Imágenes de la memoria La Explanada de los Ministerios transformada en plaza pública

Explanada de los Ministerios, Brasilia
Explanada de los Ministerios, Brasilia | Foto: Regina Dalcastagnè

Quien observa Brasilia desde afuera enseguida piensa que faltan esquinas y que los espacios públicos son tan amplios que casi ahogan.

No se ve que tenemos nuestros rincones, nuestras curvas, nuestros senderos que serpentean por el césped: tenemos la posibilidad de un encuentro entre los pilares de los edificioss y en los bares cuyas sillas deben ser quitadas de la acera en la temporada de lluvias; tenemos el feo cemento del Museo de la República, pero que es bueno para practicar skate. Tenemos los juegos en los parquecitos, la pesca en la costa del lago y las charlas ocasionales en los jardines de la Universidad; tenemos los árboles de mango que dan fruta y sombra en canteros inmensos, para descanso de los que cortan la mala hierba, pintan las señales de tránsito, limpian nuestras calles. Hablo del Plan Piloto, del centro de la cuidad, porque, aunque Brasilia es mucho más que eso, es desde allí que miro y pienso el mundo

En Brasilia siempre adaptamos los espacios a nuestras necesidades. Entonces, aunque la Explanada de los Ministerios sea por lo general un lugar de tráfico donde por temor a una insolación nadie se arriesga a caminar, últimamente se ha convertido en un punto de encuentro y resistencia. Desde las primeras manifestaciones contra el golpe –pasando por aquel 17 de abril de 2016, cuando millares nos sentamos juntos en el suelo para ver, angustiados, a través de pantallas, la votación del impeachment de Dilma Rousseff– hasta la protesta violentamente reprimida el pasado 24 de marzo de 2017, decimos una y otra vez que ese espacio es público y que es nuestro y que todo Brasil está invitado a compartirlo con nosotros en la lucha por derechos a los que no podemos renunciar.

Cuando hay manifestaciones, el poder público hace todo lo posible para dificultar el acceso a la Explanada, pero nosotros arreglamos encuentros con amigos en los alrededores, pensamos la ropa y el calzado más adecuados, llevamos pancartas y carteles, no nos olvidamos de la botellita de agua y de la lista con los teléfonos de los abogados que están de guardia. Al final, confirmamos que todos han llegado bien a casa. También nos organizamos para llevar provisiones a los que vienen de lejos y acampan por allí: trabajadores sin tierra, estudiantes, sindicalistas, indios, gente estupenda que llega a emocionar… Así, ese espacio inmenso toma dimensiones aún mayores y a la vez, parece volverse un lugar más nuestro, más íntimo. Hoy, cada palmo de césped sobre el que avanzamos juntos hacia el Congreso Nacional simboliza un palmo más hacia la democracia. Por eso fue tan dura la represión… un espacio de resistencia compartido es un espacio conquistado.

 

Regina Dalcastagnè es profesora de literatura de la Universidad de Brasilia, crítica literaria y autora, entre otros, de O espaço da dor: o regime de 64 no romance brasileiro y Literatura brasileira contemporânea: um território contestado.