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9 de octubre 2019
Tercera carta para Felipe

Querido Felipe,

todavía nos queda Octubre y aquí (mantengamos la ficción)
se nota que es Octubre. La tercera carta 
es una caja, escribes. No es carta, aunque sí es una, cambia
la dimensión: ¿un paquete – una cajita – una caja? ¿Sabes qué?
Un archivo imaginario es lo que empezaste.
           ¿Quieres causarle aún más inconvenientes a Gabriela? 
Hablo en serio. Me parece una excelente idea. 
           ¿De quién hablo?
¿O tú?

La tercera carta es una caja. 

Una  ¿   caja     ?

de cartón: pequeña
de fósforos
de fusibles
de bombones
de caudales
de madera
de Pandora 
de música
acústica
nocturna
blindada
negra
fuerte
de muerto 
del día
de cambios
de reloj
de herramientas
de resistencia
de resonancia 

 
Este puede ser nuestro archivo.

No reconstruirá lo que ya existe sin causar inconvenientes.
             Lo construiremos nosotrxs mismxs.
Variará el estilo de construcción, el color, la forma.
Contendrá un sinnúmero de objetos de uno u otro tipo.
Los contaremos y ordenaremos. El principio
ya está hecho: un mundo
hecho de la tierra que yace en los zapatos.
Marisma en celofán,
las metrópolis, sus millones bajo una
cerradura silbada, una muestra aleatoria en el horizonte, ex-
travío, ejecución diligente, en ficheros, menos-
cabo del deseo, la impertinencia, en-
jalbegada procedencia de los docu-
mentos, por lo vis-
to 
im-
 
El archivo todavía está en construcción. Disculpe las eventuales
molestias ocasionadas (relacionadas con el mantenimiento). 
El archivo contendrá resistencias de uno u otro tipo. Ob-
jetos – cosas – cositas – piezas – chismes – te digo
no te lo vas a creer,
Lo imaginario. Lo perdido. Lo hallado. 
Una caja. Una caja de objetos perdidos. Una caja de objetos encontrados. Así me la imagino.
¿Sabes? Las había en las escuelas. Y dentro de ellas bufandas y guantes de antaño.
Una mochila de deportes. Un juguete dañado. Y a veces, la mayor parte del tiempo, 
extraños objetos que quizás
no sabías qué eran. ¡Cosas! 
Que no sabes qué son.
Una gran caja con cosas, que al parecer
nadie más quiere, que no quieren
pertenecer a nadie. 
Te enseñaron,
que son cosas ajenas
cuyo origen y propietario
(esxs despreocupadxs, en cualquier ocasión 
desprovistxs de guantes)
unx desconoce, no obstante despiertan
codicia, hallas en condiciones 
de bienes generalmente distribuidos con rigor 
y que solo pueden comprarse.
Escarbas. Quizás bajo vigilancia, aunque este negligente. Aun-
que sepas a primera vista lo que ya sabías,
que aquí no había nada (mantengamos la ficción),
el viejo juego. Pregúntaselo:
¿De dónde vienen, cosas?
¿Quién te calzó, zapato?
¿Alguna vez servían a algo?
(¿Vale eso, aunque no sea tuyo, como secreto?
¿Se darán cuenta que no te pertenece?)
Es un juego, la tenaz esperanza: Que a los objetos perdidos una historia les pertenece,
así como a la arena de los zapatos les pertenece un mundo.
Una buena historia. O por lo menos ciencia seria que supuestamente existe.   
Después de todo, hay oficinas de objetos perdidos.
En ellas se constata lo básico:
Que quien pierde es un perdedor,
que quien halla un hallador.
Que quien actúa en poder del perdedor
es precisamente tan apto para hallar como aquel.
Lo siguiente son pistas: Que como en todos lados entre los objetos perdidos
hay de todo, cosas
de valor material (o inmaterial),
de valor inmaterial reconocible (y también otras de valor irreconible),
dignas de subastarse (y otras no dignas de ello),
con excepción de las que, por ser fácilmente perecederas o de las muy contaminantes,
se destruyen. Todas las cosas,
no, todas las cosas pueden ser rematadas al mayor postor.
Queda la pregunta, si con o sin historia.
Queda la pregunta si la historia mejora el negocio
(o si el negocio mejora la historia, o si ninguno de los dos mejora al otro, 
o si uno empeora al otro o perjudica).
Siempre hay un consejo: una mirada sobre los hombros.
Es bueno y barato. Amargo y único. Por cierto
también hay cajas de búsqueda en línea como las residencias en línea,
son menos hediondas y sumamente prácticas.
En ellas se cuentan datos precisos:
Selecciona primero entre las opciones existentes la categoría del objeto perdido.
Decide con prudencia el paraguas, el documento de identidad y el instrumento.
Selecciona luego subcategorías para clarificar el estado exacto de lo perdido. 
¿Se ven limitadas las categorías y subcategorías correspondiendo a su– por cierto, lo repito, ameno – carácter?
Selecciona ya, el daño lo repararán las combinaciones. (A modo de prueba
ayer perdí el clavecín de metal color antracita 
y felicito por esta vía al afortunado hallador.)

Con lo cual llego a mi sospecha inicial.
La de una sospecha disfrazada, la de una pregunta:
¿Dónde radica en verdad la diferencia
 entre perder y hallar? 
¿Que uno se va a la nada
y lo otro procede de ella?
 
Se revela en ambos casos que solo aparentan, según las cajas de objetos perdidos y las leyes físicas,
si existen. Se mantiene cierta la incertidumbre de que algo existe – ¿Hallamos
cuando perdemos?
¿Pero entonces cómo y qué hallamos?
¿Lo que fue, lo que fue perdido,
quién decía la verdad, deseaba lo bueno por razones justas,
con los medios justos en el tiempo justo?
¿Que alguna vez o jamás?
¿Hallamos el coraje que perdimos cuando poseíamos,
el valor con el que finalmente perdimos,
el que solo encontramos en el extravío,
y luego – qué permanece legible sin sonrojo?
¿Qué hubiera podido ser? ¿Y qué, y cómo, por favor?
Inventamos el perder como quienes sueñan,
lo dotamos de lo posible,
con abundancia que ni de atrás hacia delante ni de adelante hacia atrás alcanza,
lo dotamos de tristeza, de verdades a media, de olvidos, de papel pintado,
coraje despistado,
que se descascarilla visible y lentamente. Anhelo. 
Lo he extraviado a modo de prueba: en Varios. Luego en Misceláneo.
Me faltan aún
más datos. 
Yo me había puesto un nosotros bien grande,
Pensaba que tú – mejor no te pierdas solo, pero era a mí a quien me refería. 
 
O, ¿acaso tú cómo pierdes? 
 
 
¿Te parece que disimulamos
al hablar de la pérdida
ante el robo, la sustracción, la desposesión?
 
¿Al hablar de la danza? 


 
¿Y no debería darte la razón?
 

¿Deberíamos quedarnos en la caja con objetos perdidos?
Esta caja – ¿acaso no ofrece consuelo,
por llamarse caja de objetos perdidos, sabe sorprendentemente
poco sobre el extravío, (tan) solo que extraviado no es perdido?
¿Deberíamos continuar con el archivo?
Has acabado el comienzo.
Una dedicatoria en un libro. ¿Alguna vez
regalaste un libro comprado de segunda mano – y borraste la dedicatoria
a la cual el vendedor o el donatario o una albacea prestó poca atención, 
y que quizás no trajo suerte?  
En todo caso careciste de timidez para obliterar
la honra, las Altezas Reales, a Dios y a la Nación ejemplar,
al cuerpo del pueblo, al alma del pueblo, y a la patria y a las razas marítimas, 
vencedoras de todo (las que se alababan a sí mismas del hallazgo 
en la expropiación y destrucción) y las memorias más puras, gracias a Dios.
Y un buen motivo.
Disculpa, Gabriela, es el año 1945.
Gracias, Gabriela, una raya tan bien hecha
vale  casi lo que vale la buena letra. No tengo
intención de demasiarme, Gabriela. Al menos un siglo
nos separa, la experiencia en la vida y la poesía.
Acaso debería disculparme por mi inexperiencia
en ambas, por la extraña oportunidad al hacer poesía
de provocar a medias, me aconsejarías
diplomacia, incluso la femenina, la célebre, practicada. Gabriela:
¿Qué piensas sobre la destrucción
(marcial, imprecisa, ciegamente activista)
del Premio Nobel
(resabio, desagradable sensación estomacal)
de Literatura
(solo de él)?
 

Enhorabuena.
 
Yo… 
               Tengo
una palabra 
                      en la garganta
una palabra
 se me quedó atragantada en la garganta.
Una que todavía quería encontrar, entre los labios y la lengua,
vaya y venga, estaré a la mira, echaré un ojo,
hacia donde lleva la garganta, sin saber más que,
bajo los hombros, allí por así decir: una caja,  
he aprendido dónde late el corazón, de dónde llega la respiración,
 y hacia dónde parte, ¡ah!, y suba y baja, 
una caja
se llama caja torácica.
Tórax. Aquí estoy
 
casi aliviada de haber arribado, por hoy.
Este deambular que se va escribiendo me ha sacado de quicio.
¿Crees que hemos escarbado un poco entre el polvo?
¿Por lo menos comenzado un inicio, hallado un hallazgo, empezado un archivo?
Todavía nos queda Octubre. Faltan
algunos objetos perdidos. Seguimos 
con la ficción, 
 
 
Johanna 


Nota del traductor
 
*Juego de palabras del alemán intraducible. La autora recurre a lo largo de la misiva a los verbos “erfinden” y “finden” para plantear la idea de creación, invención, descubrimiento o hallazgo (según el contexto).

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