Oasis en la ciudad: los jardines Schreber cumplen 150 años

Los ingleses tienen jardines paisajísticos de grandes dimensiones; los franceses, juguetones jardines barrocos. ¿Y los alemanes? Tienen jardines pequeños. Hay más de 530.000 en el país. Son oasis verdes en medio de la ciudad, pero también sinónimo de la mentalidad pequeñoburguesa alemana.

Kleingartenverein Dr. Schreber en Leipzig


Quien visite el Kleingartenverein Dr. Schreber (KGV, “Asociación del Jardín Pequeño”) de Leipzig, primero se encontrará con un gran espacio verde, que constituye el centro del lugar. Allí hay toboganes, hamacas y otros juegos infantiles. Los jardines están instalados alrededor. El Kleingartenverein tiene ciento sesenta y dos parcelas y en 2014 celebró su aniversario número 150.

La denominación Schrebergarten (“Jardín Schreber”) se remonta al KGV Dr. Schreber, pero induce a un equívoco doble. Por un lado, cuando se fundó, en 1864, la Asociación Schreber aún no tenía nada que ver con jardines. Simplemente era una asociación de padres yos jardines se agregaron después. Por otro lado, quien le dio el nombre a la asociación, el doctor Moritz Schreber, no tuvo nada que ver con la fundación. El pedagogo había muerto en 1861.

El responsable de que la asociación, y luego los jardines, se llamaran así fue el director de escuela Ernst Hauschild. Partidario del pensamiento de Schreber, compartía especialmente la idea de que los niños necesitaban más espacio para la actividad física. Durante la industrialización del siglo XIX, dada la construcción de fábricas y complejos habitacionales, fueron desapareciendo los espacios libres en las ciudades. “Hauschild quería solucionar ese problema”, dice Alexandra Uhlish, guía del Deutsches Kleingärtnermuseum (Museo Alemán de los Jardines Pequeños), que funciona en la sede del KGV Dr. Schreber.


Para contrarrestar esas malas condiciones, Schreber quería crear “paraísos infantiles”. Esa fue la idea fundadora de la asociación de padres de Hauschlid. “Hauschild propuso que con los aportes de los miembros se alquilara un terreno donde los niños pudieran jugar y hacer gimnasia”, explica Uhlish. Allí, bajo supervisión, los niños podían pasar el poco tiempo libre que tenían. Pero hay un detalle especial: todos los niños podían ingresar al lugar, no sólo los hijos de los miembros. “Era un lugar abierto a todos”, aclara Uhlisch. Y los niños podían jugar pagando la “tarifa Schreber”, es decir, gratis.

Los jardines fueron introducidos por Heinrich Karl Gesell, uno de los primeros coordinadores de juegos, que entretenían y vigilaban a los niños. La idea fue originaria de Berlín. Allí era común que se instalaran huertos para que los alumnos aprendieran cómo funciona el cultivo y cuidado de las plantas. En esos comienzos no se trataba de producir para el propio aprovisionamiento. De eso se ocupaban los Armengärten (jardines para pobres), que existían en Alemania desde 1814. Los primeros huertos para personas necesitadas se instalaron en el solar de una iglesia, en la ciudad de Kappeln an der Schlei, en el estado de Schleswig-Holstein.

Los jardines de la asociación Schreber no alcanzaron el esperado éxito pedagógico. Alexandra Uhlisch opina: “El entusiasmo se pasa antes de que los rabanitos terminen de crecer”. Los niños perdieron el interés y los padres se hicieron cargo del lugar. El terreno se dividió en parcelas, se construyeron senderos y se instalaron cercos. Así surgieron los Schrebergärten tal como los conocemos hoy. Para sus propietarios eran una especie de refugio: un lugar idílico en medio de la ciudad. Un espacio en la naturaleza, pero céntrico.
 

Césped cortado, canteros perfectos

Pero la imagen de los Schrebergärten no sólo está asociada con el oasis. Con su césped cuidadosamente cortado y sus canteros perfectamente cuadrados, también son símbolo de la mentalidad pequeñoburguesa alemana y del amor al orden. Todo está bien delimitado, mantenido y coronado por el símbolo de la cursi calidez hogareña: el enano de jardín.

Algo de esa calidez y ese amor al orden se ha conservado en el KGV Dr. Schreber. Si uno camina por los estrechos senderos, encontrará superficies verdes esmeradamente podadas, pero también idilios de estilo salvaje. Sus arrendatarios pueden ser personas solitarias o participar en la vida comunitaria, como Helga Honer. A sus ochenta y dos años se reúne regularmente con otras mujeres y pasan el tiempo juntas en la asociación. “Es un grupo muy divertido”, dice Honer. “Además, te mantiene activa y joven.”

Para proteger esta forma de convivencia desde 1983 existe una ley federal de jardines pequeños. Una regulación única en su género, según Uhlisch. Los jardines pequeños son el único pasatiempo que tiene una ley en el plano federal. Y no sin razón: los lotes, a menudo situados en el centro de las ciudades, atraen el apetito de los inversores. “Esos terrenos tienen mucho valor económico”, explica Uhlisch. Su subsistencia, sin embargo, está asegurada por la ley.

Y esto se corresponde con el interés de la gente. En los últimos años, los Schrebergärten han experimentado un renacimiento. Sobre todo las familias jóvenes consideran atractivos esos oasis verdes. La gran demanda también se evidencia en el KGV Dr. Schreber de Leipzig. Allí están ocupadas todas las parcelas. Y la lista de espera es larga.