Los guardianes de semillas

Intercambio de semillas en Limache, V Región, Chile
© Red Semillas Libres Chile

La Red Semillas Libres Chile, una asociación inclusiva, horizontal y autónoma lucha  contra los monocultivos y las semillas genéticamente manipuladas.

Valentina Vives siente mucha satisfacción cuando participa en un intercambio comunitario de la Red Semillas Libres Chile (RSLC) y ve que alguien se encuentra con las mismas semillas nativas que cultivaban sus abuelos y que se creían extintas o quizás olvidadas. Ya son casi cuatro años desde que Vives y sus colegas de la RSLC se reunieron para crear en 2012 esta organización sin fines de lucro, transdisciplinaria, horizontal y autónoma.

En este tiempo han experimentado con frecuencia que muchas personas divulgan en público los mensajes que su organización ha difundido en Chile y en otros países. “Cuando escucho mis ideas y las de mis maestros en las voces de otras personas recuerdo que las semillas son tanto más que un patrimonio vegetal. Y nuevamente se me hace más claro cuál es nuestra misión. Esos mensajes que van de generación en generación son esenciales, ya que sin semillas no pueden haber pueblos, ni personas, ni cultura. Si las destruimos estamos haciendo lo mismo con nuestras propias vidas. Las semillas son un elemento sagrado que debe ser compartido, pues así lo dicta la naturaleza,” comenta la química ambientalista Vives.

La lucha contra los monopolios

La idea de fundar la RSCL surgió en 2012. En ese entonces, Valentina Vives conoció a Claudia Flisfisch en Ollaytantambo (Perú) durante un encuentro organizado por la asociación francesa Kokopelli. El tema del encuentro era la protección de la biodiversidad y la producción de semillas orgánicas. En este encuentro surgió la idea de fundar la Red Semillas Libres Chile, y así estar en sintonía con voluntarios de Colombia, Ecuador, Venezuela y Argentina. El grupo se formó con ocho profesionales de diversas disciplinas, que rápidamente creció y llegó a convocar incluso a más de veinte organizaciones que se dedican a la protección de semillas.

Una de las metas del grupo es la lucha contra la expansión y el monopolio de las empresas locales y multinacionales que, en pos del negocio exitoso, anhelan la disminución de las semillas nativas y criollas para la producción de monocultivos. Además, sus simientes, que han sido mutadas genéticamente, son costosas y están sujetas a derechos de propiedad intelectual. Es decir, la RSLC lucha prácticamente contra el sistema agroalimentario de hoy. Según estadísticas de la Asociación Nacional de Productores de Semillas de Chile se estima que para fines de 2015 se habrán plantado alrededor de 45,000 hectáreas con semillas genéticamente manipuladas. Hasta el día de hoy no hay ninguna reglamentación ni legislación que proteja a los agricultores que quieran trabajar con semillas nativas. Muchas organizaciones ambientalistas han manifestado su preocupación sobre la liberación de los alimentos transgénicos.

Las semillas no deberían ser privatizadas

“Nosotros anhelamos recuperar semillas libres de propiedad intelectual, agroquímicos, modificaciones y fronteras. No puede ser que sobre ellas rijan derechos de autoría, pues son un elemento que sostiene la vida, la cultura y no debería ser privatizado. Han construido una sociedad consumista y temerosa a base de premisas que debemos derrumbar, como aquella que dice que el alimento va a escasear,” explica Vives. Y, en esa línea, se plantea que el cultivo debe estar regido por el derecho consuetudinario.

La Red Semillas Libres Chile tiene como uno de sus principales objetivos contagiar a los chilenos –y quizás incluso a los países vecinos– con un espíritu de desarrollo alternativo, basado en la cualidad humana, con valores como compartir, la moderación y la reciprocidad más allá de la necesidad de consumir permanentemente y cercano a una economía más horizontal. Para ello realizan talleres, encuentros estacionales, asambleas y conversaciones enfocados en técnicas para recuperar simientes y los aspectos legales del patrimonio cultural que las rodea. “No se trata solo de rescatar y cultivar, sino de comer el fruto obtenido y de este modo valorar su historia para así poder cerrar el ciclo,” sostiene Vives.

Una relación alternativa con el planeta

Entre 2013 y 2014 los activistas de la RSLC recorrieron el país para compartir sus experiencias y cimentar subgrupos regionales. Hoy en día existen redes en las regiones de los ríos Biobío, del Maule y la región Metropolitana, así como en Chiloé y Punta Arenas. Valentina Vives, con otros cinco socios, se propusieron ordenar internamente la organización: “Este año creamos la Cooperativa Semilla Austral, que presta servicios a la Red Semillas Libres con un propósito más amplio, porque pensamos que el rescate no podía avanzar solo. Era necesario trabajar con educación ambiental para generar un cambio de paradigma y tener otra relación con el planeta. Damos talleres, estamos planeando crear una editorial y postular a proyectos internacionales.”

El encuentro de la red en 2013 reunió a más de 800 personas por siete días en Laguna Verde. Asimismo, la organización tiene una lista de difusión a escala mundial, que suma unas diez mil direcciones de correos electrónicos. “Jamás hemos necesitado convencer a alguien, la gente viene por sí misma. Esta organización, como otras en red, se basa en la confianza y en la autorregulación. Eso es lo bonito,” afirma Vives.