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Chile
"Érase una vez" [basado en hechos reales]

ES WAR EINMAL
Foto: © LASTESIS Valparaiso 29 de noviembre 2019

Lo que pasa tras las puertas del confinamiento queda ahí, escondido, irrelevante. Irrelevantes mujeres agredidas, violadas y asesinadas.
 

De Colectivo LASTESIS

Érase una vez, una mujer, ANNA que vivía en una tierra no muy lejana.

ANNA trabajaba como empleada doméstica en la casa de unos conocidos de una amiga. Llegó a trabajar a esa casa en una época en que necesitaba un trabajo estable con urgencia a pesar de tener estudios en otra cosa. Como sus empleadores eran conocidos, e indudablemente buenas personas, nunca le habían hecho un contrato de trabajo. Eso significaría pagar impuestos, imposiciones y otros gastos que terminarían recortando en demasía su sueldo, lo cual con el tiempo no le convendría. O al menos eso decía la señora, su patrona. Pero ni la señora ni nadie contaban con que aparecería una pandemia, un virus que les confinaría en sus casas durante meses.

Un virus invisible que se transmitía a través del aire, y que silenciosamente contagiaba y aniquilaba vidas, desechables para la máquina de producción capitalista. Un virus que nos enseñó el privilegio del encierro, del cuidado, el privilegio de quienes no tienen que salir a trabajar de todas formas para no morir de hambre. Un virus, que una vez más, golpeó un poco más fuerte a las mujeres.
Rápidamente, los conocidos de su amiga la despidieron, y como muchas y muchos trabajadores sin contrato no pudo apelar a ningún beneficio social. Cesante, sin posibilidades de trabajar y confinada en su hogar. Algunas veces ANNA, como tantas otras, tiene que salir a pesar del contexto en búsqueda de alguna oportunidad de llevar el sustento, en una de esas vueltas  a casa, un hombre la  violó.
 
El procedimiento oficial indicaba que debía llamar a la policía en caso de ser violada, pues ese era el canal institucional oficial. En plena pandemia, ANNA tampoco pudo ver otra alternativa, y guardar silencio ya no era opción. Ella decidió confiar en los agentes del estado, llamar a la policía y denunciar su ataque. Al finalizar la llamada, salió de su casa, en la noche, junto a su amiga a quién pidió refugio en primera instancia tras el ataque. ANNA rompe el confinamiento para defenderse, junto al silencio, para esperar a la policía. Porque ella misma les llamó, porque ella misma denunció. La policía llegó al lugar, a causa de la denuncia realizada por ANNA, y al ver a una mujer violada, elige ver que ha roto el confinamiento. ANNA fue nuevamente violentada, pero esta vez por los agentes del estado, por la policía que no la escucha. No les interesa. Su amiga, también en la calle, intentó explicar, pero la policía no escuchó. Sólo pudieron ver a una mujer afectada, en la vía pública, lo cual para ellos constituye un peligro. ANNA Ha quebrado la ley, ha roto el confinamiento, motivo por el cual se la llevan detenida. A su amiga no.
 
Unas semanas después, ANNA descubrió que estaba embarazada producto de la violación. Desde hace muy poco tiempo en su país las mujeres y personas con útero tienen el derecho a abortar. No obstante, sólo es posible en tres situaciones muy específicas y una de ellas era y sigue siendo la violación. Para ejercer su derecho, se dirigió a un hospital público, en el cual una vez más tuvo que contar su relato ante los ojos expectantes y juiciosos del personal de la salud. La primera persona que la recibió, la escucha, toma su declaración y se niega a realizarle el procedimiento ya que es un objetor de conciencia.

Los objetores de conciencia son aquellas personas que, a pesar de trabajar en los servicios de salud se declaran en contra del aborto por motivos morales o religiosos. Hay objetores de conciencia de todo tipo, hay algunos que lo son abiertamente, hay algunos disfrazados capaces de inventar lo más extraños motivos médicos para hacer tiempo, y así cumplas las 12 semanas que permite la ley para el proceso. Y hay otros que esperan ocultos y en silencio, para que llegado el momento de la intervención negarse en tu cara y en tu cuerpo ensangrentando a proseguir.
ANNA se enfrentó a objetores de conciencia de todos los tipos las 48 horas que permaneció internada a la espera de alguna fisura en los vacíos legales y en la empatía de cuánto médico y enfermeras y enfermeros dudosos pasearon frente a ella, releyendo su relato una y otra vez. De pronto, ANNA escuchó la palabra revictimizarse. Se repite. Y ella en lo único que piensa es en volver a su casa sin la sensación de estar alimentando al producto de su revictimización.
 
Creyendo haber dejado atrás estas marcas de violencia sexual y estatal, ANNA desapareció sin dejar rastro. Una semana después, encontraron su cuerpo sin vida en un sitio eriazo, desnuda, con las manos amarradas. Su cuerpo develaba que había sido torturada y violada durante días antes de ser asesinada. Heridas frescas que se ubicaban sobre heridas viejas, de todas esas veces que le sacaron la mierda en la calle, por como vestía, por quien era.
Tres años pasaron, y su caso seguía impune. La policía aún no encontraba al culpable, no encontraba al femicida. A la policía no le importa, no le importa una mujer muerta, pobre, de dudosa sexualidad y dudosos hábitos. La policía no investiga, la fiscalía no avanza, los jueces ni se enteran. La prensa hegemónica prefiere hablar del video más visto en YouTube en la semana que del femicidio de una mujer pobre y lesbiana.
Tres años pasaron y toman la decisión de cerrar el caso, sin imputados, sin culpables, sin justicia. El ADN en su cuerpo producto de la violación no era suficiente, las pruebas insuficientes, la tortura insuficiente, los fondos públicos insuficientes para investigar, para encontrar al femicida. Ya no valía la pena seguir investigando.

En un acto desesperado su familia, amistades y activistas se tomaron la fiscalía de la ciudad. La represión fue fuerte, como siempre, y derivó en 5 detenidas que terminaron con firma mensual y prohibición de acercarse al recinto. Un acto desesperado, pero que al menos consiguió que no se cerrara el caso, y al poco tiempo encontrar al femicida.

Un femicida que siempre estuvo ahí, a la vuelta de la esquina, que tenía una condena previa sin cumplir y que sin embargo, vivía libremente. Violaba libremente. Asesinaba libremente.
No hay voluntad por parte de las instituciones del estado para los cuerpos que no importan, para las vidas que no aportan a la máquina de producción capitalista neoliberal. La impunidad en chile es hermana de la justicia.
 
ANNA deja a una hija. A una niña, CATALINA. 
Al poco tiempo, ya no hay familia que pueda hacerse cargo de CATALINA. Cuando no existe una familia, cuando las, les y los niños y adolescentes no tienen con quien subsistir, el Servicio Nacional de Menores (Sename) interviene y se hace cargo de ellas, elles, ellos. No obstante, el Sename acumula un oscuro y perverso historial de abusos. Cuando una niña, niñe o niño llega al Sename, sabemos que es porque ya han sido vulnerados. Lo terrible es que sabemos que en esta institución se encontrarán con nuevas historias de abusos, de violencias, de muerte.

Según un informe publicado en 2018 por un equipo de la PDI (Policía de Investigaciones) en 2017 la policía registró 2071 casos de violencia y maltratos graves - incluyendo 310 agresiones de connotación sexual en hogares administrados por el Sename. Hoy, a pesar de que las autoridades de gobierno están al tanto del informe, el ministro de Justicia y el fiscal nacional aún no se pronuncian respecto a la violencia sistemática cometida por el Estado a través de este tipo de instituciones y en los hogares administrados por este servicio. 
A CATALINA le espera una vida de violencias.
 
Érase una vez, en realidad muchas veces, la historia de muchas mujeres que fueron abusadas, violadas, detenidas, confinadas, asesinadas. Por violadores, por golpeadores, por femicidas, por las instituciones del estado.
En el actual estado de excepción, de encierro y confinamiento han incrementado los índices de violencia doméstica. Han incrementado los ataques con palabras, con golpes, con cuchillos, con armas. Femicidios a martillazos, a balazos, degolladas, taladros que perforan el pecho de las mujeres, sus casas quemadas. El femicida preso, o muerto, suicidado. Más niñas, niñes y niños en el Sename.

Mientras, el gobierno sigue priorizando el mercado por sobre las vidas de las personas, por sobre los efectos de la pandemia. Hoy, los controles de los agentes del estado se preocupan de golpear con el peso de la ley a quienes desobedezcan la orden del confinamiento, del toque de queda, pero lo que pasa tras las puertas del confinamiento no es de su interés. Lo que pasa tras las puertas del confinamiento queda ahí, escondido, irrelevante. Irrelevantes mujeres agredidas, violadas y asesinadas.
 

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