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Arte y aprendizaje automático
El lobo que alimentamos

Trátese de la composición de música o la pintura de cuadros: la Inteligencia Artificial posee las capacidades técnicas y creativas para producir arte.
Trátese de la composición de música o la pintura de cuadros: la Inteligencia Artificial posee las capacidades técnicas y creativas para producir arte. | Foto (detalle): © Adobe

Trátese de la composición de música o la pintura de cuadros, la Inteligencia Artificial (IA) ahora está en condiciones, desde la perspectiva técnica y creativa, de producir arte. Según el editor argentino Octavio Kulesz, esto puede desembocar en un aumento explosivo de la creatividad y, al mismo tiempo, en una mayor concentración del mercado en el campo cultural.

¿Qué aspectos de la Inteligencia Artificial (IA) despertaron su interés en cuanto editor y empresario?
 
Sigo muy de cerca la evolución de la Inteligencia Artificial desde 2016. Ese fue el año en que el programa de Inteligencia Artificial AlphaGo le ganó una partida del juego de mesa chino llamado Go a Lee Sedol, que había sido campeón del mundo 18 veces.
 
Lee Sedol se enfrentó en calidad de ser humano a AlphaGo, un programa que había desarrollado Googles DeepMind Technologies Company, y fue la primera vez que un campeón mundial humano de este antiguo juego de estrategia chino fue derrotado por una computadora.
 
Exacto. Lo que llamó mi atención, además de esa imponente victoria –AlphaGo derrotó a su contrincante humano 4 a 1– fue el comentario que Fan Hui, otro jugador de Go fantástico, hizo sobre una jugada de la máquina: “No es una jugada humana. Nunca vi que un ser humano hiciera esa jugada. Es hermoso. Hermoso. hermoso”. Sus palabras me impresionaron mucho. En esa época yo trabajaba en algunos artículos para la UNESCO e investigaba la influencia de la tecnología en la diversidad de la expresión cultural. Cuando fui consciente de que las máquinas no sólo tienen una capacidad de cálculo enorme sino que también pueden ser creativas, comencé a ocuparme más de la cuestión de cómo los sistemas de deep learning (aprendizaje profundo) podrían revolucionar en el futuro la cultura y el arte. Cerebro humano contra programa informático: en 2016 el programa de Inteligencia Artificial AlphaGo, desarrollado por Google, derrotó al jugador profesional de Go surcoreano Lee Sedol (a la derecha; a la izquierda: Aja Huang, jefe de programadores de Google DeepMind). Cerebro humano contra programa informático: en 2016 el programa de Inteligencia Artificial AlphaGo, desarrollado por Google, derrotó al jugador profesional de Go surcoreano Lee Sedol (a la derecha; a la izquierda: Aja Huang, jefe de programadores de Google DeepMind). | Foto (detalle): © picture alliance/AP Photo/Lee Jin-man ¿Dónde y cómo la Inteligencia Artificial influye en nuestro mundo cultural?
 
La influencia de la Inteligencia Artificial en el campo cultural ya es considerable y aumentará en el futuro. En la actualidad los algoritmos deciden qué libros, canciones y películas se nos ofrecen en las redes sociales y en otras plataformas. Pero tenemos que tener conciencia de que la influencia de la Inteligencia Artificial también está creciendo rápidamente en otros ámbitos de la cultura: no sólo en la distribución –a través de algoritmos de recomendación– sino también en la creación y la producción. Cada vez se usa más el aprendizaje profundo para crear obras de arte.
 
¿Qué aprovechamiento hace usted, en cuanto editor de libros científicos, de la Inteligencia Artificial? ¿Qué tareas ya les encarga hoy a las herramientas de la IA?
 
En la actualidad usamos la Inteligencia Artificial para recomendar publicaciones relacionadas y extraer metadatos automáticamente. Pero también estamos avanzando en otros campos, por ejemplo, en la estandarización de referencias bibliográficas.
 
¿Qué implicaciones tiene para la creatividad humana el hecho de las máquinas puedan pintar cuadros y componer piezas musicales?
 
Las tecnologías disruptivas muchas veces hacen que los artistas y la industria creativa deban redifinirse. En el caso de la IA, los sistemas de aprendizaje profundo como Generative Adversarial Networks (GANs) están allanando el camino para que los artistas puedan ampliar exponencialmente el alcance de su inspiración y crear nuevas obras. Deberíamos construir una nueva relación con esa clase de tecnologías. Las máquinas no reemplazarán a los artistas, pero constituirán un desafío para que reflexionen sobre su papel. No es casualidad que muchos artistas de IA no firmen sus obras con su nombre verdadero sino que usan pseudónimos que remiten por igual a ellos y a la máquina, como si los dos –humano e IA– hubieran trabajado juntos en la obra.
 
En diciembre de 2020 usted debatió con el matemático Marcus de Sautoy en la EUNIC AI Week. En aquella ocasión De Sautoy dijo que la IA cumple los tres criterios de la creatividad, es decir, produce obras que son nuevas, sorprendentes y valiosas. ¿Usted también lo ve así? Y en tal caso, ¿ha alcanzado la IA el estatuto de artista?
 
Coincido con Marcos en que esos tres elementos son decisivos para la definición de la creatividad. Sin embargo, según mi opinión, debe agregarse un cuarto aspecto: la intención de ser creativo. Las máquinas no tienen intención ni voluntad, por lo menos hasta ahora no. Por eso yo diría que todavía no se las puede calificar de artistas verdaderos.
 
¿Qué ventajas ve en la Inteligencia Artificial para la creación artística?
 
Creo que los sistemas de IA pueden ayudarnos a aumentar nuestra creatividad en muchos aspectos. En primer lugar con la inspiración: la IA puede permitirnos elaborar de modo automatizado cientos y miles de bosquejos, de los que después podemos hacer una selección o que podemos recombinar, etc. Esto puede verse bien en el caso del colectivo artístico Obvious Art, que usó con éxito GANs para crear pinturas. Entre ellas, por ejemplo, Edmond de Belamy, que se vendió en 2018 por 435.000 dólares. Las herramientas de Inteligencia Artificial nos dan la posibilidad de ser más eficientes y de ejecutar en pocos segundos procesos de producción que antes hubieran llevado semanas o meses. Las herramientas como Adobe Sensei ejecutan la edición de videos, la corrección de colores, la estabilización de imágenes y los efectos visuales mucho más rápido que los humanos. También por eso la Inteligencia Artificial puede hacer más fácil el ingreso de principiantes al sector de la creación.
El retrato de Edmond de Belamy del colectivo artístico francés Obvious Art se hizo con ayuda de Inteligencia Artificial y se vendió en la casa de subastas Christies de Nueva York a 435.000 dólares. El retrato de Edmond de Belamy del colectivo artístico francés Obvious Art se hizo con ayuda de Inteligencia Artificial y se vendió en la casa de subastas Christies de Nueva York a 435.000 dólares. | Foto: © picture alliance/AP Photo/Christies Lo que dice me sorprende. No es tan fácil acceder a las tecnologías de Inteligencia Artificial.
 

Es verdad que las tecnologías de Inteligencia Artificial no son de fácil acceso para los artistas tradicionales como guitarristas, pintores, escultores y otros. Pero la Inteligencia Artificial podrías ayudar a volverse creativos a aquellos que no tienen experiencia en determinado campo creativo, sea la música, la pintura o la escultura. Por ejemplo, los usuarios que no tienen idea de orquestación pueden componer una sinfonía en pocos minutos usando sistemas como AIVA o Amper. De esta manera, la Inteligencia Artificial les despeja los obstáculos a muchos usuarios que no tienen formación artística. Eso podría provocar que a algunos profesionales de la industria creativa se les compliquen las cosas.
  
¿En qué profesiones creativas está pensando?

La Inteligencia Artificial permite automatizar ciertas tareas. Así, en el futuro, al menos parcialmente, se delegarán en máquinas tareas que hasta ahora realizan seres humanos. Entre ellas están la traducción, la corrección, el diseño gráfico, la composición de música y la edición de imagen y video. Esto no quiere decir que esas profesiones se automatizarán y se reemplazarán totalmente. Pero si las máquinas logran hacerse cargo de determinado porcentaje de tareas, aquellos que sepan manejar técnicas de IA sacarán provecho mientras quienes no lo hagan estarán en problemas.

¿Qué tan grande es el riesgo de que la introducción de la IA lleve a una mayor concentración del mercado de las grandes empresas informáticas?
 
El gran peligro de la IA no es una posible sublevación de las máquinas –actualmente eso ya no es más que un escenario de la ciencia ficción popular– sino el hecho de que los grandes consorcios tecnológicos obtengan demasiado poder. La concentración del mercado siempre es perjudicial. En el sector cultural el peligro consiste en que podrían surgir monopolios u oligopolios, y esto no solo en la distribución y servicio de bienes culturales sino también en su creación y producción.
 
Si, por ejemplo, Google, Apple, Facebook y Amazon (GAFA) no sólo distribuyen bienes culturales, sino también los producen ellos mismos.
 
Exacto. El recurso más valioso de los consorcios informáticos que operan como plataformas son los datos. Los datos les permiten a las empresas dominar toda la cadena de la creación: elaboración, producción y distribución. Ya no existe más la clásica concentración horizontal en la que un par de jugadores poderosos van comprando a los competidores. Hoy en día los titanes de la tecnología constituyen un mercado cerrado. No dominan determinado segmento, ellos mismos son el mercado. El uso más amplio de la Inteligencia Artificial reforzará esta tendencia.
 
Si la Inteligencia Artificial se convierte en creador de bienes culturales –obras visuales, musicales o literarias–, ¿de quién es el copyright? ¿Del desarrollador del software que programó la Inteligencia Artificial? ¿De los consorcios dueños de la IA? ¿Del artista que le enseñó a la máquina? ¿De una combinación de estos tres? ¿O de nadie?
 
Esa es la pregunta clave cuando se trata de la Inteligencia Artificial y de la creación artística. Debatí esta cuestión detalladamente en una guía sobre IA en el arte y en la industria creativa, que escribí con Thierry Dutoit y publicaron la Organización Internacional de la Francofonía (OIF) y Wallonie-Bruxelles International (WBI). La discusión sigue. Pero la jurisprudencia tiende a considerar creadores efectivos a aquellos que usan la IA para crear obras. Algo, sin embargo, está claro: la máquina no puede ser considerada creador, porque le falta la intención.
 
Si vemos el papel de la IA en cuanto distribuidor de bienes culturales, lo que hace es adaptarlos para consumidores individuales según las preferencias de estos: ¿no podría llevar esto a que se pierdan narrativas y discursos en común y que surja un mundo en el que cada uno consume su propio programa cultural?
 
Hace unos diez años Eli Pariser acuñó la expresión “burbuja de filtro” para referirse al universo de información que los algoritmos crean para cada uno de nosotros. Las redes sociales tienden a crear cámaras de eco que acentúan nuestras opiniones y muchas veces nos aíslan en subgrupos. La IA no se usa sólo para difundir contenidos, también podría usarse para crear contenidos de modo que coincidan exactamente con el gusto de cada cliente. Así llegaríamos a la situación de una “burbuja perfecta”, en la que la expresión cultural se generaría de modo automatizado y personalizado. En tal caso, ya no se comunicarán más los significados, los valores y las narrativas en común. La cuestión es si puede sobrevivir una sociedad sin una identidad cultural común.
 
La IA crea, en cualquier caso, nuevas oportunidades y nuevas posibilidades de creación, herramientas, influencias y formas de expresión. Al mismo tiempo, el espacio creativo se estrecha, por ejemplo, debido al acceso limitado a la tecnología, a la influencia de los consorcios informáticos, las burbujas sociales, etc. ¿Se trata de una contradicción insoluble?
 
Si la tendencia actual continúa, es muy probable que asistamos a una explosión de contenidos creativos, pero también a una concentración del mercado más fuerte. Este problema se repite, por cierto, con cada tecnología nueva. No sólo debemos prestar atención al efecto absoluto de bienestar que se genera, también debemos observar cuidadosamente cómo se reparte esa riqueza entre los diferentes involucrados. Está en todos nosotros –usuarios, artistas, empresarios, políticos– acordar un escenario más justo, plural y diverso.
 
¿Qué conclusión saca para el momento actual? ¿La IA amplía la diversidad de la expresión cultural o la limita?
 
Las tecnologías no tienen vida propia. Decisivo es lo que hacemos con las tecnologías... o lo que no hacemos. Esta situación me recuerda la historia de los dos lobos: un indio anciano le da enseñanzas sobre la vida a su nieto. “En mi hay una lucha furiosa”, le dice al muchacho. “Hay una lucha terrible entre dos lobos. Uno es malvado, representa la rabia, la envidia, las penas, el pesar, la codicia, la arrogancia y el ego. El otro es bueno”, continúa, “es la alegría, la paz, al amor, la esperanza, la serenidad, la amistad y la compasión. La misma lucha tiene lugar en tu interior y en todos nosotros”. El nieto piensa un momento sobre lo dicho y le pregunta al abuelo: “¿Qué lobo ganará?” “El que tú alimentes”, dice el indio anciano. Todos estamos en el mismo dilema: según qué decisiones tomemos en los próximos años, el ecosistema cultural podrá volverse algo vivo y plural. O podrá ser controlado por un puñado de consorcios tecnológicos que tienen una visión meramente utilitaria del arte.
 
Si nos encontráramos en cinco años, ¿cómo respondería a la segunda pregunta que le hice? ¿Dónde y cómo la Inteligencia Artificial influye en nuestro mundo cultural?
 
De hecho es muy difícil hacer pronósticos porque la mayoría de las veces concebimos el futuro como una continuación de tendencias anteriores. Los avances de la IA pueden ser exponenciales y superar nuestras ideas más osadas. Ahora que los sistemas de IA hasta pueden escribir códigos de programa, podemos esperar en los próximos cinco años no sólo enormes saltos cuantitativos sino también cualitativos. La digitalización, que el cierre total y la cuarentena agudizaron claramente, no hizo más que acelerar estos procesos. Me gustaría creer que las diversas fuerzas sociales y políticas son conscientes de las implicaciones que tienen estos cambios y que en una época dominada por la IA actuarán para defender los valores y principios vinculados a la democracia, el pluralismo, la diversidad, la igualdad, la antidiscriminación, los derechos de la minoría, el saber tradicional, la perspectiva de los pueblos originarios y el respeto de la naturaleza. Sin embargo, el cambio puede darse tan rápido que aquellos que tienen información privilegiada pueden sacar provecho de la situación. Esto sólo fortalecería situaciones monopólicas y las volvería irreversibles. Recientemente, la UNESCO editó una propuesta de recomendación global para la ética de Inteligencia Artificial, en la que se tratan todas estas cuestiones urgentes.
 
Una última pregunta: ¿hay obras de arte, música o literatura elaboradas por o con ayuda de Inteligencia Artificial que pueda recomendarnos?

 Hace poco participé de un webinar de OIF, WBI y UNESCO en el que se trató la influencia de la IA en la diversidad artística. Entre los panelistas estaba Benoît Carré –uno de los compositores de música de IA más adelantados del mundo– que sacó en 2019 el álbum American Folk Songs. Lo que hizo fue alimentar la máquina con obras de Henry Purcell y otros compositores para crear nuevos arreglos de canciones populares. El resultado es increíble. La primera canción del álbum, una versión de la balada Black is the Color, es realmente grandiosa.

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