Reconstruir la memoria: archivos de cine chileno en Alemania

Alemania ha tomado un sitial cada vez más destacado como lugar de acopio, pero también de salvataje de materiales fílmicos que en Chile se daban por perdidos o eran del todo desconocidos.
 

  • “Herminda de la Victoria“ de Douglas Hübner © Arsenal Kino/Freunde der Deutschen Kinemathek
  • “Funeral de Luis Emilio Recabarren“ (1924), de Carlos Pellegrin (fotograma) © Cineteca Nacional de Chile
  • Afiche de la película “Isabel en la escalera“ © DEFA Stiftung
  • Heiner Roß, 1973 © Archivo Heiner Roß
  • “El Mineral El Teniente“ (1919), de Salvador Giambastiani (fotograma) © Cineteca Nacional de Chile
  • Alejandro Quintana Contreras en “Tango Rubio“ © DEFA Stiftung

El golpe militar de 1973 no solo significó un quiebre en la continuidad política de Chile, sino también una profunda fractura cultural. Quizás una de las áreas más críticas en las que se manifestó este quiebre fue en el cine. Recién en 2006 se fundó la Cineteca Nacional de Chile, como primer intento de centralizar el acopio de materiales fílmicos para reconstruir una memoria audiovisual del país. Hasta ese momento solo existía una gran dispersión, ya sea porque existían pocos archivos puntuales en el país, o los laboratorios fílmicos estaban en el exterior y a menudo los negativos quedaban allí en prenda. Además, el exilio contribuyó a agravar las cosas, porque en la lejanía se generaron cientos de películas de realizadores chilenos. Es decir, en 2006 quedó en evidencia la prioridad que tenía para la Cineteca Nacional de Chile generar un catastro que permitiera visualizar dónde había materiales chilenos relevantes en el mundo y en qué estado se encontraban.

Una de las colecciones más importantes de cine chileno se encuentra en el Arsenal de Berlín (antiguamente “Freunde der Deutschen Kinemathek” (Amigos de la Cinemateca Alemana)). Todo partió en julio de 1970 –meses antes de que fuera elegido Allende como Presidente de Chile– gracias al empeño del entonces gerente del Arsenal, Heiner Roß, quien acogió en su casa a dos figuras destacadas del cine chileno, Pedro Chaskel (director de Cine Experimental en la Universidad de Chile) y del director de fotografía Héctor Ríos. No solo surgió una amistad tan fuerte que subsiste hasta hoy, sino que Roß ofreció comprar las tres películas que traían Chaskel y Ríos, incluyendo toda la producción subsecuente. Se trataba principalmente de documentales sociales y políticos, que gracias a los “Freunde der Deutschen Kinemathek” se exhibieron en varios festivales alemanes (Berlinale, Oberhausen, Mannheim, Leipzig), certámenes europeos e incluso algunos se vendieron a la televisión alemana. La colección se fue completando con materiales chilenos que el periodista y curador Peter B. Schumann traía para el Forum de la Berlinale, y que abarca hasta los años ochenta y noventa.
 

Recuperación de valiosas imágenes históricas

Cuando vino el golpe de 1973 y surgieron rumores de que en Chile se quemaron documentales políticos, Heiner Roß comprendió el valor que adquirió su colección y financió de su bolsillo varias medidas para preservar estos materiales, copiarlos y difundirlos. En 1999, después del retorno de la democracia, Roß trajo a Chile una selección de estas películas que se exhibieron en el Goethe-Institut y tuvieron una itinerancia por el país. Algunas se proyectaban por primera vez en Chile, y el gobierno reconoció su labor con la entrega de la Medalla Gabriela Mistral. Muchas copias que trajo Heiner Roß pasaron a constituir el corazón de la colección de la Cineteca Nacional. Felizmente, en 2011 fueron encontrados los negativos de muchas de las películas de Cine Experimental de la Universidad de Chile, pero eso no desmerece los esfuerzos de Roß por preservar y difundir esos materiales durante muchos años.

Otro hito se produjo en el año 2001, cuando a través del Goethe-Institut arribaron a Chile 17 cajas con materiales fílmicos relativos a Chile provenientes del Bundesarchiv-Filmarchiv (sección de cine del Archivo Federal Alemán) y de la Fundación DEFA. Se trataba de material de cámara y también fragmentos de archivos chilenos que habían pertenecido a Heynowski & Scheumann, dos documentalistas de la antigua RDA. Ellos y su equipo –principalmente el camarógrafo Peter Hellmich– estuvieron en Chile antes y después del golpe de 1973, realizaron un ciclo de nueve películas en esa década y tres más en los ochenta. Les interesaba mostrar el gobierno de Allende como culminación del movimiento obrero chileno a través del siglo XX, y por eso se llevaron muchas imágenes históricas. En Chile, éstas se dieron por perdidas hasta que reaparecieron dentro de las 17 cajas. Entre el material recuperado se encuentra documentación sobre el funeral de Recabarren, fundador del Partido Comunista Chileno, o las imágenes de Mineral El Teniente filmadas por Salvador Giambastiani en 1919, considerado el primer documental chileno.
 

El cine de Skármeta

Actualmente, el Goethe-Institut está próximo a editar en DVD las tres películas que realizó en Alemania Antonio Skármeta, flamante ganador del Premio Nacional de Literatura 2014. Estas películas están guardadas en la Deutsche Kinemathek de Berlín. Dos de ellas, Despedida en Berlín (1984) y Cuando vivíamos juntos (1986), son completamente desconocidas en Chile. La tercera es Ardiente paciencia, cuyo remake más famoso fue Il Postino (El Cartero) de Michael Rutherford. Skármeta además fue el guionista de dos películas que filmó en Chile el realizador alemán Peter Lilienthal, La Victoria (1973) y El ciclista del San Cristóbal (1987), que hoy son importantes documentos históricos que esperemos en un futuro dejen de ser desconocidos para los espectadores chilenos.

La Fundación DEFA y el Deutsches Rundfunkarchiv (DRA, Archivo Alemán de Radio y Televisión) de Potsdam están resultando claves para que el Museo de la Memoria en Chile pueda reconstruir la época del exilio en la antigua Alemania Oriental, donde vivieron muchos chilenos. En 2012, el Goethe-Institut, junto a la Fundación DEFA, presentaron largometrajes escritos o protagonizados por chilenos exiliados en los ochenta nunca antes exhibidos en Santiago. Éstos permitieron conocer una realidad ignorada por el público chileno y, de este modo, abrir una veta para continuar investigaciones en torno al pasado reciente. El DRA establecerá en los próximos meses un convenio de trabajo continuo con el Museo de Memoria. La colaboración de los archivos e instituciones alemanas ha sido muy generosa y Chile ha sabido reconocer este aporte invaluable a su memoria audiovisual.