Espacio G Autogestión y activismo en la era postindustrial

Huertos Flotantes, Espacio G. Proyectos con Código Abierto, 2011-12
Foto: cortesía Espacio G

Espacio G constituye una agenda artística más allá del ámbito académico, poniendo en práctica la distribución de conocimientos y la disrupción del sistema establecido.

El artivismo, los mapeos colectivos, las infografías de denuncia, el hacktivismo y la permacultura son medios tácticos que logran configurar estrategias de infiltración necesarias para viralizar y provocar ciertos cambios en una sociedad dominada por los medios de comunicación masiva, ofreciendo una visión distinta a las que presentan las multinacionales que controlan la infoesfera.

En este contexto se desarrollan iniciativas como CRAC Valparaíso, mapa.valpo o Espacio G, que en Valparaíso –patrimonio cultural de la humanidad y al mismo tiempo una de las ciudades con mayor desempleo en Chile– han establecido estrategias de autogestión que diluyen las preconcepciones del diseño, las artes visuales y mediales inscritas en el modelo actual de mercado cultural, señalando posibles caminos de liberación frente a un marco social y económico insostenible.

Decolonización

La cooperativa de arte Espacio G se estableció hace más de una década con el siguiente objetivo: “Queríamos descolonizarnos de la frontera académica que monopoliza la producción de contenido del arte local. De este modo, iniciamos un proceso particular de conocimiento y experiencia allí donde la mirada del régimen estético-político intenta cosificar y determinar el valor de circulación del arte en sus diferentes manifestaciones.”

El espacio lo gestionan Jocelyn Muñoz, máster en cultura visual por la Universidad de Barcelona, y Mauricio Román, hackactivista, quienes guían los ideales de Espacio G: compartir, colaborar, cooperar y disfrutar de lo que hacen. Según Jocelyn y Mauricio “Gracias a estas líneas básicas tenemos la suerte de recibir a personas interesadas en colaborar con nosotros y mas aún con el espacio, que ha hecho posible que podamos mostrar y/o hacer lo que nos gusta.

Extraño y todo un nuevo desafío

Espacio G se funda en septiembre de 2004 en el pasaje Fischer en Cerro Concepción, Valparaíso, Chile. El lugar elegido fue una casa con un galpón amplio, el cual a principios del siglo veinte fue usado como baños públicos femeninos. Como relata Mauricio: “Llegamos al Cerro Concepción a esta nueva casa donde éramos cuatro amigos que veníamos de un proyecto anterior, Pabellón G, en el Cerro Cordillera. Fue extraño y todo un nuevo desafío levantar un espacio autónomo, libre y autogestionado, dedicado al arte contemporáneo con la visión de mantenernos en el tiempo.” Y continúa: “En ese edificio, los últimos tres pisos estaban abandonados hace décadas. Nosotros decidimos recuperarlos para realizar una exposición llamada Nuevo medio: crisis/acción en respuesta a lo que la institución universitaria nunca había ofrecido: un espacio digno para mostrar arte en Chile y más aún en Valparaíso. En ese entonces se llamó Pabellón G. El nombre surgió a raiz de que disponíamos de grandes pabellones para trabajar. Posteriormente le cambiamos el nombre por el de Espacio G. Decidimos poner la letra G por diferentes motivos, unos secretos y otros muy obvios con lo que muchos ya han especulado”, dice Mauricio.

Transversal, orgánico, aún por descodificar

Espacio G pertenece a las iniciativas que actúan desde una transversalidad orgánica, es decir, desde el cuerpo individual hacia el cuerpo colectivo. Los miembros del colectivo entienden y ponen en práctica la libertad de expresión, la distribución de conocimientos y la disrupción del sistema establecido, constituyendo una forma orgánica del quehacer social y artístico más allá del ámbito académico.

Compuesto por personas con diversos intereses, gustos culinarios, computadores, sonidos, imágenes fijas y en movimiento, los miembros de Espacio G comparten el espacio trabajando de forma colectiva sobre modos de autogestión en los ámbitos de la contracultura, las redes libres y la alimentación, poniendo en práctica una forma de economía aún no descodificada por el sistema político tradicional.

Biológico, horizontal, conectado

La cooperativa de arte trabaja en red con otros espacios reunidos en el Circuito de Espacios Domésticos (CED). Una de las iniciativas de Espacio G es el colectivo de alimentación “La Lechuga”, que se define como un lugar donde ejercer una “economía colectiva, cooperativa y autónoma para llevar estas prácticas a acciones que levanten barricadas inmunológicas a través de nuestra alimentación. Así, el espacio de cocina es también deseo de transformar nuestras condiciones de vida, explorar en la autoorganización y en la autoformación en el cotidiano.”

Estas “barricadas inmunológicas” se configuran como un portal de iniciación “biológica” para entrar en otros espacios de complejidad social; así como nos defendemos de los alimentos transgénicos, es necesario crear una conciencia y práctica sobre la libertad de los contenidos en la red.

Otro ejemplo de cooperación horizontal es la que se practica con “Valpo Mesh”, una red libre de transmisión de datos entre nodos distribuidos en la ciudad. Esta red fue potenciada recientemente con la visita de la filósofa y hacktivista Elektra desde Berlín en el contexto del Segundo Encuentro de Cultura Digital. Durante su visita, se implementó el protocolo online B.A.T.M.A.N. –con base en la comunidad Freifunk con base en Berlín– uniendo simbólicamente ambas ciudades mediante un código o lenguaje común.

Sobrevivir o colapsar

Pero, ¿qué es lo que golpea este martillo?, ¿qué interiores remece? Siempre es complejo lograr equilibrios estructurales para quienes el mundo de la cultura, las artes, la arquitectura, han sido absorbidos por dinámicas neoliberales. Chile, país laboratorio de Milton Friedman y la Escuela de Chicago durante la dictadura de Pinochet y la oligarquía ancestral chilena, ha sido un triste actor en esta historia. Del proyecto político emancipador de los sesenta y principios de los setenta, pasó a ser el pionero del capitalismo subyugado.

En contraposición, las redes en torno a Espacio G ofrecen alternativas al sistema. En el duro e intenso contexto de Valparaíso, Espacio G destaca por su trabajo comunitario, realizando una gran obra colectiva que evoluciona, muta y viaja en el tiempo. Su sobrevivencia o degradación depende de todos.