Entrevista con Jo Lendle “Desde las alturas al presente”

Der Hanser-Verleger Jo Lendle
Der Hanser-Verleger Jo Lendle | Foto (Ausschnitt): © Frank Schinski

En Alemania, las retraducciones de clásicos están en auge. Jo Lendle, editor de Hanser, habla en entrevista sobre cuidadosas adaptaciones lingüísticas y estrategias de mercadotecnia.

Señor Lendle, Hanser ha retraducido y reeditado varios clásicos – más recientemente "La isla del tesoro" de Robert Louis Stevenson. ¿Cuáles son sus criterios?

La editorial está intentando ampliar cuidadosamente la noción de „clásico“. Esto significa que en la serie no solamente se integran libros de los cuales se suele afirmar respetuosamente que hay que haberlos leído, sino que también se invita a redescubrir obras más populares. Además, la decisión no solamente depende de cuán importante nos parezca un libro, sino también de la historia de su traducción. Una nueva traducción tiene que aportar una ganancia considerable frente a traducciones existentes.

¿Qué papel tienen la mercadotecnia y la presentación para el éxito de una tal reedición?

Por más bellas que fueran las ediciones en piel de cabra con canto dorado, estos libros parecían estar guardados en un valioso ataúd. La gente buscaba el aura de lo alejado para ennoblecer con ello la sala de su casa. A nosotros nos pasa lo contrario: Traemos la literatura desde las alturas al presente. Queremos que la presentación de los clásicos se apoye en los libros nuevos de hoy. Hacemos como si Madame Bovaryse acabara de descubrir. A esto efectivamente se le puede llamar mercadotecnia.

En retraducciones raramente se llega a cambiar el título. Un famoso ejemplo es la traducción al alemán de "Crimen y castigo", que en su primera traducción al alemán se llamaba "Culpa y expiación". ¿Cuán dramática tiene que ser la diferencia para hacer un cambio tan grande?

La editorial necesita tener razones conceptuales bien fundadas. De no ser así, la maniobra se convierte en una farsa. De todas maneras, no se trata de cambiar libre y atrevidamente el título, sino de hacer una traducción buena y exacta que gire alrededor del original y no alrededor de sí misma. Si el título original es bueno, conviene mantenerlo.

"También queremos llevar a los lectores hacia el pasado"

¿Cuál es la situación legal?

Todos los clásicos que editamos ya no están protegidos por derechos de autor. Adquirimos los derechos de la nueva traducción. Si otra editorial desea retraducir y publicar el mismo libro, lo puede hacer.

¿Acaso no hay suficientes libros nuevos que valga la pena publicar? 

El 99 por ciento de nuestro programa editorial son libros nuevos. Pero también queremos llevar a los lectores de la literatura contemporánea al pasado, aunque sea para permitir una comparación. ¿Cómo se lee Madame Bovary como libro actual? Unos dirán: Este mundo me sigue alejado. Otros verán que la rebelión descrita en el libro no obedece a una época determinada y lo preferirán a un libro nuevo.

¿A qué grupo meta se dirigen con sus retraducciones de clásicos? ¿A los lectores que de jóvenes ya leyeron una primera traducción o a sus hijos que no saben nada sobre el libro? 

A los dos, por partes iguales. Y así son recibidas. Muchos aprovechan la oportunidad de volver a abordar un libro. Para los más jóvenes es una buena ocasión de leerlo por primera vez. Y la comparación ilustra: Durante la carrera de traducción, leíamos en voz alta versículos sueltos de diferentes traducciones bíblicas. Así se aprende lo que es el idioma. Y de qué manera el contexto y la interpretación se plasman en formulaciones.


"Solamente podemos servirnos de nuestro cosmo lingüístico“

¿Que es lo que más cambian los traductores?

Yo no hablaría de cambios. Lo primero que tiene que hacer también el nuevo traductor es encontrar su propio tono para la obra. La mirada hacia el trabajo de los predecesores se hace en retrospectiva. Los traductores actuales en muchos aspectos tienen otra manera de trabajar. Para empezar, tienen un conocimiento más íntimo de la lengua de partida por haber vivido un tiempo en un país donde se habla, y son más sensibles para captar cuando una expresión se sale de la norma. Antes se solía considerar que en los diálogos era necesario quedarse en un lenguaje artificial. Hoy en día, cada traductor desarrolla su propia vara de medir. Al fin y al cabo se trata de encontrar equivalencias que permitan que también los lectores del mundo actual revivan la obra dentro de su contexto temporal.

¿Cada cuánto tiempo habría que retraducir una obra para mantenerla adaptada a la época?

No pretendemos adaptar el lenguaje a nuestro tiempo. Hay traducciones horribles en las que salen las palabras "Glimmstängel" ("pitillo") y "Drahtesel" ("bikla"), son de los años setenta cuando esto se consideraba un lenguaje juvenil. Solamente podemos servirnos de nuestro cosmos lingüístico.

¿Se seguirá leyendo la traducción actual de „La isla del tesoro“ en cien o doscientos años?

Nos gustaría, desde luego – pero hablando en serio: Creo en el envejecimiento de las traducciones, ya que son a la vez interpretaciones. Cualquier traducción se basa en una comprensión de la lectura que se apega a una determinada época. Claro que también envejece el original, pero el original tiene permiso de hacerlo. Siempre será el original.

¿Hay un libro de su pasado lector que le gustara ver retraducido? 

Se me ocurren varios – estamos trabajando en ello.
 

Jo Lendle es autor y desde 2014 dirige la editorial Hanser. Estudió Ciencias Culturales en Hildesheim y es egresado del Instituto Alemán de Literatura (Deutsches Kulturinstitut) de Leipzig.