Francia Geneviève Brisac

Geneviève Brisac
Foto: Philipp Matzas, Agence Opale

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Soy y no soy yo. Podría ser yo y, sin embargo, no sé prácticamente nada de aquello que viven esos millones de personas. Pero pienso en mis antepasados, judíos alemanes, judíos españoles, turcos armenios o griegos, o súbditos del Imperio Austrohúngaro, que tuvieron que echarse a andar y subirse a los trenes, a los carros o a los barcos para huir y tratar de encontrar refugio. Algunos en Italia o en Francia, otros en los Estados Unidos o en Inglaterra, pero también en otras partes.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Por supuesto que existen diferencias: cada situación histórica y geográfica es única. Ocurre que las tres razones para huir se mezclan y son difíciles de distinguir: el hambre, la guerra y la violencia política, étnica o racista, como en el caso de los judíos polacos en 1920. Sin embargo, ello no quiere decir que un exilio sea más legítimo que otro. Despreciar a los refugiados pobres para promover a los refugiados políticos, cuando estos son de clase acomodada, es una política más bien miope. La riqueza de un ser humano no es necesariamente proporcional a su origen social. En cuanto a la generosidad, su característica radica precisamente en no esperar recompensa alguna.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Los problemas ambientales se convierten siempre en problemas políticos. No quedan dudas de que, en la medida que sea posible, uno dejaría atrás una tierra desertificada, inundada o devastada por una sequía o un incendio. Desgraciadamente, todos nosotros nos confrontaremos a crisis ambientales agudas y no podremos abandonar… nuestro planeta.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando la persona se siente en el país que la recibe como en su casa.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Por supuesto. Es deber de los países ricos y en paz contribuir a restablecer el equilibrio en nuestro mundo común. De no hacerlo, ya sabemos que corremos peligros aun mayores. Ya lo hemos visto.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Les corresponde a los jueces y al sistema judicial juzgar eso.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

No lo creo. No debería ser así. Se lo invoca para justificar la eterna xenofobia. Los españoles y los italianos han sido rechazados en Francia hasta que el ostracismo y el racismo del cual eran víctimas se centraron en otros objetivos.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Sí. Es sabido. Pero los privilegiados de hoy no lo serán necesariamente mañana, y a la inversa.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

No lo creo.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Sí.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

La inteligencia, la humanidad, la curiosidad mutua.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

La inteligencia, la humanidad, la curiosidad mutua.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Por supuesto.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Como puedo. De manera más o menos activa o generosa según las circunstancias. Por medio de asociaciones.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Espero que mejore.

¿Y en las próximas dos décadas?

No lo sé…

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Sí. Pero sé que estoy soñando.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Mayor intercambio y comprensión mutua.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Sí. Mi familia viene de todas partes del mundo. Sin embargo somos franceses y sabemos francés. Es una larga historia.

¿Piensa que podría serlo en el futuro?

No lo excluyo.

En caso afirmativo: ¿por qué?

La violencia política y el racismo son peligros permanentes. El nacionalismo y el populismo también me aterran.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

Pienso en la frase de mi padre: “Si me tengo que ir, siempre podré trabajar de mayordomo o de camarero”. Yo también, de camarera.

¿En qué país se refugiaría?

¡Hay tantos! Quebec, Italia, Suecia, Estados Unidos…

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?**

Voy a citar la frase de Marguerite Yourcenar: “No importa, da igual, no somos de aquí, nos vamos mañana”.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.