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Alexander von Humboldt en los Estados Unidos
Entre el entusiasmo y la decepción

| © Erika Torres, 2019.

La estancia de Humboldt en los Estados Unidos, después de su viaje por América Española, no recibe la consideración que merece. Más que una visita breve durante su regreso a Europa, fue el comienzo de una intensiva cooperación científica. 

Al final de su viaje expedicionario por las colonias españolas de América (1799-1804), Alexander von Humboldt visitó durante seis semanas los jóvenes Estados Unidos. Fue sólo una pequeña parte del país lo que en ese lapso de tiempo pudo ver junto con sus dos compañeros de viaje, el botánico francés Aimé Bonpland y Carlos de Montúfar, un aristócrata oriundo de Quito.

Desde La Habana, llegaron en barco el 20 de mayo cerca de Filadelfia y se quedaron cinco días en la ciudad, donde Humboldt fue introducido en la comunidad científica gracias a la American Philosophical Society. Después, junto con algunos de sus nuevos conocidos norteamericanos, entre ellos el pintor y naturalista Charles Willson Peale, partieron con dirección al sur hacia la nueva capital, Washington. Allí pasaron los siguientes doce días entre diversas visitas, excursiones y eventos sociales. Sin duda, el punto culminante aquí fue el encuentro con Thomas Jefferson, el ilustrado presidente de la nación, que se interesaba por las ciencias naturales. Pasando por Lancaster regresaron a Filadelfia, donde los viajeros se quedaron dos semanas antes de regresar a Europa. 

Interés inicial en los Estados Unidos

El interés de Humboldt por los Estados Unidos ya había despertado cuando era estudiante en la Academia de Comercio de Hamburgo, una institución de fama internacional fundada por Johann Georg Büsch en 1768, a la que asistió entre agosto de 1790 y abril de 1991. Allí tuvo como docente a Daniel Ebeling, por entonces el más conocido especialista en geografía e historia norteamericanas. Ebeling había reunido una importante biblioteca sobre los Estados Unidos, en la que el joven Alexander se familiarizó con autores estadounidenses. Ya entonces le habría gustado viajar a los Estados Unidos, según le comunicó en 1791 a un amigo de la academia. Otro estímulo se produjo en febrero de 1801 en Cuba, cuando se encontró con el botánico escocés John Fraser, que ya había emprendido extensos viajes por los Estados Unidos.

Más de una década después, durante su estancia en Nueva España, Humboldt vio que se presentaba la oportunidad: la compra del territorio de Luisiana por parte de los Estados Unidos en 1803 fue el desencadenante de la exploración del oeste, tan ansiada por Jefferson. La eventual participación en este desafío científico era a ojos de Humboldt una perspectiva prometedora. Entonces pudo establecer los contactos necesarios. Además, después de haber visto casi cinco años en los territorios españoles las consecuencias negativas del sistema colonial, Humboldt evidenciaba curiosidad por conocer también la parte de América que ya había alcanzado su independencia. 

Promoción de conocimientos científicos

A pesar de su “deseo ardiente” por volver a ver París y comenzar allí con la elaboración de los resultados de su investigación, no pudo resistir a la tentación de conocer una sociedad que “comprende el valioso don de la libertad”. Era su “interés moral” familiarizarse con los Estados Unidos, un país “gobernado sabiamente”. 

Después de experimentar en Sudamérica impresionantes fenómenos naturales, en los Estados Unidos fue el momento de establecer diálogos con las las “grandes personalidades”. Humboldt estaba fascinado por el sistema político y la libertad social del país y lo consideró un modelo futuro tanto para las monarquías de Europa como para los territorios coloniales. Los Estados Unidos encarnaban el ideal de Humboldt no sólo en un sentido político sino también en la puesta en práctica de principios ilustrados con miras al progreso de la ciencia. Humboldt se mostró especialmente impresionado por el activo papel que el gobierno de Jefferson jugaba en la promoción de los conocimientos científicos.
 

Punto a criticar, la esclavitud

Para su gran decepción, sin embargo, Humboldt encontró en los Estados Unidos también algunos males sociales que había considerado sólo una consecuencia del sistema colonial y que, según su parecer, no debían tener lugar en la joven república. El aspecto más relevante aquí era el de la esclavitud, que Humboldt aborrecía profundamente. A pesar de su entusiasmo inicial por el “Jeffersons Empire of Liberty” nada impidió que a lo largo de los años Humboldt expusiera de modo abierto sus críticas, tras ver que ese concepto de libertad estaba limitado únicamente a una pequeña parte de la sociedad. 

Sin embargo, Humboldt conservó toda su vida un activo interés por los Estados unidos. Aunque al final, y a pesar de sus intenciones, no pudo visitarlos por segunda vez, a través de sus extensos contactos fue capaz de participar a distancia en el desarrollo científico y político del país.

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