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Escritor
Saša Stanišić

Saša Stanišić se ha apropiado de la lengua alemana de una manera única y ha logrado hacer de ella su instrumento de trabajo, quizás una varita de mago que, si bien no hace el mundo más bello, lo dota de encanto.

De Vanesa Díaz

Aleksandar dudaba de la magia, pero no de su abuelo, Slavko. Poco antes de morir, Slavko le entrega una varita, un sombrero y un mandato: «Imagina el mundo más bello de lo que es», tarea en la que el joven mago fracasó rotundamente. Muchos obstáculos se interpusieron en su camino, entre ellos la muerte de Slavko, la invasión serbia a Visegrado y el exilio. Este es el panorama que encontramos en Cómo el soldado reparó el gramófono (Wie der Soldat das Grammofon repariert, 2006), opera prima de Saša Stanišić (1978) quien, al igual que Aleksandar, nació en un país que ya no existe y al cual recuerda con amor y nostalgia.

La Guerra de los Balcanes obligó a Stanišić y a su familia a abandonar Visegrado, la ciudad a orillas del Drina que lo vio crecer y que quedaría grabada —como una cicatriz— en su memoria. Saša era aún joven cuando llegó con sus padres a Alemania: uno más de los miles de refugiados que produjo esa guerra. Como suele suceder en estas situaciones, un par de maletas eran las únicas posesiones de esta familia mitad serbia, mitad bosnia, que había visto desaparecer su hogar bajo el fuego inclemente de los bombardeos. Saša no conocía ni una sola palabra del idioma que posteriormente elegiría para escribir. Sin embargo, esto no fue un impedimento para continuar con su educación, pues mientras aprendía el idioma empezó a abrigar el sueño de convertirse en escritor. Aprendió la lengua de Goethe y Schiller con disciplina y devoción, hasta el punto de llegar a dominarla con maestría. Uno de los docentes Saša se interesó por sus textos y, luego de que este terminó el colegio, lo alentó a continuar escribiendo en alemán.

Saša no conocía ni una sola palabra del alemán. Sin embargo, esto no fue un impedimento para continuar con su educación, pues mientras aprendía el idioma empezó a abrigar el sueño de convertirse en escritor.

Ya habían pasado cerca de seis años desde la llegada de Stanišić a Heidelberg y la esperanza de volver a Visegrado se fue desvaneciendo. Decidido a permanecer allí para iniciar sus estudios universitarios en alemán como lengua extranjera y en filología eslava, tomó la decisión de separarse de sus padres, quienes migraron hacia los Estados Unidos. Tras culminar sus estudios en Heidelberg, ingresó al Instituto Alemán para la Literatura (DLL - Deutsches Literaturinstitut Leipzig). Allí empezó a tomar forma Cómo el soldado reparó el gramófono, con la que sorprendió al mundo no solo por la gran variedad de recursos narrativos, sino también por la diversidad de voces que logró con su narrador: primero niño, luego adolescente y, hacia el final del libro, joven adulto. El narrador relata con sensibilidad e imaginación lo que ocurre a su alrededor: el advenimiento de la guerra, el exilio y la búsqueda de un lugar al cual llamar patria.

Este relato le valió a su autor la nominación al Premio alemán del libro en 2006. El éxito no distrajo a Saša de la labor de escribir y, como un buen artesano, agudizó los sentidos y se dejó sorprender por la inspiración. Así, se topó con el tema para su segunda novela, Antes de la Fiesta (Vor dem Fest, 2014), en la que la acción transcurre horas antes de la celebración del Annenfest, celebración que se realiza anualmente en un pequeño pueblo alemán llamado Fürstenfelde. Antes de la Fiesta fue también aclamada por el público que apreció la dosis de humor y rareza con la que está escrita, ingredientes que han llevado a críticos, como Andreas Platthaus, a calificarla como una verdadera fiesta de la literatura.

En Origen (Herkunft, 2019), la novela más reciente y hasta ahora la obra más personal de Saša, el autor vuelve la mirada hacia sus raíces y se concentra en su abuela, quien murió mientras él escribía este proyecto. Esta es una forma de rendir tributo a ese hecho azaroso que es nacer, a esa primera casualidad que define —o al menos predispone— gran parte de lo que será nuestra vida: el lugar del que venimos, la lengua que hablamos y la familia a la que pertenecemos.
 

Origen es también el intento de tallar en el papel lo que ocurre en un pequeño lugar ubicado en Oskoruša, una pequeña aldea de 13 habitantes, 13 testigos de lo que otrora fuera un lugar fértil y floreciente. El tiempo no ha sido benigno con Oskoruša, pues los jóvenes habitantes decidieron migrar y los ancianos van muriendo, como las horas del día, sin dejar atrás otro testigo que el testimonio que guardan celosos en su memoria. Narrar esta historia con grandes dosis de humor y recurriendo a las sutilezas del lenguaje —ambos recursos propios del autor bosnio-alemán— hicieron que el libro fuera escogido como la mejor novela de la Feria de Libro de Leipzig (2019) y también como libro alemán del año.

La historia de la migración es tan antigua como las sociedades y la cultura y, sin embargo, nos sigue maravillando la capacidad de algunos escritores para contar el mundo desde esta experiencia. En la obra de Saša encontramos la magia de la que es capaz la literatura: por una parte, narra lo que está en el fondo de cada persona que ha sido perseguida o que ha sufrido la crueldad de la guerra y que lucha por seguir adelante, cada ser en busca de una patria, ese lugar que para los migrantes no existe más en el lugar que dejaron, ni en el que llegan y que, sin embargo, reside en los dos lugares. Por otra parte, la magia vive en esa otra mirada de la que hablaba Herta Müller, esa capacidad de observar lo que parece común y se ha insertado en el día a día; aquello que a fuerza de costumbre y repetición ya no sorprende a nadie, salvo al escritor de sentidos afilados, capaz de señalar las fisuras en el muro de la costumbre. Saša se ha apropiado de la lengua alemana de una manera única y ha logrado hacer de ella su instrumento de trabajo, quizás una varita de mago que, si bien no hace el mundo más bello, lo dota de encanto, haciéndolo resistir al paso del tiempo y el olvido.

Encuentre algunos libros de Saša Stanišić en la biblioteca del Goethe-Institut. 
 

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