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17 de octubre 2019
SOBRE EL DESEO (última carta)

imagen 1_última carta
 
Liebe Johanna, 
 
querámoslo o no, estas cartas-cajas, este archivo que juntos
hemos ido imaginando poco a poco está llegando a su fin. Tal vez
se pierda a sí mismo en la infinita internet; quizás alguien
encuentre esta correspondencia y aprecie
su coherencia interna, la repetición de los chistes y referencias; 
quizás también alguien aquí se pierda 
y se reencuentre. Pienso que nos hemos hecho muchas preguntas
para no ser respondidas. 
Preguntas para perderse y encontrarse; 
respuestas para no ser dichas, para ser abiertas,
como higos, de un tajo al medio
y que de sus gajos la luz penetre. 
Pienso que hemos estado divagando, girando en torno 
a un único tema 
gran parte de nuestro tiempo aquí. Es difícil encontrarse 
en una residencia sin residencia
es fácil perder la línea on-line. Pero todo extravío es productivo,
en especial, para la escritura. 
Y como todo deseo es extravío de uno mismo 
en lo que desconocemos y como toda escritura es deseo, 
siento en el fondo que estuvimos girando alrededor 
de este único lirio: el deseo.
 
La escritura es deseo, el texto desea, lo deseamos y nos desea. No 
estoy hablando solamente sobre el sexo del texto, es su cuerpo
entero, cómo va emergiendo
línea a línea, con su música secreta y sus escondites. 
Sus partes palpables, el toque deseante de su idioma; 
su llamado a seguirlo, a prolongar el contacto, que los dedos 
sigan digitando el teclado, 
a veces, con fuerza y sin corregir nada, a veces, con la
sutil certidumbre de que un punto final arrastra, como la arena
en los zapatos, a otro punto final.  
Y de final en final no solamente no puedo
no quiero dejar de hacer el amor con palabras. No se trata
de que yo sea un escritor insaciable, adicto. Es que no se sabe, 
no se entiende, porqué seguimos siguiendo, frase a frase, 
el flujo espontáneo que baja y que nos conecta. Que reúne
lo que en el presente está separado: la hipnosis de la vida un instante
se detiene ante la página. Es un ritual de sangre y horas. 
 
Toda escritura es sensual. Pienso en otra escritora que me interesa 
mucho: Gloria Anzaldúa. Ella fue una intelectual Chicana, feminista
y lesbiana, a la que vuelvo una y otra vez para perderme.  
Nos confiesa que:
 
imagen 2_ última carta  
 
Perderse y encontrarse, perderse. Así es la escritura.
Hay que estar en la posición exacta bajo el agua
para no ahogarse y para salir
a arrastrarse por la tierra. La escritura es anfibia; está en dos
elementos y entra y sale de uno y de otro. Nada definido, nada
definitivo: corregir, reescribir, repasar. Un poco más adelante
nos dice esto: 
 
imagen 3_última carta Perderse y encontrarse en la voz, perderse. Tener una palabra
en la garganta atragantada. Y aunque sea como una espina, que
mientras más profunda mayor será el dolor por sacarla de ahí, 
hay una confianza íntima en los poderes creativos, en 
la unidad de todas las cosas. Seguir de chispazo en chispazo
el hilo que conecta a todo con todo. 
Sin embargo el deseo es algo inexplicable, incomunicable
en este lenguaje, es superior. Y la tensión que existe 
entre domesticarlo a formas pre-hechas
o desatar su fuerza liberadora, pone a los escritores (los artistas)
en una situación compleja. 
¿Estaremos siendo absorbidos por la academia como último 
manicomio para la libertad expresiva? 
¿Estaremos domesticando nuestra creatividad a cambio
de complacer los enfoques que se estudian en la universidad?
 
(Yo quiero, 
Gabriela, no pasar así por las cosas, buscándoles su estrecha teoría) 
 
Pese a ser una intelectual, Gabriela 
Mistral no era una académica, su poesía parece intentar mantener
intacta la íntima relación entre las palabras y las cosas
un respeto profundo
por la tradición oral y por la palabra popular. Una inquietud 
muy grande que me llevo de estas cartas, el misterio que
ni Lucila Godoy Alcayaga supondrá existente 
no tendrá respuesta nunca: ¿porqué Mistral estuvo siempre
tan aferrada a la rima? 
Esta inquietud no es un objeto concreto, físico
que he encontrado en el camino: es un misterio, como un símbolo
del medioevo. Es una figura instalada en mi propio camino
como poeta.
No es este el lugar
para hablar de la historia de las formas métricas 
y del lugar de la rima en la poesía mundial; la respuesta fácil 
es que nos produce cohesión, unidad en el oído, gracia. 
Para mi el tema es algo más profundo que eso. Yo he visto
a niños matarse de la risa
apenas con una rima sin sentido; ¿y qué decir de los finales
en los fraseos del hip hop
de la inteligencia pícara del folklore en sus proverbios
y canciones?¿Del arte de la mnemotecnia? En poesía 
no hay fórmulas: yo mismo he usado la rima
-sus diferentes tipos y formas- en mis propios poemas
y pese a que hay una larga moda que descuida
el aspecto métrico y musical del poema a favor
de otros recursos 
yo me pregunto: ¿porqué nuestra heroína estuvo hasta el final 
tan sujeta a la rima? ¿Habrá sido el único árbol al cual agarrarse
en el siglo de la destrucción? ¿Tronco y raíces
de una tradición que acaso aún sea necesario recordar 
después de la destrucción?
 
La rima establece un ritmo. Y el deseo es un ritmo, es una
música oculta la que emerge de la combinatoria
de las palabras y yo diría que son éstas quienes 
finalmente nos escriben.
La escritura es nuestro arte, un arte ejemplar, que sólo el fuego
de un deseo muy hondo logra sostener. El deseo es estar 
completamente perdido. Y en la pérdida encontrar lo que nos conecta 
con la vida. Y aunque
como dice ese gran poema de Elizabeth Bishop 
The art of losing isn’t hard to master
una y otra vez fracasamos en el intento de perder. Gabriela también
fue una perdedora ejemplar. Creo que perdió mucho: su patria,
a su familia estando lejos, perdió amores, países, 
perdió a Yin Yin. 
Todos perderemos aquello que amamos. 
Y por esto
ahora mi poema favorito de Gabriela Mistral
se llama “Aprende a perder”. Está escrito en el libro “Motivos de 
San Francisco”, ese mismo libro que te mostré el otro día 
¿te acuerdas?
Es el último poema. 
 
Yo sé que de la poesía, como del silencio, no se puede hablar. 
 
Pero este poema es muy especial. Está escrito en prosa. Es un diálogo. 
Gabriela conversa con Francisco de esta única forma:
 
 
imagen 4_última carta  
 
Y alrededor de esta dinámica gira la conversación. Ella le pide
a él la ligereza, la liviandad de pasar por el mundo sin quemarse, 
la alegría que nada cuesta porque va pasando en el viento. 
 
Lo único que nos dice Francisco es esto: Aprende a perder. 
 
Y tú me preguntas: ¿cuál es la diferencia entre lo que se pierde
y lo que se encuentra? Lo siento mucho: mi
respuesta no puede ser otra
que el silencio. Tal vez no haya diferencia, pero con estas palabras
con este lenguaje, cuchillo que talla las diferencias, 
los contrastes, con este lenguaje no puedo hacer mucho.
 
(Yo quiero, 
Gabriela, pasar así por las cosas, olvidar las diferencias,
unirme fraternalmente a ellas) 
 
Pero si algo pudiera decirte, es algo que ya ha sido escrito
que yo no he escrito y que me ha escrito. 
Como siempre, en la gran literatura encontramos nuestras respuestas 
más íntimas a nuestras pérdidas, a nuestras búsquedas. 
 
Entonces ahora 
toma este poema de Gabriela como un gesto mío. Lo que se pierde,
lo que se encuentra, lo que se abandona.
 
imagen 5_última carta  
 
Yo quiero, 
Johanna, pasar así por las cosas, sin tocarlas mucho, sin hacer tanto
ruido. Que apenas me recuerden, que apenas me devuelvan
a quien he sido. 
 
Te agradezco mucho por este puente que hemos tendido y cruzado. 
 
 
Felipe. 
 

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