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27 de octubre 2019
Carta 4

Querido Schnee,
 
Han pasado muchísimas cosas en una semana y me es imposible no contarlas aquí. Nuestro intercambio de cartas se planteó como un espacio para pensar lo político en la escritura y curiosamente ahora me veo envuelta en la pregunta por cómo unir esas dos esferas, por el estado de excepción que vivimos en Chile hace ya diez días y que hoy recién ha terminado. Mi generación nacida en democracia ha heredado todo un imaginario del toque de queda y de las violaciones a los derechos humanos, por los relatos de nuestros padres y abuelos sobre la dictadura de Pinochet. Hoy la historia vuelve a repetirse en el gobierno de Sebastián Piñera y lo que viene es incierto. Si bien salimos de los toques de queda y el estado de excepción, aún la policía sigue reprimiendo en las calles y hoy llega una comisión de observadores de Derechos Humanos de la ONU. Durante la semana pasada la policía y los militares asesinaron, torturaron y amedrentaron, con el permiso del Gobierno y un estado de excepción muy similar a un estado de sitio.
 
Sé que es crudo partir una carta así. Comenzaré de otra forma. La primera vez que te escribí fue un 18 de septiembre, día en que se celebran las fiestas patrias. Ahora, 27 de octubre, el país arrastra una crisis social que será difícil resolver. La gente se cansó de los abusos del gobierno y fue como si nos reventara en la cara una burbuja de aparente bienestar. Lo que había detrás de ese bienestar eran deudas y servicios básicos impagables, en un país donde el sueldo mínimo está muy por debajo de lo esencial para vivir. El problema por supuesto es complejo, y sé que no podré abarcarlo aquí. Intentaré enfocarme entonces en cómo ha cambiado mi idea de lo político. Durante estos días he pensado cómo puedo ayudar desde la escritura. Sin embargo, no he podido dedicarme a esto, con la cabeza inquieta en las movilizaciones. 
 
He conversado sobre esto con otros amigos escritores: querer escribir sobre lo que está sucediendo y no poder, ¿te ha pasado alguna vez? Es ya un cliché decir que ante el horror el lenguaje no alcanza. Pienso, entonces, que al desmontar totalmente el lenguaje, al volverlo vacío, inexistente si se quiere, se permite pensar el dolor. La explicación que más me hace sentido es la de un filósofo chileno llamado Sergio Rojas, que hace un par de días escribía sobre el estado actual de Chile, en el que “no sabemos qué pensar”, ante la cantidad de información (videos, imágenes) y lo rápido que ha cambiado el panorama en pocos días. Para Rojas, vivimos precisamente un estado de pensamiento intenso, porque los códigos y las representaciones que heredamos y que ordenan nuestro mundo ya no funcionan. En ese sentido, es todo un desafío volver a pensar desde este punto lo político, y por tanto volver a pensar la escritura. Durante estos días, he recordado a escritores chilenos como Elvira Hernández, Enrique Lihn, Diamela Eltit, Raúl Zurita, Gonzalo Millán, Guadalupe Santa Cruz, Cecilia Vicuña y tantos otros que escribieron en dictadura o en el exilio sobre lo político. En particular he pensado en el libro de Elvira Hernández llamado La bandera de Chile, del que te adjunto aquí uno de mis poemas favoritos:

 
 
A la Bandera de Chile la tiran por la ventana
            la ponen para lágrimas en televisión
clavada en la parte más alta de un Empire Chilean
             en el mástil centro del Estadio Nacional
                 pasa un orfeón  pasa un escalón
                                 dos tres cuatro
               La Bandera de Chile sale a la cancha
en una cancha de futbol se levanta la Bandera de Chile
la rodea un cordón policial como a un estadio olímpico
                (todo es estrictamente deportivo)
            la Bandera de Chile vuela por los aires
                                                               echada a su suerte
 

En fin, es un libro hermoso y tristemente vigente por estos días. Para no alargarme tanto, intentaré responder las interesantes preguntas que me has dejado en tu carta anterior. Primero que nada, gracias por enviarme ese precioso poema de Goethe. Me impresiona cómo sigue siendo importante esa división entre naturaleza y arte que menciona. Tienes razón en que en el poema que te envié me gustaría que la naturaleza hablase por sí misma, como si la voz poética fuera un vehículo para otro ser vivo. A mí efectivamente me gustaría despertar una conciencia ambiental, o al menos aspirar a eso, a una conexión distinta con el entorno. En el fondo, la proyección de una humanidad más justa y horizontal. Hasta ahora esa había sido mi forma de pensar una escritura que fuera política. Ahora, sin embargo, se reordenan mis nociones sobre lo político y me gustaría ser más concreta, quizá hacer algo que tuviese una incidencia directa como la performance o el video. ¡Qué ganas de grabar lo que está pasando aquí!
 
Además de eso, me encanta que me hayas mencionado a OuLiPo. Sin duda son un referente para pensar la poesía experimental. La hazaña de Perec me parece digna de recordar. Pienso también en un poeta chileno llamado Juan Luis Martínez, que utilizaba procedimientos de escritura de manera increíble. Es también un escritor que admiro y que sin duda tenía una dimensión política. Gracias también por tu poema. Reconozco un estilo muy definido en los textos que has enviado a la residencia. En particular, en el último poema que me enviaste disfruto las referencias a lugares o marcas alemanas, pues aunque no las conozca, me hacen sentir más cerca de ese lado del mundo. Me gusta también el final, cuando dice “tengo una cocina a gas, ardiendo de azul” y me hace sentido con estos días, estar triste y tener rabia, al mismo tiempo una leve esperanza de cambio, ¿podrá ser parecido a arder en azul?
 
Finalmente, no puedo estar más de acuerdo con lo que piensa el formalista ruso Wiktor Schklowski, cuando dice que el lenguaje coloquial está automatizado y que el arte altera esa automatización. ¿No es eso, acaso, lo que hace la poesía al desarmar el lenguaje? Por último, paso a responder tu pregunta sobre el observador en la poesía: ¡el observador lo es todo! La mirada, la voz poética, es por ahora lo que más me interesa. ¿Es en tu caso es similar? Siento que en la escritura uno va pasando por etapas, y hay períodos en que ciertos elementos toman mayor relevancia. 
 
Esta carta es una oportunidad para expresarme en estos días tensos y tristes. Agradezco de verdad que hayamos compartido este espacio y espero ansiosa tu respuesta. Esta vez no enviaré un poema mío, pero te mando dos collage que hice para esta última carta. Uno de ellos estaba inspirado en los poemas sobre abejas de Silvia Plath, el otro lo hice estos días para distraerme de la violencia que se ha vivido en Chile. De verdad gracias por tu tiempo y tu interés, además de la minuciosidad de lectura y por entregarme de forma transparente algunos de tus pensamientos e ideas. Hoy más que nunca valoro la conexión con otras personas, y en particular la oportunidad de vincularme desde la escritura y desde la percepción sensible del mundo.
 
Un gran abrazo,
 
Victoria

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