Los hacker «ser hacker significa usar la tecnología para crear cosas nuevas»

Les gusta experimentar, les entusiasma la técnica y están firmemente convencidos de que con los ordenadores pueden crear arte y belleza. Cuatro personas del mundillo hacker cuentan cómo llegaron al hacking y qué es para ellos ser un hacker.

Gero Nagel, 23 años, Berlín, estudiante de Ciencias de la Cultura

Gero Nagel, 23 años, Berlín, estudiante de Ciencias de la Cultura Gero Nagel, 23 años, Berlín, estudiante de Ciencias de la Cultura | Photo: Andreas Kiener

No soy necesariamente la persona más nerd del mundo. Estudié en su momento informática, sí, y también programo, pero en ser hacker lo que me interesa más bien es lo subcultural. Es una actitud ante la vida. Lo que caracteriza el ser hacker no es saber hacer trucos increíbles ni manejar diez lenguajes de programación distintos, sino entender un sistema hasta el punto de ser capaz de modificarlo por cuenta propia. Puede tratarse de un sistema informático, pero también de un sistema social.

Podría describirse a los hackers como una mezcla de informáticos, ingenieros y profesores. Pueden estarse mucho tiempo a solas trabajando abstraídos, pero también es importante reunirse e intercambiar ideas y conocimientos. Transmitir conocimientos: he ahí el aspecto didáctico de la cuestión. Organizaciones como la C-Base de Berlín o el Chaos Computer Club (CCC) tienen la ventaja de que por allí pasan muchísimas personas con intereses similares. Además de cosas técnicas, me ocupo también de cuestiones de las denominadas «blandas». Me refiero a cuestiones acerca de cómo funciona nuestra sociedad. ¿Cómo es que todavía sigue viéndose normal que la mujer se encargue de los niños y la casa y el varón no? ¡Menuda estupidez! La asignación de roles dentro de la familia es algo que también se puede hackear invirtiendo los roles conscientemente. Aquí puede llegarse hasta vestirse uno con la ropa del otro. Intercambiar la moda masculina y femenina lleva también a que se vean puestos en cuestión los roles sociales de género.

Katharin Tai, 20 años, Le Havre, estudiante de Política de Europa y Asia

Katharin Tai, 20 años, Le Havre, estudiante de Política de Europa y Asia Katharin Tai, 20 años, Le Havre, estudiante de Política de Europa y Asia | Photo: privat
Empecé a interesarme por la ciberpolítica cuando estuve en China en 2011-2012 haciendo un servicio de voluntariado. Allí el acceso a Internet está sujeto a muchas restricciones. Facebook y Twitter están bloqueados. Que una página de noticias esté disponible depende, por una parte, del país en el que esté el medio de comunicación y, por otra, de cómo dé ese medio las noticias sobre China. Están prohibidos los proxys para burlar el bloqueo, aunque aun así hay gente, sobre todo extranjeros, que los utilizan. A través de un amigo entré en contacto entonces con el CCC. Para entender mejor los debates ciberpolíticos, empecé a ocuparme también del trasfondo tecnológico. Utilizo Internet desde que tengo diez años. Para mí es algo que se da por supuesto, nunca tuve que plantearme cuáles son las bases que hace que funcione como funciona. La generación anterior, la de las personas que llegaron a criarse sin que hubiera Internet, sí tuvo automáticamente que ocuparse más de la tecnología. En aquel tiempo Internet no era algo aún tan omnipresente. Conectarse usando un módem es algo que para mi generación tiene ya por sí solo algo de hacking.

Sebastian Götte, 20 años, Berlín, estudiante de Física

Sebastian Götte, 20, Berlin, physics student Photo: Andreas Kiener
Vengo del campo. Allí era el único que usaba para algo los ordenadores. Cuando empecé a ocuparme de la electrónica tenía nueve años más o menos. La cosa fue yendo a más, hasta que en la última etapa de la enseñanza secundaria empecé a construir mi propio electroencefalógrafo, o sea, un aparato para registrar ondas cerebrales. Algo que me abrió mucho los ojos fue marcharme a Berlín tras el examen final de Bachillerato y encontrarme aquí el mundillo hacker. ¡Era todo gente que no solo usaban los ordenadores para hacer cosas, sino que además eran cosas bastante alucinantes! La verdad es que lo que suele denominarse hacking no tiene nada que ver con los hackers de verdad. Ser hacker significa usar la tecnología para crear cosas nuevas. Los hackers emplean cosas de una manera que no aparece descrita en las instrucciones de manejo. A veces incluso usan la técnica para crear arte.

Me gusta trabajar con el hardware, con los sistemas electrónicos. Hago el software que circula por los microprocesadores, pero también hago las coloridas superficies de las aplicaciones. Una vez tuve un proyecto con 100 relés de control fabricados en la RDA, es decir, conmutadores con accionamiento eléctrico. Servían apenas para soltar pitidos bastante altos y poco más. Pero con ellos hicimos lámparas indicadoras que lucían con todos los colores. Mi interés en la tecnología se convertirá también en mi profesión, es inevitable. La manera de trabajar de un hacker, de todos modos, no es demasiado compatible con la lentitud burocrática. Yo lo que planeo lo quiero llevar a la práctica directamente sin más, lo cual no funcionaría dentro de un gran grupo empresarial.

Fiona Krakenbürger, 23, Berlín, estudiante de Etnología Europea

Fiona Krakenbürger, 23, Berlín, estudiante de Etnología Europea Fiona Krakenbürger, 23, Berlín, estudiante de Etnología Europea | Photo: Linus Neumann Definir qué son los hacker es algo de lo que no soy capaz. Lo único que puedo hacer es contar cosas que observo en mi círculo de amistades y, un poco, por mis investigaciones. Creo que cuando alguien es un hacker tiene un modo distinto de pensar sobre las cosas. En los problemas ve desafíos, e intenta encontrar soluciones. Todo empezó para mí cuando, después de una o dos cervezas en el Chat, decidí aprender ensamblador, es decir, programación en nivel máquina. Si soy una hacker o no, eso no puedo decirlo muy claramente ni mucho menos. «Hacker» es, ante todo, un término que te asignan desde fuera. «Eres hacker cuando otros hacker te llaman hacker», suele decirse para describirlo con un guiño de complicidad.

Tengo muchos amigos en el mundillo hacker, y los hay que me han conocido a través de mi blog. El mundillo en Berlín es fácil de conocer en conjunto, aunque tampoco está delimitado claramente. Viene a ser una mezcla compuesta de programadores, blogueros y twitteros. Nos vamos conociendo a través de eventos. Todo viene a ser como entre privado y público. Te encuentras con otros en conferencias o te vas con alguien a tomar una cerveza. No soy buena programadora; para mí lo importante no es tanto hacer programas fantásticos, sino entenderlos. En cualquier caso, siempre puedo salir del paso recurriendo al prejuicio de que como soy mujer eso no me interesa.