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Poesía
Jessica Freudenthal Ovando

Jessica Freudenthal
Jessica Freudenthal Foto: © privado/privat

De Jessica Freudenthal Ovando

Jessica Freudenthal Ovando escritora boliviana. Trabaja en poesía, ensayo, cine y arte. Nació en Madrid, España, en 1978.
En poesía ha publicado “hardware” (Plural, 2004 segunda edición 2009), “Poemas Ocultos” (Yerba Mala Cartonera, 2006). “Demo” (Catafixia, 2009), “El filo de las hojas” (3600, 2015).
Es fundadora del Colectivo LEE, junto a Claudia Vaca, a través del cual gestiona proyectos de fomento a la lectura y de diseño de metodologías para la educación y el desarrollo social.
 



Tu poemario “Demo” parece un poema largo con un eje temático: Bolivia. ¿Cómo lo concebiste?

“Demo” se gesta a partir de la lectura e investigación de poesía espacial y caligramática. Llegué a la forma a partir de la necesidad interna del libro, es decir de la temática: mi identidad fragmentada y un país que atravesaba, en ese momento, un proceso de cambio que soñamos profundo y distinto. Un poemario que esté a la “altura” de Bolivia debe estar a diversas alturas, nuestro territorio abarca cumbres altísimas en los andes, valles, selvas tropicales, Chaco, Amazonía, excepto mar. La “altura” de Bolivia es diversa, y es lo que trata de mostrar “Demo” con una estructura basada en preguntas y una voz poética en la primera persona del plural: “¿quiénes somos nosotros?” El mundo no se reduce a lo que el político en turno decida qué es o debe ser. “Demo” es un poema largo, fragmentado, que muestra un país también escindido: cultural, social, económica y políticamente. La voz poética es un “nosotros” en tono irónico y cuestionador, que pone en tela de juicio la “noción de nación”.
 
En tu escritura encuentro un fuerte compromiso con la realidad: en “El filo de las hojas” hay una serie de poemas dedicado al problema de los feminicidas…  ¿qué inspiró esos textos?

Prefiero hablar de motivación. Viví en México por cuatro años, a principios de la década del 2000, en Ciudad de México. Por la colonia donde yo estudiaba, Iztapalapa, las paradas de metro y bus estaban empapeladas con afiches de rostros de mujeres desaparecidas. Las noticias sobre violencia de género están enfocadas en la pasividad de las víctimas: “mujer fue violada”. Este es el relato pasivo que invisibiliza al victimario, hace desaparecer al asesino, al violador. Por ello la voz poética de este poemario es la del asesino, el comienza y cierra el libro. Al final el lector es un cómplice, como en la vida real, el público es consumidor de noticias, series y novelas de este contenido. Este poemario intentaba entrar en la mente de un asesino que, metafóricamente, mataba a las letras del alfabeto, aludiendo a la imposibilidad de dar fin con el lenguaje escrito. Sin embargo, terminó siendo también una reflexión sobre las víctimas de la historia y la literatura, que son símbolos de la tragedia real de la violencia histórica hacia las mujeres y los grupos más vulnerables. Creo que la poesía siempre ha sido un instrumento de denuncia, quiérase o no. Recordemos que fue por una poeta mexicana el movimiento “Ni una menos” toma su nombre; Susana Chávez escribió “Ni una muerta más” en 1995, y luego ella misma fue asesinada el 2011. El movimiento luego creció a partir de marchas en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y otros países

¿Quiénes son las escritoras bolivianas que te han marcado? ¿Y cómo ves el mapa actual de la poesía boliviana escrita por mujeres?

La primera escritora boliviana me influenció fue Blanca Wiethüchter; tuve la fortuna de pasar con ella un taller en los noventa. Ella me dijo entonces que “mejor me dedicara ser zapatera u otra cosa” porque como escritora estaba perdida. Su comentario me llevó a escribir rigurosamente.  Hilda Mundy llegó después, la leí a profundidad luego de publicado Hardware (2004). La leí antes en La Mariposa Mundial #3, me marcó su humor negro y la estructura de su obra.
La tradición literaria de poesía escrita por mujeres es difícil de rastrear en sus orígenes, ahora trabajo en una antología bilingüe, al inglés. Debo admitir: borroso el mapa, ardua la labor de hacer la cartografía. Sin embargo, considero que hoy en la poesía boliviana predominan las mujeres. No estoy hablando de cantidad, pero considero que la calidad de la poesía que ellas producen es inminente. Blanca Wiethücther, como dije al principio, es un puntal. Matilde Casazola, Norah Zapata, Blanca Garnica, Virginia Ayllón, Marcia Mogro, María Soledad Quiroga, Vilma Tapia, Sulma Montero, Paura Rodríguez Leytón, Esperanza Yujra y Mónica Velásquez son nombres que forman la literatura fundamental escrita por mujeres. Más jóvenes, Adriana Lanza, Elvira Espejo, Janina Camacho, Emma Villazón (†), Montserrat Fernández, Claudia Pardo, Carolina Hoz De Vila y Claudia Vaca. Nuevas voces de la literatura escrita por mujeres: Iris Kiya, Milenka Torrico, Anahí Maya Garvizu y Melissa Sauma son ya reconocidas en cuanto a sus aportes a la poesía y la literatura boliviana. Así como Karin Littau se pregunta sobre una “política sexual de la lectura”, creo que vale la pena una profunda reflexión sobre una “política sexual de la escritura”. Dejemos abierta la pregunta.
 


 

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