Memoria y poder  La "mãe preta" inventada

Memoria Foto: Claudia Casarino

La foto de una mujer negra en la pared de la cocina de mi abuela blanca brasileña deja muchas preguntas abiertas. Mi abuela llama a esta mujer "madre negra". ¿Pero quién era realmente?

¿Hasta qué punto la ausencia corporiza estructuras de poder? Esta pregunta surgió de una foto que estaba colgada en la pared de la cocina de mi abuela brasileña en Alemania y que muestra a una señora mayor llamada Nhá Maria a la que mi abuela le dice su mãe preta, madre negra. Mi familia siempre supuso que Nhá Maria había cuidado a mi abuela blanca, que era hija de inmigrantes alemanes y vivió hasta los veintiún años en Brasil. Sin embargo, conversaciones con mi abuela revelaron que ella no sabía casi nada de aquella persona. Nhá Maria no había sido ni empleada doméstica ni niñera de la familia. Sólo que vivía en el mismo barrio y, según los relatos, era famosa entre los vecinos por su talento como sanadora y por su solicitud. ¿Qué llevaba entonces a mi abuela a llamarla mãe preta?

El teórico cultural Stuart Hall me sirvió de inspiración para buscar el significado profundo de la foto –y de la caprichosa calificación de mãe preta– en aquello que no era visible y sobre lo cual mi abuela y su familia sólo fabulaban. La foto da expresión al desconocimiento de la historia de Nhá Maria. Ese desconocimiento constituye el terreno propicio para el pensamiento colonial y lo transporta al presente. Para romper con la reproducción del poder colonial hay que rastrear las representaciones coloniales blancas, ponerlas al descubierto y así quitarles fuerza.

La urgencia de transformación

En el proceso colonial de construcción de Brasil, las mujeres esclavizadas sufrieron una explotación doble. Por un lado, trabajaban en las plantaciones y en la casa de los señores, la casa grande. Si parían un hijo, también se las esclavizaba como nodrizas de los hijos de sus “amos”. El abuso de su maternidad –de su leche, de su afecto– aseguraba de este modo la continuación biológica de una sociedad organizada de modo racista. En las fotos y retratos de la mãe preta surgidos en tiempos coloniales se vuelve evidente cómo se romantizó y se fetichizó el mito de la esclava negra que le da el pecho a su pequeño “amo” blanco. La figura de la mãe preta aparece como la pieza central de la producción y reproducción económica, biológica y social de la división social colonial.

Pero, como resaltó en 1994 la antropóloga brasileña Lélia González, nunca se da opresión sin resistencia. González entendió a las “madres negras” como mujeres que transmitían el saber y los valores de su origen afrobrasileño a los hijos de sus opresores, les enseñaban a hablar y así, de modo invisible, dejaban huellas profundas en la formación de la sociedad brasileña. Este cambio de perspectiva es fundamental para la transformación decolonial: aunque las huellas de Nhá Maria no se puedan captar de modo inmediato, su foto estuvo colgada todos estos años y nos recordó la silenciada historia de las mujeres brasileñas.

La foto

En el reverso del pequeño marco puede leerse en portugués: “Vaya este retrato para mi amiga Nhá Barbara [mi abuela]. Con añoranza, Nhá Maria.“ La foto, tomada hacia 1960, muestra a una mujer de cierta edad, sentada delante de una casita, que, con aire orgulloso y triste, mira a cámara y en las manos sostiene una estatua de la patrona de Brasil, Nossa Senhora Aparecida.
Nhá Maria: la historia de la mujer, que nunca se contó: Nhá Maria: la historia de la mujer, que nunca se contó: | Foto: Archivo privado Alma Kaiser
Los ancestros alemanes de mi abuela habían emigrado a Brasil en 1881, una época en que ese país aspiraba a una inmigración de millones de europeos a fin de producir el “blanqueamiento” de la población. Brasil abolió la esclavitud recién en 1888, de modo que mi abuela, nacida en 1930 como hija de un inmigrante alemán y una brasileña de origen alemán, se crio en un ambiente seguramente racista. Creció en parte en una fazenda de café del interior del país, donde conoció a Nhá Maria en los años cuarenta. Cuando le pregunté por qué llamaba a Nhá Maria mãe preta, respondió que Nhá María les daba su bendición a ella y a todos los vecinos y que los protegía con sus poderes curativos. No tenía nada más que informar pero observó: “Qué interés que tienes en ella [Nhá Maria]... Nadie tenía interés en ella cuando estaba viva.”

Fantasías blancas

La foto conservada hasta hoy da testimonio de un conocimiento amistoso entre una mujer negra y una muchacha blanca en el Brasil de los años cuarenta. Al mismo tiempo habla del desconocimiento de la historia de esa mujer, dado que –como mi abuela misma observa– nadie se interesaba por ella en vida. El desconocimiento –todo lo que no oímos ni vemos o no queremos oír ni ver– constituye un terreno propicio para las fantasías sobre lo que percibimos. Siguiendo a Stuart Hall conjeturo que mi abuela, en su desconocimiento sobre Nhá Maria, se apropió de la representación colonial de la mãe preta para dar espacio a su fascinación por esa mujer negra mayor. La consecuencia es que mi familia alemana construyó una especie de leyenda exótica en torno a Nhá Maria como niñera de mi abuela, aunque nunca lo fue.

En su representación, mi abuela reducía a Nhá Maria a tres propiedades: negritud, feminidad, y cuidado espiritual. Semejante reducción de una persona a sus atributos es, según Stuart Hall, típico del desarrollo de un fetiche, lo que a su vez es una reacción psicológica –e inconsciente– a un tabú. Dentro de un ambiente reaccionario como en el que vivían mi abuela y Nhá Maria, su amistad era un tabú. Supongo que, a través de la fetichización inconsciente de Nhá Maria como mãe preta, mi abuela quiso volver posible la relación con una mujer negra en aquel contexto..

Como nadie preguntó alguna vez quién había sido el ser humano Nhá Maria, la fantasía colonial asociada a la foto pudo seguir desarrollándose y convertirse hoy en una leyenda. La foto deja en claro que no se le prestó atención a la historia concreta de Nhá Maria. No sabemos cómo transcurrió efectivamente su vida. Al mismo tiempo se desarrollaron representaciones –fantasías– en torno a su identidad, que corresponden a un pensamiento colonial y lo transportan al presente. Una mãe preta más o menos inventada, que de hecho nunca existió.

Huellas

Mientras no cuestionemos la ausencia de las historias de las mujeres negras en los archivos familiares de los blancos, estaremos reproduciendo en el presente la objetivación de mujeres negras. La amistad y la intimidad pueden esconder la reproducción del poder. Dado que la intimidad entre el bebé blanco y su nodriza esclavizada era central para la reproducción del poder colonial, la utilización del concepto mãe preta por parte de mi abuela para describir su amistad con Nhá Maria resulta problemática. Precisamente porque mi abuela no conoce la historia de Nhá Maria, reproduce ese concepto propio de la romantización colonial de las mujeres negras en Brasil.

Mi abordaje de la foto es un comienzo en otra dirección: esa imagen no volverá a colgar muda en la pared de una cocina alemana. Sin embargo, la foto no llega a contar la historia de Nhá Maria. Las historias ausentes no pueden ser contadas por quienes no se interesaron en la persona en cuestión cuando esta vivía, o incluso la hicieron callar. Esta perspectiva hace de la foto un archivo de la resistencia: la historia de Nhá Maria será siempre sólo suya.

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