estos terratenientes ancestrales están en posición de ofrecerles asilo a los nuevos que llegan. La suposición detrás de este tipo de preguntas parece menos certera si consideramos el caso del océano: si alguien nada a tu lado, ¿está invadiendo tu mar?

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Véase arriba.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

No. Porque la sociedad no tiene derecho a decidir quién puede ser parte de la sociedad. Todos somos parte de la sociedad, les guste o no a las sociedades. Por el hecho de existir estamos integrados/asimilados dentro del mundo de los vivos.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

Véase arriba.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Supongo que las jóvenes élites cosmopolitas que huyen de los salarios estancados y de las sociedades cerradas de sus naciones para trabajar a cambio de sueldos inmensamente inflados en el “sector de desarrollo” a lo largo de Asia y África podrían ser consideradas como un cierto tipo de refugiados económicos privilegiados. Pero, como dije antes, rechazo la categoría de refugiado, y por lo tanto –aun lamentando la naturaleza mayoritariamente absurda del sector “trabajador social/ONG internacional”– celebro el timo de la gente joven que usa el pretexto del “desarrollo” para huir del aburrimiento de sus ciudades natales hacia la excitación de una vida entre extranjeros.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

India no tiene un marco legal para prestar apoyo a los refugiados. El país no firmó ni la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas de 1951 ni el Protocolo de 1967, y sin embargo alberga poco más de 200 mil refugiados de Afganistán, Myanmar, Sri Lanka y el Tíbet, según la ACNUR. El gobierno indio ha presentado recientemente una legislación para ofrecer refugio a hindúes no indios que puedan probar que son oprimidos por sus gobiernos nacionales; pero al mismo tiempo la policía municipal de la capital nacional, Nueva Delhi, tiene una célula especial para atrapar y deportar a los indocumentados, sobre todo musulmanes inmigrantes de Bangladesh. En India, como en otras partes del mundo, la noción de “justicia” parece mayormente secundaria cuando se trata de los derechos de los refugiados.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Dada la casi completa ausencia de cualquier sistema de seguridad social en India, dudo de que alguien vaya a notar recorte alguno, sea cual sea el motivo.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

La vida social no se define por la integración sino por la adaptación. La sociedad se caracteriza por lo que resulta del alboroto que se genera entre grupos en competencia – jornaleros agrícolas que migran del campo a la ciudad; obreros migrantes que regresan a la patria tras años de trabajar en el extranjero–: algunas de ellas se han vuelto más liberales, otras más conservadoras. Las mujeres presionando para hacer que los lugares públicos se vuelvan seguros y más liberales; demagogos religiosos demonizando a la gente joven por mostrar su afecto en público; el capital multinacional presionando por cambios en los usos del país para acomodar sus centros de compras, fábricas y cadenas de cafeterías. Cada grupo prueba diferentes idiomas de controversia y de adaptación a fin de apuntalar sus reclamos específicos sobre los recursos públicos. Los refugiados no se diferencian de ellos. La conversación sobre integración asume que un alemán pobre tiene más en común con uno de la élite alemana que con un pobre de Siria. Esto no siempre es verdad.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Vengo de una familia de refugiados que –en 1947– dejó sus hogares en lo que hoy es Pakistán y cruzó hacia lo que hoy es India.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

No en forma directa.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Difícil decirlo. A Sri Lanka y a Bangladesh les va ahora mucho mejor que a India en lo que se refiere a suministrar servicios esenciales a su población. De modo que no creo que India vaya a ver un incremento de gente buscando asilo.

¿Y en las próximas dos décadas?

El cambio climático y la elevación del nivel del mar podrían inundar la costa de Bangladesh y de Sri Lanka (y partes significativas de India), así que las próximas dos décadas podrían estar marcadas por migraciones masivas y agitación social.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

No puedo imaginar un mundo sin migración y movimiento, así que –como corolario– no puedo imaginar un mundo sin refugiados. Porque, ¿qué es un refugiado sino un viajero cuyos documentos de viaje son un poco dudosos?

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

En 1947, el subcontinente indio fue dividido en dos países. Mis abuelos estaban entre los cientos de miles que se mudaron desde lo que hoy es Pakistán a lo que hoy es India. Así que, en cierto sentido, vengo de una familia de refugiados.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?

Creo que es absolutamente posible que alguna vez yo vaya a ser un refugiado. El cambio climático tal vez torne invivibles grandes partes del mundo.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

Mantengo buenas relaciones con el Instituto Goethe.

¿En qué país se refugiaría?

No lo sé, en cualquiera que quiera tenerme. ¿Tal vez en una sociedad intelectualmente vibrante como Sudáfrica?

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

La patria, como dice Mahfouz, no es donde naciste, sino donde terminan todos tus intentos de huida. Así que la patria es una trampa, y todos debemos proponernos necesitar la menor cantidad posible de “patria”.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.