BERLINALE-BLOGGER 2017
Argentina en el diván

Cuatreros, de Albertina Carri
Cuatreros, de Albertina Carri | © Cuatreros

Hasta la Berlinale también llegan películas que no encuentran su sitio en el mundo. Es el caso de “Cuatreros”, de la directora argentina Albertina Carri, que se proyectó en la sección Forum.

La película va tras los pasos del mítico bandido Isidro Velázquez y narra los intentos fallidos por filmar una su biografía, cuya historia se conecta con la de su propia familia. Así, la directora se embarca en la búsqueda de una película desaparecida sobre Velázquez y para ello indaga en diversos archivos fílmicos. Con ese material Albertina Carri construye un original relato visual, y sobre él siempre su personalísima voz en off. Gracias a imágenes de noticieros y anuncios publicitarios genera un clima de época que traslada al espectador a la Argentina de los años 60 y 70 del siglo pasado, unas décadas de violencia, secuestros y desapariciones.

Pero al fin y al cabo se trata de contar una historia. La cineasta argentina narra de una forma muy personal y experimental una búsqueda. Busca a su madre y a su padre desaparecidos, busca sus restos, sus nombres, lo que dejaron en ella. “Hago un western con mi propia vida. Busco una voz, la mía, a través del ruido y la furia que dejaron esas vidas arrancadas por aquella justicia burguesa”, en palabras de la propia Albertina Carri.

Cuatreros es un proyecto tan personal y poco convencional que al espectador común le resulta realmente complicado meterse en la historia. Falta contexto, situación, un qué, cuándo y cómo. Se da mucha información por dada, y la que no, llega a través de una incesante voz en off que es bella, en ocasiones dulce, en otras amarga como el pasado que intenta transmitir, pero que no termina de conectar con el espectador. En definitiva, el filme es una especie de asociación libre de ideas. Estamos en la consulta, y sin quererlo, nos hemos convertido en el psicoanalista y no queda otra que contemplar -quizá aturdido- a una cineasta que se despacha a gusto en su diván. Con todo lo bueno y todo lo malo, todo lo nuevo y todo lo viejo, que ello supone.