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26 de septiembre 2019
Carta para Felipe

Querido Felipe,
 
es cierto, no he respondido tus preguntas.
No me lo tomes a mal. Rara vez lo hago sin vueltas cuando se habla
de alguien. ¿Si alguna vez he usado un seudónimo?
Puedo contestarte: Nunca. Has
jugado también ese juego en el que uno caía a las fiestas,
ebrio de aburrimiento, curiosidad, deseo. Never
have I ever
. Pocas veces iba
a las fiestas, no bebía, en tanto me gustaba otro juego:
Era buena en no haber hecho cosas aún.
Me estimulaba mucho más el asombro que esas cosas en sí.
Y el cáracter giratorio del Nunca de las palabras … Never have I ever.
¿Alguna vez tú has usado uno?
¿Un seudónimo? No, nunca. ¿Por qué?
Hay un nombre, insuficientemente justificado, llega demasiado pronto,
llegó muy tarde,
era demasiado grande, se vuelve demasiado pequeño; pero se revela tenaz.
A veces, tú lo dices, se lo confunde con otros; expresa, deliberadamente,
indignado, esto o aquello. Lleva adelante serios negocios
en mi nombre. Si se investiga,
se da a conocer, no enloquecerá como
una experta en guantes, se muestra destinado a un fin específico, resistente:

https://www.zm-online.de/markt/news/detail/nitril-handschuhe-mit-patentierter-low-derma-technologie/

Cuando aprendiste la palabra guante en alemán, ¿te reíste
de la torpeza de este término,
que no diferencia las manos de los pies?
¿Sonreíste
porque esta torpe palabra participa en operaciones precisas,
donde cirujanos y ladronas juegan con los dedos,
porque visita óperas y sabe acertar cuando lanza bolas de nieve en la ventana de la escuela?
Mi nombre tiene todo esto por delante.
Never have I ever. Y tú-

los dos- nos sentamos por última vez.
Hoy quedémonos de pie:
Deja que nuestros nombres tomen asiento.
 
Felipe.
Johanna.
                   Gabriela.
 
¿Quién, pregunto, ha de sentarse?
Un puñado de reyes,
imperios a sus pies
perros pintados bajo una tabla pintada,
      un evangelista, cuatro caballos relinchando,
quizás una muchacha de catorce años y con ella
cien años de guerra y un ángel
que del fuego trae la salvación?
¿Los reconoces, sus rostros entre los que allí se sientan, sin rostro?
¿Se te exige todavía mucho después de los juegos?

Never have I ever…
¿Crees que algo subsiste,
milagro o espanto, que todavía no ha sucedido
en nuestro nombre? El poder ha ocupado el lugar.
Para tener prestigio, basta con su nombre.
No tiene que identificarse, no requiere permiso
para quedarse, no se exigirán huellas dactilares,
de todos modos tiene sus manos por doquier.
 
¿Y creemos que estos nombres nos pertenecen?
 
Como escritores tratamos con nombres que no nos pertenecen.
Es verdad que nuestro equipo es limitado,
carecemos de escáneres corporales, drones submarinos, satélites de escucha.
            (Aunque hay escritores que se pueden imaginar eso.)
Hay más nombres que nosotros, pero sabemos cómo organizarlos
en clases, categorías, sexos. Investigar su origen.
Y aunque siempre entendemos tan solo lo más mínimo, somos optimistas.
 
Sólo: Si eres solo para ti mismo, todo para ti, ¿tienes un nombre?
¿Puede ocurrir que te extravíes?
¿Podemos-
Me pregunto eso. ¿Y tú, Felipe?

Desde ahora
dejo de saber,
habla Gabriela,
lo apuntaré.
 
Balada de mi nombre (Ich werde meinen Namen verlieren)

Balada de mi nombre
 
No perder, una y otra vez, solo el nombre.

Imagen:
Voy a perder mi nombre,
soy más útil sin él.
Cuando me río se aferra a mis labios como a una barandilla,
inseguro, institución humana, paciente, acostumbrado a mucho,
con frecuencia cae, a menudo complaciente, en manos desconocidas
que lo escriben mal, le agrada, el experto,
como si se le hubiera hecho un corte de pelo, 
al pronunciarlo se caen por sí solas las consonantes como frutas,
Si callo, hace muecas y amenaza ocasionalmente
con armar las maletas.
Cuánto más ligero viaja, sin mi.


La bailarina (Tanz des Verlierens)

La bailarina
 
¿Qué nos sucede en la danza?

Imagen:
La danza del perder,
la danza, la danza salvaje,
Cuando tambaleamos, volcamos solos,
nuestros cuerpos habitables
pierden, se convierten en otros,
algunos, otros,
alivio, redención,
cuando todo se nos desvanece.
 

Gabriela:
 
La danzadora
 
Está bailando a la orilla
del mar, doblando pastos
de pradera que no vemos.
Sin ropas baila y sin carne
toda luz, teniendo y dando.
 
Está negando a la piedra,
al árbol, a las moradas,
a cuanto es duro, y sufre y muere,
a los cuerpos de los dormidos,
a los esclavos y los muertos.
 
Baila sin su nacimiento
y sin su vida y su tragedia.
Y no nos ve y no nos sabe,
liberada de la tierra
y de nosotros
por un aire que a turnos
es de albatros y gaviota.
 
Y ahora ya no es ni el viento
ni la pasión, que es la Tierra,
volando segura y ciega,
liberada de toda cosa,
cogiendo y dejando su ruta,
y queremos que nos lleve,
que no se suelte de nosotros,
eternos como ella misma,
desatados, liberados,
idos con ella, sin regreso,
solo siguiéndola y siguiéndola.
 
¿Has visto el albatros, la gaviota?
Por fin también he de arribar-
Se ha hecho tarde.
Quisiera también darte algo.
Para que puedas anticiparlo, como el mar.
Algo de lo que aún debo hablar,
para lo cual no existe ningún nombre.
Por hoy esto: He comenzado a echar una mano,
primero: al poema que rodea tu carta: La otra.
Después: a cada uno de los primeros versículos al final del libro
unidos por aquellos cuyos nombres olvidamos,
palabras que cargábamos con nosotros.
 
Te invito a tener pérdidas o llenar huecos del más cabal modo que tú quieras.
¿Prefieres los adioses o los dioses de brazos anchos?
 
La otra

La otra
Imagen:

 

Una en mi era llama de aridez y rayo de agua
su boca resina habla por no caerse
ese robo acabó como aletazo
me cayó a la mano hermana
 
al pasar digo:
- Buscad otra
olvidadla
olas atadlá

INDICE

Indice

Indice Schatten


Imagen:

A beber luz que de noche anda libre
alamo dormido que echa a andar
queda tu boca seca fisura
bajo el arenal ella camina
 
Ahora son los adioses de brazos anchos
azul hermano de mi vado
dianoche juguemos
a la mesa se ha sentado la tierra
                                         azul loco y verde loco
el cielo a costado de la barca
baja se asoma y dice
mi lengua sea valle que llama temblor
Allega y no tengas miedo.
 

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