Makerspaces en las bibliotecas Talleres creativos en el siglo XXI

En las bibliotecas alemanas se están realizando los primeros experimentos con makerspaces, también conocidos como espacios creativos abiertos. Los resultados positivos muestran que las bibliotecas y el movimiento “hágalo usted mismo” pueden combinarse perfectamente. 

Los makerspaces son espacios abiertos en lo que se trabaja creativamente con objetos físicos. Son espacios para nuevas ideas y para proyectos del tipo “hágalo usted mismo”. El makerspace, también llamado FabLab (Fabrication Laboratory), es de alguna manera el equivalente, en la era digital, al sótano donde se practica un hobby. Las herramientas ya no son la sierra ni la madera, ni las tijeras o la tela, sino cortadores láser e impresoras 3D. Los nuevos espacios sirven también para la creación de redes: ya no se trabaja de forma solitaria y silenciosa, sino que de modo conjunto se experimenta con las nuevas tecnologías, en un espacio público donde es posible intercambiar experiencias y encontrar “compañeros de lucha”.

Los primeros makerspaces de las bibliotecas alemanas

El movimiento de los makerspaces, surgido en los primeros años del nuevo milenio, ya ha llegado a las bibliotecas alemanas. La Stadtbibliothek Köln (Biblioteca Municipal de Colonia) fue la primera en abrir un makerspace en 2014. La nueva sección de medios de la sede central, ubicada en el Josef-Haubrich-Hof, pone a disposición de los usuarios, además de una impresora y un escáner 3D, iPads, teclados electrónicos, guitarras y un launchpad para el manejo de software de música. Allí se puede digitalizar discos, grabar podcasts, componer en iPads y mucho más. “En el makerspace proporcionamos un know-how más allá del sistema educativo tradicional y así promovemos la igualdad de oportunidades”, explica Hannelore Vogt, directora de la Stadtbibliothek Köln. “En el makerspace todos tienen acceso a los nuevos desarrollos tecnológicos”.

La primera biblioteca científica en poner a prueba las posibilidades creativas de un FabLab fue la Staats- und Universitätsbibliothek Dresden (SLUB) (Biblioteca Estatal y Universitaria de Dresden): una acción conjunta de la biblioteca con algunas cátedras de la Universidad Técnica y el taller creativo FabLab Dresden, un taller ambulante de alta tecnología que dispone de impresoras 3D y cortadores láser.

La transmisión de competencias, tarea principal de las bibliotecas

¿Pero qué predestinó precisamente a las bibliotecas para que instalaran makerspaces? ¿Puede el FabLab ser una evolución que continúa con aquello que las bibliotecas hicieron siempre? ¿O es que las bibliotecas están adoptando una dirección completamente nueva? Hannelore Vogt ve más una continuidad que un cambio. “Si dejamos de lado las tardes de manualidades en las bibliotecas infantiles, los makerspaces son de por sí algo relativamente nuevo. Sin embargo, en la idea principal hay muchas similitudes con las tareas tradicionales de la biblioteca como lugar de aprendizaje, de comunicación y participación”.

Por su parte, Lukas Oehm, que ha supervisado el FabLab temporario en la SLUB, ve en los makerspaces una evolución consecuente. “En una biblioteca puede encontrarse mucha información sobre casi cada tema. No obstante, las diferentes disciplinas tienen exigencias diferentes. Mientras que las ciencias humanas y sociales están muy ligadas a los textos, la ingeniería y las ciencias naturales necesitan trabajar en objetos físicos de las clases más variadas”.

Objetivos principales: la capacitación y la creación de redes

Ambos bibliotecarios valoran positivamente las primeras experiencias con los makerspaces. “La oferta tuvo buena acogida”, informa Oehm. “Y los cursos que el FabLab Dresden ofrece para el uso de las herramientas tuvieron buena asistencia”. Además, las cátedras que participan del proyecto organizaron en el makerspace una exitosa escuela de verano sobre tecnología. Animado por las experiencias positivas, Oehm planea ahora con sus socios la instalación permanente de un FabLab en el SLUB. Pero, es evidente que la mera facilitación de hardware no constituye un makerspace: “Los usuarios necesitan interlocutores, alguien que los introduzca en el nuevo espacio y les transmita consejos y trucos para el manejo de las nuevas herramientas”.

En Colonia, el makerspace ya tiene un lugar establecido y con una red de usuarios que funciona muy bien. “El papel que cumple la biblioteca es el de transmitir y posibilitar”, explica Hannelore Vogt. “Pone la infraestructura técnica y espacial, y las personas se ayudan mutuamente y divulgan su saber”. Los puntos principales son la creación de redes, la información y la capacitación. “Nuestra oferta de cursos, que es muy extensa, está diseñada por ciudadanos para ciudadanos. De modo consciente buscamos que los criterios sean siempre muy amplios”.

Para Vogt, otro punto central es el aprendizaje intergeneracional. En el makerspace de Colonia los alumnos de la vecina escuela Kaiserin Augusta ofrecen cursos tales como “Componer con el iPad”, “Cómo diseñar un blog propio”, “Procesamiento digital” o un “Curso intensivo de 3D para principiantes”. “Por eso, nuestra oferta es aprovechada no sólo por nerds aficionados a la técnica, sino por todos los que han conservado la curiosidad por lo nuevo”.