La democratización del agua

Niña tomando del agua del dispositivo FreshWater en San Pedro de Atacama, Chile.
Foto (CC BY-SA): FreshWater

Tres ingenieros chilenos construyeron FreshWater, un artefacto doméstico que puede garantizar el acceso autónomo de agua potable a millones de latinoamericanos.

FreshWater puede instalarse en cualquier lugar, independiente de la geografía o el clima. Incluso en un clima tan hostil como el desierto de Atacama (Chile), el más seco del mundo, un dispositivo de FreshWater puede obtener hasta nueve litros de agua al día y 32 mil durante sus 10 años de vida útil, mientras que en la costa llega a alcanzar los 30 litros diarios. Y sólo requiere una batería o enchufe eléctrico. Funciona recreando el ciclo natural del agua: un estanque de unos 100 cm de alto atrapa vapor y crea una nube que luego se enfría hasta provocar lluvia. De ahí, un computador la encauza hacia distintos estanques que filtran, purifican y esterilizan el agua. El resultado es agua absolutamente libre de sodio, minerales pesados, fluoruro o conservantes, a un costo de 0,03 dólares americanos por litro.

Los creadores de FreshWater no inventaron una tecnología, sino más bien la optimizaron. Todo partió en 2010 cuando el ingeniero forestal Héctor Pino se vio en la necesidad de conseguir agua cien por ciento libre de sodio para su hija que tenía un déficit renal. Investigó y llegó a los sistemas militares de deshumidificación. Inspirado por ese sistema se preguntó cómo podría aplicar esa tecnología en el ámbito doméstico a través de un sistema sustentable, sencillo y económico. Así, se asoció con Carlos Blamey, ingeniero experto en submarinos, y Alberto González, diseñador industrial con conocimientos en aeronáutica. Y, tras algunas investigaciones y pruebas, lograron crear el primer prototipo de FreshWater en 2013.
 

  • El aparato en medio del desierto de Atacama, Chile Foto (CC BY-SA): FreshWater
    El aparato en medio del desierto de Atacama, Chile
  • Taller para la creación de un dispositivo de FreshWater en Cachiyuyo, Atacama, Chile Foto: FreshWater
    Taller para la creación de un dispositivo de FreshWater en Cachiyuyo, Atacama, Chile

Comunidades conscientes

Recién con esa primera estructura, que según sus creadores “era como un Frankenstein”, este trío de ingenieros creativos se dio cuenta del gran potencial que tenía. Sólo hoy en Chile existen 40 mil comunidades, en su mayoría rurales, que no tienen acceso a agua potable. Y en toda América Latina se calcula que hay 34 millones de personas en igual situación. “Quisimos democratizar el acceso a este recurso, llevarlo a zonas remotas y de escasez”, sostiene Pino. Para eso debieron mejorar el diseño y el sistema de FreshWater. Es así como construyeron un aparato que luce como un lavatorio con un grifo y de fácil manutención. “Al probarlo en zonas como Petorca, en la V Región de Chile, descubrimos que no podíamos entregar algo demasiado tecnológico a las comunidades aisladas. Nadie lo entendería ni usaría. Conseguir la estructura actual costó años”, comenta Pino. Tanto, que recién a fines de 2015 lanzarán el equipo de forma comercial.
 
Tras sus pruebas iniciales, los fundadores se asociaron con la ONG chilena Socialab, que apoya emprendimientos revolucionarios y sostenibles. Además, buscan configurar un nuevo modelo de desarrollo socioeconómico y coinciden con FreshWater en su interés por distribuir este sistema en varias localidades en Chile, pero también en otros países. “Queremos llevarlo a, por ejemplo, la Guajira colombiana y el Chaco argentino”, afirma Héctor Pino, con la idea de mejorar el acceso a agua de calidad pensando en la salud de cientos de habitantes. 
        
No obstante, no se trata simplemente de viajar e instalar la tecnología. Según Héctor Pino, uno de los factores importantes es el trabajo con las comunidades, realizar actividades de creación conjunta del mecanismo y monitorear los hábitos de consumo antes de ponerlo en funcionamiento. Y agrega: “Se trata de que el dispositivo sea de fácil uso, como un electrodoméstico y no un contenedor colectivo y grande, de esos que al final nadie mantiene.”

Un futuro complejo

El dispositivo de FreshWater cuesta actualmente 1.500 dólares americanos y se construye en 72 horas. El siguiente desafío es conseguir una producción más económica. Para eso, ya cuentan con el apoyo de Start-Up Chile, del Fondo SSAF (Subsidio Semilla de Asignación Flexible) y de la Corfo (Corporación de Fomento a la Producción) para probar el sistema en la Región de Atacama.
 
Sin embargo, existen múltiples barreras para crecer. Aunque han iniciado conversaciones con el Gobierno de Chile, las cosas avanzan lentamente. Según Pino, “en el país existe una guerra del agua encubierta. La protagonizan, entre otros, los dueños de camiones cisternas que van a zonas aisladas. Como nosotros rompemos su esquema y negocio, nos cuesta avanzar. Somos un mercado alternativo y queremos que esto se convierta en una solución global. A la gente le brillan los ojos cuando les decimos que podrán tener agua prístina con sólo apretar un botón. Eso nos entusiasma tanto, que vale la pena todo el esfuerzo.”