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04 de noviembre 2019 (Johanna Hühn)
Última Carta

Querido Felipe, 
 
esta es mi última carta y no sé dónde empezar. 
Alguna vez, hace poco, quise decir: 
Quedan pocos días y tantas cosas. 
Mientras tanto, han pasado días y han pasado cosas 
que no puedo llamar cosas ni sé llamarlas por su nombre propio.  
Mientras tanto, 
hay una cosa que la llaman estado de emergencia. 
Yo dudaba si pronunciar
esta palabra o siquiera alguna
bajo este estado o 
                                sobre este estado. 
Como si fuera posible pasarse por alto o pasar 
por delante. Vi que hubó manifestantes 
que sí se pasaron por alto. 
Mientras tanto, yo: estuve dónde estoy,
aquí, delante del ordenador, 
que pretende ordenar las cosas para 
el otro lado del mundo 
que supuestamente está tan cerca-
y una vez más se manifestó
que no es así. 
 
Si esto fuera una residencia
pero no es así 
estuviéramos en Chile
pero no es así
Si estuviéramos en Chile
pero no es así
Acá fuera aquí
este lado del mundo el otro
pero no es así 
y el estado de emergencia 
el estado de emergencia
pero nosotrxs 
nos quedamos aquí 
en el estado 
de residencia. 
 
Querido Felipe, querida Victoria, querido Schnee, 
 
necesito empezar de nuevo: 
Es mi última carta y quiero dirigirla a ustedes para que sea la primera. 
Hemos compartido una residencia.
Todavía no sé que es en verdad. 
Fuiste tú (¿vos, du, you?) Schnee, que escribió:
Veo que ahora en verdad estamos comenzando a esbozar un espacio. 
¿Qué es este espacio?
Si fuera un edificio, tuviera por lo menos dos habitaciónes, 
una al lado de la otra, con la puerta medio abierta entre ellas.  
En una habitación se escucha lo que se habla en la otra 
(por lo menos cuándo unx mismx no habla en voz muy alta)
y al revés, sin jamás haberse visto 
la cara. Si fuera un edificio, tuviera una ventana 
que da a las calles de Santiago y otra 
que da a las calles de Berlin. Y luego 
hay una parte, parece un patio interior o un jardín de invierno. 
Aunque se encuentra en 
el mismo edificio, es casí irreconocible,   
sin duda es el más otro lado del más otro lado. 
Es fácil, se llama Frankfurt, Feria de libros, 
sin duda, está aquí mismo,
dónde no se escucha nada,
ni el ruido de la calle ni el silencio de la calle.
Pero cómo distinguir 
si jamás he conocido ni el ruido ni el silencio, 
este que pertenece al toque de queda. No sé 
si hay salida de aquí. No sé si hay 
salida de emergencia. A la calle. 
Siento la necesidad de salir, sin saber adónde 
mis pasos. Santiago de Chile: 
Estaba cerrado el Instituto Goethe 
y agradeció la comprensión. 
Estaba cerrado el Centro Gabriela Mistral 
y declaró su rechazo 
frente a las violaciones a los derechos humanos
y las restricciones de libertad. 
Estaba cerrado el Archivo Imaginario Gabriela Mistral
sin declarar nada. 
Porque no alcanza el trabajo del archivamiento
y ni siquiera alcanza el trabajo de la imaginación. 
Estaba interrumpida la residencia:
De sus residentes una había salido a la calle, 
lxs otrxs estaban sin saber adónde, acá y
al más otro lado del mundo. 
Han pasado muchísimas cosas. 
No alcanza la cobertura de la palabra 
ni alcanzan las declaraciones.
No alcanzamos a comprender 
ni desistiendo de ello.
No encuentro salida
¿O es que decidí quedarme?
¿Porqué huele un poco a pizza -
o porque lo único que se escucha aquí
es el ruido suave y familiar del ordenador?
 
He ido pesando 
mis palabras antes de soltarlas.
Es un privilegio 
esta duda. 
Cuánto pesa 
una piedra tirada,
cuánto pesa
un cartel de protesta
Cuánto pesa una bala
cuánto pesa una palabra
cuánto pesa una vida 
cuánto pesa una palabra
Es ligera, ay que ligera
 
Y pesado, pesado, pesado 
el patetismo del otro lado del mundo
 
Para empezar, 
es necesario dar un golpe 
a la puerta entremedia
para dirigirme a ustedes.
Para no pasar así por las cosas, 
para no pasar así por tantas cosas. 
Para no seguir así, 
a tientas entre líneas.
 
Espero encontrarles. 
Por aquí. Por afuera. 
Por la calle. O en el umbral 
de la palabra que sigo buscando - 
 
Johanna 

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