Italia Erri de Luca

Erri De Luca

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Una persona que preferiría quedarse en su casa, pero que por necesidad se ve impelida a dejarla para tratar de salvar su vida y la de otros. Soy parte de un pueblo que en el siglo XX ha emigrado por millones a otras partes del mundo, buscando protegerse de la miseria. Muchas personas se salvaron a sí mismas y a sus familias que habían permanecido en la patria.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

No hay diferencias en lo que respecta a la necesidad, pero las diversas motivaciones producen un comportamiento distinto. Quien emigra a causa de la miseria quiere y debe trabajar en el país anfitrión, mientras que quien emigra a causa de la guerra o del exilio sólo quiere esperar que llegue el momento de volver. Un país que hospeda refugiados obtiene más beneficios del inmigrante por motivos de pobreza, porque se puede aprovechar de su extrema necesidad de trabajo.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

La mayoría de las personas que se encuentran en un área contaminada se quedan por falta de alternativas. En la “tierra de los fuegos”, en Campania, las personas mueren de cáncer pero el territorio no se despuebla, al igual que en Taranto, en los alrededores de la planta de producción de la empresa siderúrgica ILVA. Son pocos los que advierten el peligro y tienen los medios como para poder irse de allí. Los terremotos no causan éxodos, pero sí campamentos.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando se regresa al hogar. También cuando alguien se hace ciudadano del nuevo país, cuando aprende las canciones, cuando su hijo nace en esa tierra, cuando empieza a soñar en la nueva lengua de acogida.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Existe un derecho al asilo en la historia del Mediterráneo. La civilización del Antiguo Testamento prescribe el establecimiento de ciudades de refugio. La historia de las hambrunas también habla sobre las bienvenidas en los países prósperos. Egipto recibe a los hermanos de José que huyen de la prolongada sequía. Ulises es acogido en sus vagabundeos entre las islas antes de volver a Ítaca. Este antiguo derecho al asilo está sancionado en la Constitución de la Unión Europea.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Un comportamiento criminal anula el derecho y el beneficio.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

El derecho al asilo es ilimitado, sin cuotas. El pequeño Líbano acoge a más de un millón de sirios, al igual que la pequeña Jordania. Es necesario saber que sólo una mínima parte de las personas desea alejarse de su área geográfica, buscar otro continente. Sólo el 5% de los refugiados del mundo se empeña en solicitar asilo en países lejanos. Se trata de cuotas modestas, tranquilamente aceptables para las naciones europeas.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

En Italia se aprueban pocas solicitudes de asilo, también porque somos un país de tránsito. La mayoría de los refugiados que llega a nosotros prefiere seguir hacia otros países.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

No. Incluso cuando obtienen –con dificultad– el permiso, una mafia de subcontratistas se disputa una parte de los fondos asignados para su sustento.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

No existe esta alternativa. Sólo sería una suerte de chantaje para inducir a la población a que rechace al refugiado. En Italia no hay siquiera un ingreso mínimo para sus ciudadanos pobres garantizado por el Estado. No existe un fondo social del cual sacar para darles a los refugiados.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

No hay una directiva, se procede por ósmosis. Cada localidad tiene sus propias oportunidades de acogida. Una ciudad de Calabria, Riace, pone a disposición alojamientos vacíos y emplea a los refugiados en actividades socialmente útiles. Un refugiado tiene necesidad de trabajo, de un alojamiento, de un ingreso mínimo y de poder mantener contactos con la madre patria. Son necesidades elementales que se satisfacen de diferentes maneras de un lugar a otro.

No exigencias, pero sí oportunidades de relacionarse con el anfitrión, por eso en algunos lugares saben aprovecharse de esta situación y en otros no. Queda el hecho de que somos un territorio de tránsito y sólo una pequeña cuota –menos del 20%– decide quedarse.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Sí, paso tiempo en esos lugares, escucho y recojo las historias, he dado trabajo regular, ayudando así a completar el camino hacia la obtención de los permisos de residencia y los derechos de protección.
 

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

Continuaremos viendo pasar flujos migratorios, sin ayudarlos y sin poder desalentarlos. Continuaremos siendo espectadores del peor transporte marítimo de seres humanos en la historia del Mediterráneo. Continuaremos contando los náufragos y los rescates. Europa se ha puesto en una posición en que sólo es capaz de tolerar la historia, no de gestionarla. Italia sufre las grandes migraciones también debido a su geografía en forma de “puente”, como un largo embarcadero en medio del Mediterráneo. No veo evolución ni diferencia entre dos y veinte años. El mayor cupo de nuevos residentes entre nosotros sólo será diferente en el arco de veinte años por efecto de renovar nacimientos y reemplazar nuestra esterilidad.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Sólo con el suicidio de la humanidad por medio de alguna catástrofe colosal puedo imaginar unos pocos sobrevivientes que se replieguen sobre sí mismos en su propio lugar. Desde el inicio de las Sagradas Escrituras la divinidad le dice a la especie humana que se multiplique y se esparza por la Tierra. Somos una especie errante y vagabunda, miramos el espacio estelar en busca de una nueva Tierra.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Fui obrero inmigrante en Francia en los años ochenta; he pertenecido a la última tanda de italianos emigrados del siglo XX. Mis padres han conocido las fugas de las ciudades bombardeadas, una experiencia habitual de su generación.

¿Piensa que podría serlo en el futuro?

No excluyo el exilio forzado de mi futuro.

En caso afirmativo: ¿por qué?

Los motivos podrían ser políticos.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

No me es necesario el equipaje para abandonar mi lugar de residencia. Lo que necesito cabe en una mochila.

¿En qué país se refugiaría?

Tocaré la puerta de Francia, segunda patria de muchos exiliados, que en el pasado ya me ha acogido como obrero, después como escritor y posteriormente como acusado de delito de opinión en Italia.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Mi patria es el diccionario de la lengua italiana.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.