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Siempre comienza todo con música. La escritura, el amor, la danza.

   Lamentablemente esto no es del todo cierto. Sin embargo, podría ser el inicio de un texto sobre tres ciudades que a primera vista conectan aquello que tienen en común la mayoría de las capitales: ser puntos que acumulan momentos de trascendencia cultural e histórica – un imán para el público y películas taquilleras. Lugares donde la marca de los millones ya se batió hace (más de) un siglo. Lugares donde se sienten a gusto los que normalmente sufren de la mirada de los demás. Lugares donde, al menos antaño, los alquileres eran accesibles. Lugares donde los soberanos eran derrocados y las repúblicas proclamadas. Lugares que han – o no han – sobrevivido las dictaduras.  

   No me gustan las comparaciones de los sistemas políticos. No quiero comparar Francia con la República Federal de Alemania ni la República Democrática de Alemania con Chile y su dictadura militar. Deseo comparar Santiago, París y Berlín. Dado que estas ciudades marcan puntos que pueden conferirle un marco a este blog y desempeñan un rol en mi mapa personal. También porque constato paralelismos interesantes desde que emprendí mi búsqueda. Así que voy a comenzar con la música.
 
https://open.spotify.com/user/gsusfour/playlist/3OsoJg489pGvCriebeDRE5
   Yo misma crecí con Violeta Parra y Víctor Jara, Inti Illimani y Quilapayún (sí, también con Elvis Presley y Janis Joplin). Pero no fue así con Karussel, Renft, Silly o City, a quienes estoy escuchando ahora – en parte por primera vez. Bandas de los ochenta de la República Democrática de Alemania. Tampoco crecí con Los Prisioneros, Los Tres o Sexual Democracia – que serían el equivalente chileno de los ochenta. Mientras me encuentro sentada en el departamento de amigxs situado en Berlín Oriental, lugar al cual me gusta retirarme, escucho bandas que tocaron, cuando en sus países se estaba manifestandouna dictadura. Por ejemplo, “Am Fenster” de City:
https://open.spotify.com/track/3hhA4hUAtkj3k6X6R4TnlV
 


 
   Pero no aguanto mucho tiempo – lo que no se debe a los 17 minutos de „Am Fenster“ que me parecen geniales como statement. Sino que gran parte del sonido – de ambos países – me resulta demasiado típico de los 80: desde el uso excesivo de sintetizadores y solos de guitarra hasta únicamente hombres en plena performance. ¿Qué escucho ahora en vez de eso? Camila Moreno y Ana Tijoux, Natalia Lafourcade y Mala Rodriguez. Más tarde aparecerán representantes de la Nueva Canción Chilena y del Canto Nuevo. Esta es mi Playlist hispanic shit en Spotify. La lista es pública. Todos los que lean estos textos pueden escucharla paralelamente:
https://open.spotify.com/user/gsusfour/playlist/3OsoJg489pGvCriebeDRE5
   No se preocupen, los hombres también tienen permitido tocar. Lo de las mujeres viene de hace un par años cuando solo leía libros de autoras. Luego eso se trasladó por contagio a la música. Todavía en el presente distribuyo mis CDs en construcciones binarias de sexo (además me llama la atención: definitivamente conozco muy pocas personas trans que hagan música).
 

El oso de Berlín en las calles de Santiago

    Volvamos a Alemania, binaria, y a Chile, el Estado socialista por voluntad, así como a sus capitales. Cuando ingreso las palabras “Berlin” y “Santiago de Chile”, Internet me escupe, además de diversas ofertas de vuelos, el artículo de los Berliner Bärenfreunde e.V. [Sociedad Registrada de los Amigos del Oso de Berlín] en el cual una copia de la estatua del Oso de Berlín tiene el rol protagónico. Según el artículo, esta estatua se inauguró en 1972 por parte del presidente de la Liga Chileno-Alemana en Santiago. El discurso allí pronunciado hizo alusión también a la siguiente cita del autor español y diplomático Salvador de Madariaga: “Berlín es hoy capital espiritual del mundo libre frente al mundo esclavo. Está rodeada de territorio esclavizado (…). La capital del mundo libre está en territorio esclavo. Como el mismo mundo libre, sitiado por la potencia persistente del comunismo universal, Berlín padece asedio permanente del enemigo del género humano”. En ese entonces Salvador Allende ya era Presidente de Chile. El presidente [de dicha Liga], que aquí cita, debe haber sabido – a pesar del propio eurocentrismo – que Allende sería elegido legalmente por el pueblo con su proclama “nuestro camino al socialismo”. No puedo interpretarlo sino como un pulgar hacia abajo para Allende y su política. Aquí hago hincapié porque me perturba todo el tono del artículo: esa insistencia acto seguido sobre cómo se exportó la cultura alemana hacia Chile – como si eso fuera una ventaja… Dicho sea de paso, hace unos años en un accidente empujaron al Oso de su base y hoy se encuentra frente al Cuerpo alemán de Bomberos de Santiago.
 

Hijos de exiliados o qué significa París

    ¿Se escuchó algo en la inauguración de la Nueva Canción Chilena, esa música que se podía escuchar a todo volumen en los años 70 (al menos esa es mi fantasía)? Difícilmente. Sus representantes respaldaban crecientemente la política de la Unidad Popular. Muchos de ellos partieron al exilio tras el golpe militar (lo cual suena pacífico y voluntario – ¿no debería mejor decirse: huyeron al exilio?). Algunos tuvieron hijos en el exilio. Por ejemplo los padres de Ana Tijoux, cuya hija nació en Francia y que descubriría el Hip-Hop en París. “For children of immigrants in France, hip-hop became a sort of land for those of us who felt landless”, dijo la rapera en 2016 ante la Harvard Gazette:
https://news.harvard.edu/gazette/story/2016/04/for-ana-tijoux-hip-hop-is-home/
   Ana Tijoux vivió hasta 1993 en París cuando se mudó junto a sus padres a Chile.
 

 
   París, esa cifra luminosa.  Así como ofreció el exilio y una segunda patria frente a los patriarcales sistemas de sus respectivos países de origen a artistas chilenas o alemanas que aprecio – desde la música Ana Tijoux hasta la pintora Paula Modersohn Becker –, también esta ciudad le generó espacio e inspiración durante años al artista que aquí debe abordarse en última instancia : Vicente Huidobro, he de aprender, vivió entre 1916 y 1933 sobre todo en París, sobrevivió a su vez a la primera Guerra Mundial en Europa, participó de la Guerra Civil Española y marchó posteriormente al lado de los Aliados en Berlín.
   Guau. ¿Es algo propio de París que las personas que viven ahí por un tiempo se vean rodeadas de una cierta irisación? El hecho de que presenten biografías que me impresionan me da una punzada – aunque sea solo por poco tiempo – y me permite preguntarme si esas existencias conformaban una “vida más verdadera”. Y en caso afirmativo, ¿qué sería del París de hoy?
   Si escribiéramos los 90 o los primeros años del 2000 hubiera respondido probablemente Berlín. Hoy digo: Santiago. Sin saber si realmente es así. Santiago se ha convertido desde hace mucho en la cifra de mi propia nostalgia, de mi propia Sehnsucht. Sehnsucht*, esa palabra que aparentemente solo existe en alemán. Sehnsucht de los lugares que no se han urbanizado del todo turísticamente. Lugares cuya gentrificación no les haya hurtado la base a aquellos  que antaño aportaron a que muchos barrios pudieran desarrollar su propia vida de forma independiente. Lugares donde se pueden desplegar y descubrir las artes plásticas, la música, la literatura y otras manifestaciones “en la calle”. Lugares donde los seres humanos se atreven a tejer utopías para un mundo diferente.  
 
* Sehnsucht podría traducirse como algo entre “anhelo”, “echar de menos”, “nostalgia” y “añoranza”.
 

[Sara Magdalena Gómez Schüller. Traducido al español por Patricio Hergott.]

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