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Carta para Ronya

Domingo 20 de mayo del 2018, Santiago de Chile.
 
Querida Ronya:
 
A la sombra del atardecer de este domingo respondo detenidamente tu carta, una carta digital que, de alguna forma, anula el aspecto esencial de toda carta: la posibilidad de no llegar a su destino.


Herbario de Emily Dickinson © President and Fellows of Harvard College. Houghton Library, Ms AM 1118.11 A diferencia de ti, hasta el día de hoy las cartas siguen teniendo un gran protagonismo en mi vida. Haré uso de algunas palabras de Rilke para decir que “soy como esas personas que todavía ven en las cartas un medio de trato: uno de los más hermosos y fructíferos”*. A propósito de Rilke, “Las cartas a un joven poeta” han sido muy cruciales en mi autoformación. En ese sentido, tales cartas no sólo han tenido como destinatario a Kappus (el joven poeta), sino a todos quienes hemos hecho uso de esos sabios mensajes. Esto me hace pensar que los destinatarios de las cartas siempre son múltiples, o más bien, siempre existe la posibilidad de que lo sean.

El destinatario, querida Ronya, es una ilusión, la carta es una bella ilusión que permite que en la medida en que ésta se vaya escribiendo el destinatario vuelva a estar presente en aras de su ausencia. La carta es una forma de doblegar la ausencia. La carta no es sin la distancia, es una manera de aplazar la resignación, de desafiar a la muerte. Es por ello que las nuevas formas de correspondencia (digital) me sorprenden bastante, porque pretenden dejar en el emisor la sensación de que el destinatario “está allí”. El “botón verde” o el “visto del mensaje” nos hacen creer que el otro está allí, que siempre ha estado allí, como el supuesto estar allí de la mercancía en su forma más fantasmagórica. Pero insisto, la carta no es sin la distancia.

El otro día conversaba con una amiga al respecto. Ella me decía que la correspondecia digital anula la posibilidad del extravío de la carta. La falta de respuesta ya no pasa a ser responsabilidad del cartero ni de las vicisitudes de la ruta, sino que responde a un acto voluntario del destinatario. El “botón verde” te recuerda que simplemente el otro no quiso contestar. La correspondencia postal, por el contrario, siempre está sujeta al azar, por eso las cartas llevan remitente, porque aquel que las escribe sabe, o debería saber, que la carta podría perfectamente no llegar a destino, podría perfectamente extraviarse en manos del cartero. Entonces, esa responsabilidad compartida deja en el emisor una cuota de esperanza (a falta de respuesta) sujeta a un tiempo que no responde a una lógica lineal. El movimiento de la carta es circular, muchas cosas pueden suceder desde su emisión hasta su última parada.

Pedro Lira: La carta de amor "La Carta" o "La Carta de Amor" Pedro Lira. (1900) 116 x 58 cms. óleo sobre tela | © Pedro Lira Cuando tenía 8 años escribí una carta dirigida a una vecina que se cambió de casa sorpresivamente. En ese entonces éramos grandes amigas. La carta nunca se la entregué, años más tarde la encontré dentro de uno de mis diarios de vida y la volví un poema, el poema se llama “Carta de una niña para su vecina”, el cual te comparto al final de esta correspondencia. También te comparto la imagen del cuadro de un pintor chileno llamado Pedro Lira. El cuadro fue pintado en 1900 y se titula “La carta” o “La carta de amor”. Cuando lo vi por primera vez en un museo de Santiago sentí un gran estremecimiento, ya que en ese cuadro la carta se volvió para mí el símil de un azaroso misterio. Pero no sólo de la carta quiero hablarte, sino también de otras cosas que mencionaste y que me alegraron profundamente.

No he leído el herbario de Rosa Luxemburgo al cual haces alusión, no obstante, desde el año pasado la idea de un herbario ha estado muy presente en mi cabeza. En la gestación de dicha idea me topé con el herbario digital de Emily Dickinson en el que se encuentran 424 flores pertenecientes a la región de Amherst. Cada flor es un poema en sí mismo, la naturaleza por sí sola es un poema en sí mismo.

Al leer tu carta me animé a concretar la idea del herbario, así que ayer mientras caminaba por el barrio junto a mi perro recolecté dos flores. No sé cómo se llaman, pero sus colores y formas llamaron automáticamente mi atención. Si te animas podríamos construir un herbario a distancia, sin palabras, sin distancias.

También me hablaste de las plantas y yo he pensado mucho en ellas en estos últimos meses. Estoy aprendiendo a respirar, a conocer mi respiración, a explorar mi cuerpo y mi voz a través de la respiración, ¿cómo, entonces, no pensar recurrentemente en las plantas?

Cuando con mi hermano éramos niños mi madre nos obligaba a hablarles a las plantas de la casa, decía que eran nuestras hermanas mayores y que una vida sin plantas no es realmente una vida. Una vida sin flores, sin contemplación, sin pausas no es, para mí, realmente una vida. A propósito de eso, y para terminar, te comparto el fragmento de un poema que leí hace muy poco de una poeta argentina llamada Silvia Long Ohni. El poema se titula “A un crisantemo” y cuando lo leí me sentí sumamente identificada, ya que las ciudades suelen negarnos la contemplación, el reposo, el diálogo constante con la naturaleza, realidad a la que me abstengo rotundamente. No puede ser posible que ir al banco o contestar una llamada telefónica tenga más importancia que detenerse a oler una flor: “A esta pausa me obliga un crisantemo / y llego tarde al banco, me confisco/ este tiempo robado a la rutina / mientras suenan motores y bocinas / y pasan piernas que ya no se detienen”* (Silvia Long).

Esta carta la leerás en alemán y probablemente en la traducción mucho de ella se perderá, ya que las palabras son traicioneras. Como decía Justo Navarro, “la traducción es un caso de impersonation, de suplantación de identidad”*. Siempre en la traducción habrá algo que no podrá ser traducido, porque el lenguaje es una invención, el acto de hacerse pasar por otro. Por eso, querida Ronya, tenemos que aprender el idioma del silencio, porque éste es el único lenguaje que tienen en común todas las especies. A través del silencio podemos hablar con los pájaros, con las piedras, con las plantas. Recibe, entonces, a modo de bienvenida y despedida, un gran abrazo de silencio y las coordenas de de mi lejana casa representada por una roja flor.

Cariñosamente,
María Paz V.


Mi casa es una flor en el mapa © María Paz Valdebenito
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CARTA DE UNA NIÑA PARA SU VECINA


Carmen Gloria:
Mañana te irás a vivir a otra ciudad,
ya no seremos vecinas.
Quiero que sepas
que nuestra amistad nunca la olvidaré
ni esos paseos a la playa, 
menos a nuestro balde azul,
ese que el mar nunca nos devolvió.
 
(María Paz Valdebenito. Del libro inédito “Declaración para no morir”)

*) Las citas son de:
  • Rilke, Reiner Maria: “Cartas a un joven poeta”,  traducido al español por Carlos Offenbach.
  • Long Ohni, Silvia: “A un Crisantemo”, del libro “La Pájara Pinta 26”.
  • Navarro, Justo: Prólogo de su traducción española “El cuaderno rojo” del libro “The Red Notebook” de Paul Auster.

 

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