Nosotros somos la ciudad De la co-determinación a la co-autoría

Como muy tarde desde la indignación que provocó el proyecto de estación de ferrocarril Stuttgart 21, en Alemania no se inicia ningún proyecto de desarrollo urbanístico sin pensar con la suficiente antelación en la participación ciuadana. Pero muchos ciudadanos ya no consideran suficiente que se les pida opinión. Toman la iniciativa y desarrollan soluciones a problemas que la Administración Municipal y el negocio inmobiliario han dejado sin respuesta. 

betahaus| Berlin betahaus| Berlin | Foto: Stephano Borghi En la sociedad del conocimiento, muchos proyectos ya no se realizan con trabajadores fijos, sino con equipos cambiantes de colaboradores autónomos – lo sean por voluntad propia o no, y cuyo número está aumentando claramente. Pero ¿cómo pueden encontrar estos autónomos una infraestructura que puedan permitirse y que se adecue a los diferentes trabajos que les encargan? Espacios de co-working, como betahaus en la berlinesa Moritzplatz, ofrecen lugares de trabajo para alquilar por unos días al mes, o incluso, dado el caso, por 24 horas seguidas. Articulada en varias plantas de amplios lofts, allí se encuentran por casualidad diseñadores gráficos y programadores junto a traductores, arquitectos y diseñadores junto a abogados, videoartistas junto a periodistas. El céntrico café de este espacio de co-working se ha convertido en punto de encuentro del barrio y en plataforma para ideas nuevas y proyectos interdisciplinares conjuntos. 

Con el tiempo, las Administraciones Municipales alemanas han llegado a reconocer la gran aportación que para el desarrollo urbano suponen las iniciativas surgidas en el interfaz entre el arte y la economía. Desde hace poco, el fondo de bienes inmuebles de Berlín tiene instrucciones de valorar no sólo el precio de mercado, sino también su aportación al interés general del barrio a la hora de evaluar la utilización de fincas urbanas. Un factor clave de este desarrollo fue la gran implicación de un grupo de artistas que había adquirido el terreno de la antigua imprenta Rotaprint en Berlín-Wedding. Bajo la marca ExRotaprint, restauraron el conjunto arquitectónico, que estaba incluido en el Patrimonio Histórico, y lo llenaron de vida con una mezcla de comercios, talleres y estudios para agentes culturales e instalaciones de servicios sociales. 

Responsabilizarse del barrio

Otra forma de iniciativa ciudadana se ha ido estableciendo en lugares como Berlín, Hamburgo o Tubinga, constituyendo un influyente nicho de mercado al margen de la industria inmobiliaria: la cooperativa de construcción. En lugar de comprar casas prêt-à-porter, son varias personas las que aceptan juntas el riesgo de la inversión. Así pueden participar en la planificación y, por lo general, se ahorran entre un 25 y un 30 por ciento de los gastos. Pero los miembros de estas cooperativas no sólo quieren vivir en casas hechas a medida y a un precio ventajoso, sino que además procuran construir de manera sostenible y buscar formas de habitar transgeneracionales. Su objetivo es configurar un entorno urbano y a la vez adecuado a las familias, lo que las convierte en importantes catalizadores para la revitalización de barrios del centro urbano. Por esta razón, la política urbanística de Berlín y Hamburgo apoya a las cooperativas de construcción en la fase de financiación, reservándoles solares. 

Cuanto mayores se hacen las iniciativas, más responsabilidad adquieren frente al espacio público de la ciudad. “Am Urban” en Berlín-Kreuzberg, que con sus 140 miembros es la mayor cooperativa de construcción hasta la fecha, destaca por su concepto radical e integrador. En el solar de un antiguo hospital no sólo han surgido viviendas y comercios, sino también instalaciones para enfermos mentales y áreas públicamente accesibles. En manos de los miembros está mantener ese espíritu abierto y tomarse en serio la integración en el barrio.

Cambiamos crisis por ciudad

En estos tiempos de política de austeridad, cuando las finanzas municipales apenas llegan para cuidar de los parques y jardines ya existentes, cada vez son más las iniciativas ciudadanas que crean nuevos espacios públicos. En el barrio de Glaucha en Halle (Sajonia-Anhalt), los ciudadanos han convertido un solar sin construir en un jardín urbano. Junto a un pequeño prado con flores y un estanque, hay un huerto que se puede utilizar gratuitamente para cultivar verduras, hortalizas, frutas y hierbas aromáticas. Animan el espacio verde representaciones teatrales, talleres sobre temas medioambientales y mercadillos. La asociación Postkult, formada únicamente por voluntarios, también gestiona otros proyectos en el barrio como la bolsa de trueque “Umsonstladen” y el patio urbano “Stadthof Glaucha”, planificado y rehabilitado con los jóvenes a los que está destinado.

Stadtgarten Glaucha, Halle Stadtgarten Glaucha, Halle | Foto: Postkult e. V. En la actualidad, donde mejor se observa cómo las iniciativas ciudadanas amplían el margen de maniobra, es en las ciudades del suroeste de Europa zarandeadas por la crisis. En el barrio Miraorti de Turín, vecinos y colegios utilizan conjuntamente un solar vacío como jardín comunitario y campo de experimentación para pequeñas ideas comerciales. En Lisboa, un grupo de artistas ha fundado un hotel en el que los artistas residentes también pueden pagar con obra. En Toulouse, unos diseñadores han abierto su estudio junto a un punto de recogida de residuos voluminosos: Los que llevan allí algo para reciclar, pueden ver in situ cómo la presunta basura se convierte en una moderna pieza de diseño.

Los Institutos Goethe de la región suroeste de Europa gestionan desde 2013 una plataforma llamada “We-Traders. Swapping Crisis for City” para la interconexión y apoyo a tales iniciativas, con talleres, exposiciones y foros web. Lo que tienen en común los distintos We-Traders es su voluntad de redefinir las relaciones entre valor, beneficio y bien común. Desde el punto de vista de una política democrática, suponen un paso decisivo de la co-determinación a la co-autoría y, así, favorecen la sostenibilidad ecológica, económica y social. Porque todo ciudadano que esté activamente implicado en el desarrollo y producción de las cosas, también cuidará de ellas.