Túnez Anouar Brahem

Anouar Brahem
Foto: Arthur Perset

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Un refugiado es una persona que se ve obligada a dejar su hogar y su país porque allí se siente en peligro y teme ser perseguida a causa de su nacionalidad, de su pertenencia a un grupo social o religioso, o de sus opiniones políticas. Generalmente los refugiados son personas que huyen de la guerra.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Un refugiado huye de un peligro inminente. Los refugiados que huyen de la guerra o de las persecuciones son, por lo general, personas que deciden partir porque sienten un peligro inminente que puede atentar gravemente contra su integridad física y moral; vale decir, contra su vida. No tendrían otra opción más que partir. Puede pensarse que, en una persona que huye de la pobreza, no habría esa noción de peligro inminente. Pero las motivaciones y las apreciaciones pueden ser complejas y no son necesariamente evidentes a primera vista.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Hoy parece haber una nueva toma de conciencia sobre las relaciones entre el medio ambiente y las migraciones. Cada año, problemas vinculados a la aridez de las tierras, a las inundaciones, a las costas amenazadas por el ascenso de las aguas y otros fenómenos obligan a millones de personas a huir.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Una persona cesa de ser refugiada cuando adquiere una nueva nacionalidad y goza efectivamente de la protección de ese país, o cuando regresa voluntariamente a su país de origen con el objeto de establecer allí su residencia permanente.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Ese derecho existe y hay que preservarlo porque permite que millones de personas se escapen de la guerra y de las persecuciones.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

En cada país, las condiciones se definen por reglamentaciones diferentes. En los países democráticos, esas reglamentaciones con frecuencia se añaden a las convenciones internacionales y, por lo general, están bien hechas. Pero, en la práctica, los procedimientos son muy complicados.

Las personas que deciden huir de su país a menudo están en una situación muy precaria y de mucha fragilidad. Aunque los criterios de refugiados no se apliquen en vista de las convenciones internacionales y de la legislación del país de asilo, esas personas merecen beneficiarse de medidas de sustitución de asistencia y de protección.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

La recepción de refugiados a veces puede engendrar problemas muy importantes de orden sanitario, de infraestructura y de acceso a la educación. El Líbano –donde hay 4,5 millones de habitantes y 1,5 millones de refugiados sirios– presenta el porcentaje de refugiados por habitante más elevado del mundo.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

A consecuencia de lo ocurrido en Libia, en Túnez hemos tenido oleadas de refugiados libios. Y aunque generalmente han sido bien aceptados por la población local, no puedo decir que se hayan beneficiado de un estatus de refugiados privilegiados, porque la situación sigue siendo difícil.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Túnez es signatario de la Convención de Ginebra, pero los refugiados viven allí una situación difícil. El derecho de permanencia no les abre ni derecho al trabajo, ni acceso a la salud o a la educación.

El Estado ya es bastante deficiente en lo referido a las necesidades elementales de sus propios ciudadanos, por lo que respecto de los refugiados la situación no es mejor. El Estado tunecino, por otra parte, no tiene los medios financieros, ni logísticos, ni organizativos como para hacerse cargo. Las estructuras para recibir a los refugiados que se pusieron a disposición son gestionadas por la HCR y la Croissant-Rouge tunecina, que ofrecen lo elemental. La mayoría de los refugiados vive en un sistema paralelo, y son escasos los que consideran a Túnez como un destino final. Para los refugiados se trata más bien de una etapa a la espera de un regreso a su país de origen, o de una partida hacia otro destino. Según las estimaciones, hay más de un millón de libios residiendo ya en el país, que tiene una población de alrededor de 11 millones de habitantes.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

En términos absolutos, sí. Pero ya hay una cantidad muy importante de tunecinos que no cuentan con cobertura social, y el sistema social y de salud es en parte deficiente. Recargarlo con tareas suplementarias sería ciertamente problemático. Pero no tengo la sensación de que los tunecinos se planteen ese tipo de preguntas. Los refugiados dependen de la UNHCR y de su socio operacional en Túnez, que es el Croissant-Rouge.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

El aprendizaje de la lengua del país de llegada y el acceso al mercado de trabajo son los vectores esenciales de la integración y de la socialización. La exigencia mínima al refugiado debe ser, en primer lugar, la del respeto estricto de la ley y de los códigos del país de acogida.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Los refugiados constituyen con frecuencia una población en estado de precariedad y de fragilidad extremas. Quienes los reciben tienen el deber de prestarles ayuda y una asistencia significativa. Pero los refugiados se ven frecuentemente confrontados a la incomprensión de las sociedades que los acogen en razón de su situación específica y de actitudes a veces discriminatorias.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí, conocí a refugiados palestinos. Los refugiados palestinos son hoy más de 6,5 millones desperdigados por el mundo, y los que desean volver a sus hogares no pueden hacerlo. A pesar de varias resoluciones de las Naciones Unidas, que declaran su derecho inalienable a regresar, recuperar sus bienes y los hogares de los que han sido desplazados y desarraigados, este les ha sido siempre negado por el Estado de Israel.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

No tuve ocasión.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

La situación de los refugiados en Túnez depende mucho de la situación política en Libia, la cual todavía es incierta.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Los fenómenos de migraciones a menudo se deben a situaciones de conflictos armados y de guerra. Tal vez podamos soñar con un mundo sin guerra.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Si los fenómenos de migraciones con mucha frecuencia se vinculan a situaciones de conflictos armados, la solución sería intentar actuar activamente para el restablecimiento de la paz en el mundo y, prioritariamente, en las regiones que, desde hace tiempo, sufren la gangrena de las guerras. Ahora bien, desgraciadamente, no siempre es el caso.

Tomemos, por ejemplo, el caso del Cercano Oriente: los refugiados palestinos, considerados como los refugiados “olvidados”, son los más antiguos entre los refugiados de la historia política contemporánea y, proporcionalmente, los más numerosos respecto de la totalidad de refugiados en el mundo. Hoy son unos 6,5 millones sobre una población total de diez millones –y han sufrido un doble, o incluso triple, desarraigo–.

Ahora bien, ¿qué hace realmente la comunidad internacional para ayudar a aportar una solución justa y conforme al derecho internacional en razón del conflicto israelí-palestino que perdura desde algo menos de sesenta años y que, fuera de la cuestión de los refugiados, continúa jugando un papel extremadamente nefasto en toda esta región?

Por otra parte, si con perspectiva todo el mundo reconoce hoy el error monumental que fue la invasión a Irak y la gestión catastrófica posterior a la guerra, así como la situación desastrosa que generó en Irak y en los países vecinos, ¿qué hacen la comunidad internacional y más particularmente las grandes potencias para reparar esos errores y trabajar por la paz?

Cuando se comprueban las sumas cada vez más elevadas de las ventas de armas operadas por esas potencias en esa región, podemos legítimamente plantearnos la cuestión a propósito de la voluntad real de actuar en dirección hacia la paz y de ayudar a encontrar soluciones a conflictos que, en ocasiones, ellas mismas han iniciado o alentado.

En un artículo reciente del diario Le Monde, leemos: que 2016 será un año récord para la industria armamentista francesa, y que en 2015 el 75% de las exportaciones totales de armas francesas estuvo destinado a los países de Medio Oriente, y algunas de esas ventas se dirigieron a facciones que se oponían abiertamente.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

No.

¿Piensa que podría serlo en el futuro?

Jamás se puede predecir qué nos traerá el porvenir. ¿Quién habría podido pensar un día que Irak y Siria estarían en una situación tal y que millones de iraquíes y de sirios un día se verían obligados a abandonar sus hogares y sus países?

Todo el mundo habla hoy de Túnez como si fuera el único país de la Primavera Árabe que logró su transición democrática y que no se hundió en la guerra civil y el caos. Lo cual es por completo cierto. Pero el país es extremadamente frágil. La situación económica y social está cerca de lo catastrófico. La seguridad es particularmente difícil; sobre todo a causa del caos y de la incertidumbre que reinan en Libia, país limítrofe. Y el gobierno todavía es incapaz de actuar de manera eficaz.

Frente a esta situación, muchos tunecinos piensan que el país no podrá evitar un futuro y probable estallido social de importancia, y temen el hundimiento. Aunque no comparta ese punto de vista demasiado pesimista, la situación es muy preocupante. Todos esperamos sobresaltos, pero la solución no es prepararse para partir. Espero no encontrarme jamás en la obligación de dejar Túnez, y hoy no me veo viviendo en otro lugar.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Me siento ciudadano del mundo. Por mi oficio, tuve el privilegio de recorrer el planeta y de descubrir culturas y países diversos y magníficos. Eso me aportó muchísimo y me enriqueció formidablemente, pero sólo necesito una única patria.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.