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Cidinha da Silva
Un tigre no proclama su tigritud, ¡ataca!

© Marina Camargo, 2019.
© Marina Camargo, 2019.

El sistema racista pone en una misma bolsa y trata como un “bloque monolítico mujer negra” a un grupo amplio y diverso de artistas, señala la escritora brasileña Cidinha da Silva.

Para discutir la cuestión propuesta, “lo que mi identidad negra representa para la literatura que produzco”, es necesario contextualizar brevemente el lugar que ocupan las mujeres negras en el sistema literario brasileño, que incluye el mercado editorial y de venta de libros, las políticas públicas para el libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas, la producción autoral de esas mujeres y su recepción y su crítica.

Somos pocas. Somos raras. Pero eso no es suficiente para considerarnos en nuestra singularidad. Por el contrario, el sistema racista se vale del expediente de agrupación, con el objetivo de decir que “somos todas la misma cosa y por eso podemos ser puestas en la misma bolsa y tratadas como un bloque monolítico ‘mujer negra’”. Por otro lado, existe una fuerte tendencia de un conjunto de mujeres negras escritoras a presentarse de modo colectivo como estrategia de protección y fortalecimiento. De ahí vienen expresiones como: “La mujer negra escribe de tal modo sobre este o aquel tema teniendo en cuenta tales y cuales premisas”, como si existiese la entidad “escritora negra” que nos representara de manera indistinta.

A esto se añade que ahora estamos encubiertas por un debate epitelial sobre el “lugar de habla”, entendido como derecho a abordar ciertos temas o no restringidos a los sujetos sociopolíticos que los protagonizan. La manera llana con que esa demanda política se enunció en términos de la noción, también superficial, de “empoderamiento”, oblitera la cuestión profunda propuesta por feministas y grupos de izquierda hace décadas, en el sentido de exigir condiciones para que la voz de los acallados y subalternizados pueda alzarse con fuerza y produzca la escucha adecuada.

Disputa de poder: algo mayor que el “empoderamiento”

La expresión “lugar de habla”, en buena mediad, ha funcionado en esta época como un tropo para decir: “Usted (blanco, varón, persona cis) no puede hablar porque ya me hizo desaparecer (personas negras, LGBTQI+, no binarias, mujeres negras), me ignoró, violentó tanto tiempo que ahora es mi turno y usted se va a quedar callado”. Es un tropo en la medida que el machismo, el racismo, la LGBTQfobia, entre otras estrategias de conquista y sostenimiento del poder de unos grupos humanos sobre otros, se constituyen como sistemas complejos, intrincados y mucho más amplios que las personas. Y la disputa de poder es algo mayor que el “empoderamiento” de las personas subalternizadas, mera acción exterior a la persona vaciada de poder, ya que supuestamente la inviste de este (“la empodera”).

Este cuadro produce, entre otros resultados en el mundo del libro, el surgimiento de la pequeña sección “literatura de mujeres negras” en librerías grandes y medianas, una especie de “pollo relleno completo” en el cual se mezclan autoras de libro de autoayuda, de empoderamiento, abordajes teóricos para todos los niveles de exigencia y también literatura. Libros escritos por autoras brasileñas, estadounidenses, africanas y de la Diáspora, notoriamente aquellas que se destacaron o se destacan en las principales plataformas y festivales literarios y que también gozan de lugares principales en el sistema mediático. Me encantan esas secciones, no se engañen. Creo que es importante que existan, espero (y trabajo para) que crezcan y se vuelva algo más estructurado y menos una “tiendita de comidas y bebidas”.
 

Encerrarse en la mazmorra del “lugar de habla”

Dado este contexto, ¿cómo me posiciono? Como el tigre de Soyinka, directamente ataco. No pido autorización para hablar ni para ser quien soy. Tampoco me hago más pequeña en los “lugares de habla” que el sistema literario y el sistema racista intentan definir para mí, pues eso nos circunscribe a una cajita/jaulita y deja el resto del mundo para ellos. Nos encerramos en la mazmorra del “lugar de habla” mientras la política de generación, garantía y propagación de los privilegios de la blanquitud sigue siendo dictada desde las torres del castillo.

Mi identidad negra me define e inscribe en el mundo. Sé de dónde vengo, quién soy, dónde estoy (por qué estoy aquí) y adónde quiero llegar. Soy una mujer negra y experimento todos los atravesamientos que esto engendra en una sociedad estructuralmente racista y racializada como la brasileña. Dicho esto, soy libre y estoy dispuesta a discutir los procesos implicados en la producción de dieciséis libros que he publicado en trece años de carrera.
 

Racismo subliminal

Disecaré el racismo todas las veces que se presente frontalmente o se esconda entre líneas, en lo subliminal, en lo no dicho de los procesos creativos en que me involucre. Pero ese es uno entre los innumerables temas que me interesan, me atraviesan o se imponen. Y siempre estará el desafío de cómo abordarlos, pues el “cómo” define el texto literario.

Los temas que de hecho me interesan, además de aquellos que la ética, el respeto absoluto a los derechos humanos y mi posicionamiento crítico como mujer negra me obligan a abordar, son: africanidades, orixalidades, el diálogo y la tensión entre las tradiciones (africanas, afrobrasileñas y afroindígenas) y la contemporaneidad. Siempre orientada por la máxima de que un tigre no proclama (ni pide permiso para) su tigritud: ataca e impone al mundo su existencia.

 

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