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Carta, 17.05.2018

Querida María Paz:
 
   ¿Cómo comienza una carta destinada a quien uno nunca se ha cruzado y sobre quien apenas poco sabe? Escribirse con quienes todavía no nos hemos encontrado no es nada nuevo; de hecho, lo hago constantemente en Facebook, Instagram y Twitter. Pero ahora es un tanto diferente porque toda nuestra comunicación se produce abierta al público.

Planta © Ronya Othmann    Estuve pensando un rato de qué forma debería escribirte. Vivimos en el 2018 y tenemos internet, así que pensé que una carta es más bien algo del siglo XVIII, XIX o XX. Mis últimas cartas datan de mis 12 o 13 años, cuando aún tenía amigos por correspondencia. Pero todas esas amistades duraron poco tiempo porque no sabía qué contar, excepto si se trataba de mis libros preferidos, los conejos y los cobayos que teníamos en casa. Mi vida me resultaba totalmente aburrida. Anotar lo que sucedía en mi monótona existencia (sobre la cual me aburría pensando) era más tedioso que mi vida en sí misma. Todo eso cambió: Si escribo prosa, apenas puedo escribir ficción; como mucho, sí autoficción.
 
   Pero volvamos al tema de la carta.
   Acabo de leer dos libros. Uno se titula “Carta a la república de las berenjenas” de Abbas Khider, novela en la que una carta cumple el rol protagónico. Transcurre el año 1999, antes de que internet transformara el mundo árabe y la gente, conectada a través de los medios sociales de comunicación, saliera a las calles a manifestarse contra las dictaduras.
   Salim, exiliado sirio, se las rebusca trabajando como obrero de una construcción. Hace dos años tuvo que marcharse de Irak porque lo atraparon con libros clandestinos. Cuando se entera en Bengasi de la red de carteros ilegales que rodea todo el mundo árabe, decide enviarle una carta a su amada Samia a la Ciudad Sáder. Y por medio de los carteros, desde cuyas manos incluso se envía esa carta, se narra la novela. Es una obra sobre una carta que nunca llega a su destinataria. Khider antepuso una dedicatoria a su novela: “Ha transcurrido casi una década desde los últimos años del siglo XX y apenas has recibido algunas de mis cartas, y yo de las tuyas. Dedicado a ti y a todo aquel cuya alma espera, triste mas rebosante de esperanza”. El propio Khider, como perseguido político en exilio, apenas pudo comunicarse con su familia durante años o únicamente logró hacerlo por ese medio.
 
   Las otras cartas que encontré están en el segundo libro que acabo de leer. Fue toda una sorpresa, ya que las vengo leyendo desde ahí desde hace un par de meses. Hasta ahora siempre estuve hojeando ese libro sin ningún objetivo en especial.  Y las cartas, o más bien los fragmentos de ellas, aparecen impresos muy al final. La obra es el herbario de Rosa Luxemburgo. La autora lo elaboró entre 1913 y 1918. Y en los fragmentos publicados entre los años 1915 a 1918 escribe sobre plantas. Allí también se advierten algunas perlas dignas de lectura como las dirigidas a Sophie Liebknecht, con fecha 16 de septiembre de 1918 desde la cárcel de Breslau: “Estoy leyendo mucha literatura alemana antigua de los siglos XVI y XVII y además un valioso libro de botánica que si bien se destaca como una cadena de puros cuentos conforma una obra científica rigurosa”.
  
   En otra carta escribe: “La planta roja grande se llama Latrea Escamosa y la verde pequeña, Lecheruela”.  Parece estar totalmente fascinada como yo por los nombres de las plantas. Tanto como sus nombres, me fascinan las plantas en sí y el herbario. Rosa Luxemburgo recolectó plantas, las secó, las pegó secas y las clasificó en una época en la que la Primera Guerra Mundial causaba estragos.
 
   Acabo de escribir un ensayo sobre el herbario de Rosa Luxemburgo.
   En este momento las plantas me están consumiendo gran parte del tiempo. En mis poemas escribo con frecuencia sobre ellas; también lo hago en mi prosa. Para una lectura de poemas monté una porno que se componía de plantas-GIF relampagueantes que titilaban en Instagram y que se iba reflejando mientras los leía.   
 
   Siento que se avecina una crisis. Por supuesto, es una crisis diferente que la que se produjo en la era en que Rosa Luxemburgo elaboraba su herbario. Sin embargo, sigue siendo una crisis. Desde otoño en Alemania ocupa un lugar en el Parlamento un partido de derecha que también acosa desde ahí a los exiliados. Incluso, durante la primavera, escritorxs - quizás justamente por el hecho de serlo - firmaron un comunicado oficial en el que señalaban que “Alemania se perjudica de la masiva inmigración ilegal”- ¿habré sido tan ingenua todo este largo tiempo como para creer que no serían capaces de suscribir semejante barbaridad? Al fin y al cabo, no existe razón para pensar que lxs escritorxs son las mejores personas-. Estoy decepcionada de su falta de solidaridad, incluso ante sus colegas expatriados. Pero también me golpea y hiere como hija cuyo padre kurdo yazidí hace casi 40 años debió escapar desde Siria hacia Alemania por motivos políticos. Entretanto, en Siria continúa la guerra desde hace siete años.
 
   El final de la crisis no parece estar a la vista. Escribo poemas sobre plantas (uno de los cuales adjunto). Estas crisis, aunque no sé si es esa la palabra, son quizás el motivo por el cual puedo expresarme en prosa o como mucho por medio de la autoficción, pero no en la ficción. Entonces, ¿ahora qué tendría que inventar?
 
   Mientras te escribo estoy sentada en la cocina. Mi compañera de piso entra con una bolsa de plástico llena de tierra para flores y comienza a cambiar las macetas de sus plantas de interior en el lavamanos. Sobre la mesa de la cocina, detrás de mi laptop, hay un paquete de leche que desde hace tres horas no he vuelto a guardar en el refrigerador. Al lado de la leche se encuentra una botella de cerveza vacía con un pequeño ramo de claveles amarillos.
   Mientras te escribo se hace de tarde. Afuera comenzó a llover.
 
   Ahora mismo envío la carta por mail al traductor Patricio Hergott que se encuentra en mi ciudad natal de Múnich y que la traduce a otro idioma. Desde su computadora ésta te llegará luego por internet a tu casa desde 12.500 km de distancia, lo cual, según entiendo, es un viaje bastante largo para una carta.
 
   Aguardo con gusto tu respuesta.
 
Muchos cariños desde mi mesa de cocina aquí en Leipzig,
Ronya
 
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Herbarium, Rosa Luxemburg© Herbarium, Rosa Luxemburg


arrojá esa boca de dragón
detrás de ti. no debes darte
vuelta. olvida todo lo que te
recuerda a ella. la basura
delante de tu puerta y que
deletreas en el invierno,
como un gorrión en marzo.
pronto no sabrás lo qué era. la
nieve, como si aquí nunca
hubiese llegado. entradas
vacías a los patios, una
afirmación errónea; Susana,
la chica de ojos negros, detrás
de ti. tu muchacha no tiene
nombre. Tu pueblo no tiene
hogar para ti. ni siquiera se
puede vivir en el bosque. te
preguntas, mientras caminas,
si el pavimento porta tus
zapatos o si tus zapatos no
portan el pavimento.

[Ronya Othmann, 17.05.2018]

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