El futuro de la memoria
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Ha iniciado el proyecto regional de Goethe-Institut, “El futuro de la memoria”, que reunirá a artistas y pensadores internacionales en diferentes países de Sudamérica.
Al principio había, ante todo, preguntas sobre la memoria y el olvido. Esto quedó claro durante la inauguración de “El futuro de la memoria”, cuando participantes centrales de este proyecto se reunieron para hablar sobre sus inquietudes y preocupaciones.
La apertura de “El futuro de la memoria”, proyecto regional liderado por el Goethe-Institut, tuvo lugar a finales de marzo en Bogotá. Los co-curadores del proyecto –provenientes de Bogotá, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Sao Paulo y Santiago de Chile– se encontraron con los organizadores en la sede del laboratorio de artistas “Mapa Teatro”, dirigido por Heidi y Rolf Abderhalden. Ya el lugar mismo del encuentro dio razón de algunas de las preguntas e ideas que dieron origen al proyecto.
La sede del encuentro fue una antigua, enorme y alguna vez suntuosa casa ubicada sobre la tradicional Avenida Séptima, en el corazón del Centro de Bogotá. Ya hace décadas, la zona entera, y con ella las construcciones y monumentos que se encuentran allí, empezaron a caer en el olvido y a convertirse en víctimas silenciosas del abandono institucional y social. Durante mucho tiempo, el lugar estuvo confinado a la decadencia material y emocional. Hace treinta años, los hermanos Abderhalden decidieron establecerse allí, renovar y adaptar el edificio, y convertirlo en un centro para la práctica y reflexión artísticas. Aquí, en la casa de “Mapa Teatro”, se llevaron a cabo varios de los eventos en torno al lanzamiento del proyecto “El futuro de la memoria” y la plataforma artístico-académica “Experimenta/Sur VI”, asociada al proyecto. Su título de este año es “Mnemofilia & Lotofagia”. No solo el título refleja el deseo de indagar sobre la memoria y el olvido. También la casa misma carga en sus muros, en sus escaleras, en toda su arquitectura republicana, las heridas del abandono, pero también el afán por recuperar y visitar una y otra vez lo ocurrido para que esto, elaborado y actualizado, pueda formar parte del presente.
Al comienzo del encuentro, Katja Kessing, quien como directora del Goethe-Institut en Bogotá, y junto a la coordinadora Úrsula Mendoza, ha sido una de las fuerzas motoras tras “El futuro de la memoria”, habló del interés de elaborar (y no necesariamente de responder de forma concluyente), desde el arte y la reflexión, inquietudes que hoy en día son centrales tanto en Alemania como en Sudamérica. Entre esas preguntas fundamentales se encuentran: ¿Para qué la memoria? ¿Y por qué intentar un acercamiento a este tema justamente desde la perspectiva del arte? Heidi y Rolf Abderhalden, de “Mapa Teatro”, refiriéndose al nombre “Mnemofilia & Lotofagia”, sugirieron una pregunta más: ¿No será acaso necesario también integrar al trabajo de elaboración de la memoria el concepto y la práctica del olvido?
Y de este modo, a través de las intervenciones y descripciones de los distintos proyectos artísticos de los curadores que estuvieron presentes en la inauguración, fue saliendo a la luz una serie de cuestionamientos fundamentales: ¿Existe realmente la llamada memoria colectiva? ¿Cuál es el papel del futuro en la reflexión sobre la memoria? ¿Para quién se preserva la memoria, para quién se recuerda? ¿Quién, qué exactamente, es la víctima, y quién la nombra como tal?
De qué manera aquellas preguntas están presentes en el proyecto, se pudo ver muy bien en los talleres, performances e intervenciones llevados a cabo en Bogotá en los días posteriores al lanzamiento de “El futuro de la memoria” y “Experimenta/Sur VI”.
Así, por ejemplo, en “Mapa Teatro”, tras la escucha grupal de un doloroso testimonio de una mujer víctima del conflicto colombiano, se llevó a cabo una intensa y conmovedora discusión al respecto, en la cual participaron varios intelectuales invitados: la jueza colombiana Gloria Guzmán, la psicoanalista y crítica de arte y cultura brasileña Suely Rolnik, el escritor colombiano Roberto Burgos Cantor, la filósofa colombiana Adriana Urrea, la antropóloga brasileña Ludmila da Silva Catela, y el politólogo y el abogado colombianos Iván Orozco y Alejandro Valencia Villa. Más tarde, un grupo de jóvenes artistas de diferentes países sudamericanos, junto con los co-curadores de “El futuro de la memoria”, tuvieron como tarea elaborar sus impresiones sobre el testimonio escuchado, a través de seis artefactos de madera y engranajes, llamados “Máquinas brechtianas de distanciamiento, memoria y olvido”. En cada uno de los experimentos mecánico-artísticos se pudo sentir, de manera particular, el dolor, la angustia, la impotencia, y quizá también el sentimiento de liberación, de la mujer cuya historia había sido escuchada colectivamente, y en la que se mezclan sensaciones diversas relacionadas con los conceptos de “memoria”, “olvido”, “víctima” – pero también “futuro”. Así mismo, las reflexiones y las preguntas en torno al significado de la memoria fueron la base de la construcción, en la tradicional Plaza de los Mártires en el Centro de Bogotá, de uno de los “monumentos efímeros” del artista francés Olivier Grossetête. Con la participación de cientos de ciudadanos se construyó una réplica en cartón de la histórica cúpula de la Iglesia del Voto Nacional. Varios días duró la construcción del monumento. Una vez estuvo listo, Grossetête dirigió el desmonte de la gigantesca copia en cartón: la memoria, una vez más, se convertía en ausencia, pero dejando marcas intangibles de su presencia efímera.
Al principio había, ante todo, preguntas. Preguntas sobre la memoria y el olvido. Y estas inquietudes, entre muchas otras que surgirán por el camino, serán sin duda la base y el hilo conductor de los diferentes elementos –obras artísticas, reflexiones interdisciplinarias y diálogos entre ellas– que durante los meses siguientes construirán “El futuro de la memoria”.