Live-Streaming ¿Concierto digital, aura virtual?

La orquesta Gürzenich de Colonia, bajo la dirección de François-Xavier Roth, es una de las pioneras del Live-Streaming
La orquesta Gürzenich de Colonia, bajo la dirección de François-Xavier Roth, es una de las pioneras del Live-Streaming | Foto ⓒ Matthias Baus

Sir Simon Rattle agita su batuta, la cámara captura sus movimientos y el mundo entero puede disfrutar del espectáculo. Las transmisiones en tiempo real –conocidas también como live-streaming- se han transformado en una modalidad cada vez más utilizada para difundir la música a través de los nuevos medios. Un desarrollo que abre nuevas posibilidades a las orquestas y a los músicos para mostrar su trabajo.

La música es un arte performativo, cuya aura surge en volátiles momentos durante la ejecución de un concierto. Ya en 1935, Walter Benjamin analizó la transformación del aura en su libro La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica; alrededor de 80 años más tarde y una revolución mediática mediante, la música experimenta bajo el signo digital un nuevo cambio. Hoy, el Live-Streaming permite que la ejecución musical se libere de los límites de escenario y sea transmitida en tiempo real a cualquier receptor que disponga de una conexión internet. Pero, ¿es posible que la performance transmitida por vía digital transporte también el aura?

SALIR DE LA SALA

La historia del desacoplamiento de las ejecuciones musicales de las salas de concierto comienza a fines del siglo XIX: el fonógrafo reúne la capacidad técnica de registrar y reproducir sonidos en un aparato, mientras que la telegrafía y la telefonía posibilitan la transmisión inalámbrica de la música. El gran problema son las interferencias que enturbian la calidad del sonido y cuya eliminación se transformará en el gran desafío de los técnicos en sonido. Este desarrollo fue profundizado años más tarde por los pioneros de la música electrónica, como Karlheinz Stockhausen, que le quitaron a la música toda referencia concreta y, con ello, en opinión de muchos, su manifestación aurática. Paralelamente, comenzó el crecimiento de los medios de masas, concretamente la radiofonía y la televisión, que popularizaron de manera radical las transmisiones en vivo de los conciertos.

Las radiodifusoras públicas incluyeron, desde sus inicios, la transmisión de conciertos en su programación, incluso con orquestas propias, haciéndolos accesibles por esta vía a un amplio público a través de los receptores de radio domésticos. Pero como se sabía que el mágico momento del aura solo era posible en la simultanea confluencia de intérpretes y público, los organizadores de conciertos y las salas de ópera se comenzaron a transformar las transmisiones en vivo de los grandes conciertos en eventos públicos, lo que no hizo precisamente felices a los más exigentes, que preferían disfrutar de un sonido lo más libre de interferencias posibles, obtenido bajo las mejores condiciones acústicas.

el bello mundo del sonido nuevo

La digitalización ha permitido resolver en importante medida el problema de las interferencias en la producción, registro y reproducción técnica del sonido. La excelencia técnica alcanzada, sin embargo, no ha acabado con la fe en el aura de las presentaciones en vivo, no solo entre los conservadores amantes de la música sino también entre los patrocinadores de la cultura del sonido digital. Bajo el término de Live-Streaming, los viejos y nuevos gigantes de la industria de la música se esfuerzan para lograr transmisiones en tiempo real con un alto nivel de calidad. “El livestream, que consiste en la transmisión de un evento en tiempo real, se asemeja a un concierto en la medida que se trata de un evento que está ocurriendo en el presente y tiene un comienzo y un final, pero es un medio en sí” -dice el periodista de medios digitales Johannes Boie. Los actores de esta nueva era del sonido -desde las redes sociales hasta las grandes instituciones musicales, pasando por las startups- se empeñan en asegurarse una parcela en el país virtual de las ilimitadas posibilidades de acceso a la música, para traspasar el Aura de los eventos en vivo a la era digital via streaming.

Startups como maxdome, Concert Vault, Skyroomlive, electrosound.tv, Livestream o 55artsclub ofrecen grabaciones de conciertos, gratis en algunos casos; aunque quienes quieren disfrutar de una transmisión en tiempo real por lo general tienen que pagar. Otras plataformas, como “dooop”, usan las posibilidades conectivas que ofrece internet: En una modalidad similar a la de las autoediciones, los músicos pueden vender a través de esta plataforma conciertos privados como Live Stream sin tener que depender de editoriales o sellos musicales. En la misma medida en que mejora el progreso tecnológico en materia de acústica, sin embargo, las modalidades populares de escuchar música amenazan con banalizar la relación con este arte. Así, independientemente de los enormes avances tecnológicos, la música se escucha cada vez con mayor frecuencia a través de parlantes portátiles de mala calidad. En conjunto con la posibilidad de manipular los archivos de música digitales, ya sea de transmisiones en vivo o de grabaciones posteriormente reproducidas, esto pone en peligro el respeto por los músicos y por nuestra cultura musical.

STREAMS DE MÚSICA CLASICA

“La música, que es la más efímera de todas las artes, está hoy más disponible de lo que nunca había estado antes. A través de en la red, se puede acceder a confiables registros o transmisiones de eventos en vivo en cualquier momento y en cualquier lugar a cambio de una pequeña retribución monetaria.” Con estas palabras, el crítico de música berlinés Frederik Hansen resume este veloz desarrollo. Para ni quedarse a la saga, la música culta ha entrado también al campo digital, aunque con alguna demora. Así como la orquesta Gürzenich de Colonia, que con su proyecto Go Plus ofrece cinco conciertos por temporada en Livestream “sin entrada”, la Filarmónica de Berlín también apuesta alto en materia de transmisiones en tiempo real. “Aquí tocamos solo para usted” es el lema con el que la orquesta promociona su Digital Concert Hall (sala de conciertos digital), y a continuación señala la diversidad de posibilidades de recepción del concierto privado: “En el televisor, en el computador, en la tablet o en el teléfono celular.” Para obtener una transmisión sin pérdidas y con una calidad de estudio, la orquesta utiliza una “Plataforma de audio de alta resolución” y crea suspenso por medio de un reloj rojo en el que se van descontando los minutos que faltan hasta el próximo evento en vivo, por ejemplo, El gran macabro de György Ligetis.

No cabe duda de que el live-streaming de alta calidad constituye un aporte en varios sentidos: Permite la búsqueda de nuevas capas de auditores en la amplitud de la red, reúne comunidades dispersas como los amantes de la nueva música y abre nuevas alternativas de generación de recursos para este deteriorado sector. Así, por ejemplo, por un abono anual, se puede ser testigo prácticamente en directo de grandes conciertos. Pero quedan pendientes dos interrogantes: ¿puede el éter transportar el aura de lo especial? y ¿no opacará tanta disponibilidad el brillo de la exclusividad? La respuesta a esto último es no, siempre y cuando el live-stream se entienda como un nuevo actor en el campo de los medios musicales que no amenaza la experiencia en vivo sino que la complemente en el día a día. Puesto que –y esta es la respuesta a la primera interrogante- incluso en la más perfeccionada reproducción acústica, el aura virtual de la transmisión digital no puede reemplazar la experiencia multisensorial de la sala de concierto y de la interacción performativa entre el escenario y el público. Pero si el stream se entiende como un aperitivo para el verdadero placer in situ o como una posibilidad de acceder a experiencias de calidad en regiones con poca oferta cultural, ofrece muchas perspectivas nuevas más allá de los formatos conocidos hasta ahora.