Historia del cine en Alemania Del Kintopp al Multiplex

Imagen: Maxim Berlin, 1965
Maxim Berlin, 1965 | © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.

Hace ciento veinte años, en 1895, los hermanos Skladanowsky realizaron las primeras proyecciones de cine de Alemania: en el salón de baile de un restaurante en el barrio berlinés de Pankow. Desde entonces, los espacios donde vemos películas no han dejado de transformarse.

El año 1895 señala el nacimiento del cine en el mundo y también en Alemania. El restaurante “Feldschlößchen” del barrio Pankow, en Berlín, hizo las veces de primer cine del país. Allí, para un público selecto, Max y Emil Skladanowsky proyectaron con su propio aparato breves escenas cinematográficas que ellos mismos habían rodado. Después de esa exitosa prueba, en julio, llegaron las funciones regulares: a partir del 1 de noviembre los visitantes curiosos pudieron admirar en el Wintergarten de Berlín las imágenes en movimiento de los hermanos Skladanowsky, como conclusión y punto culminante de un clásico programa de variedades.

Del “cine de atracciones” a la sala cinematográfica

En sus comienzos, el cine no tenía modos de narración fijos ni lugares de exhibición estables. Las imágenes brillantes, en movimiento, ejercían de por sí una fascinación que atraía al público a salas de cabaret o a ferias. Allí, puestos ambulantes presentaban como espectáculo la proyección de breves películas. El “cine de atracciones”, tal y como lo denominó el historiador de cine estadounidense Tom Gunning, fue la forma determinante que adquirió el joven medio artístico, y marcó la experiencia cinematográfica hasta la primera década del siglo XX.

Debido a la enorme popularidad surgieron entonces las primeras salas de cine. Al principio fueron edificios pequeños, con despacho de cerveza, que poco tenían que ver con los espacios más amplios que vinieron poco después: en 1912 se inauguró en Berlín el cine “Kammerlichtspiele” en la lujosa Haus Vaterland, situada en la Potsdamer Platz. Su sala, que podía acoger a mil doscientos espectadores, fue pionera de los grandes palacios cinematográficos que invitaban a acudir al cine en los centros de las grandes ciudades.

Entretenimiento de masas y medio dominante

  • Hacia 1925: UFA-Palast, Berlín © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Hacia 1925: UFA-Palast, Berlín
  • Hacia 1925: Gloria Palast, Berlín © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Hacia 1925: Gloria Palast, Berlín
  • 1958: Gloria-Palast en Fráncfort del meno, vestíbulo © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    1958: Gloria-Palast en Fráncfort del meno, vestíbulo
  • Posgerra: Cine Garrison para fuerzas de ocupación y los civiles, Hamburgo © DIF e.V.
    Posgerra: Cine Garrison para fuerzas de ocupación y los civiles, Hamburgo
  • 1953: teatro a la orilla del Aegi, Hanover © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    1953: teatro a la orilla del Aegi, Hanover
  • Hacia 1958: foyer del cine Maxim, Berlín © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Hacia 1958: foyer del cine Maxim, Berlín
  • Hacia 1958: sala de espectadores del cine Maxim, Berlín © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Hacia 1958: sala de espectadores del cine Maxim, Berlín
  • 1958: foyer del Gloria-Palast, Fráncfort del meno © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    1958: foyer del Gloria-Palast, Fráncfort del meno
  • Años setenta: vista exterior de un cine subdividido, Wiesbaden © DIF e.V.
    Años setenta: vista exterior de un cine subdividido, Wiesbaden
  • Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden
  • Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden
  • Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    Años setenta: sala de espectadores de un cine subdividido, Wiesbaden
  • 1977: Abaton, el primer cine alemán de programación independiente, Hamburgo © Abaton-Kino
    1977: Abaton, el primer cine alemán de programación independiente, Hamburgo
  • 1977: entrada al Abaton, Hamburgo © Abaton-Kino
    1977: entrada al Abaton, Hamburgo
  • 1977: vista interior del Abaton, Hamburgo © Abaton-Kino
    1977: vista interior del Abaton, Hamburgo
  • 1995: Kinopolis de Sulzbach, primer complejo cinematográfico de Hessen © DIF e.V.
    1995: Kinopolis de Sulzbach, primer complejo cinematográfico de Hessen
  • 2015: Cinemaxx, Essen © Deutsches Filminstitut – DIF e.V.
    2015: Cinemaxx, Essen
El “Kintopp”, como solía llamarse inicialmente en alemán al lugar de exhibición, se convirtió en punto de encuentro de los más diferentes grupos sociales, de todas las edades. Hacia finales de la década de los veinte, más de cinco mil salas de cinematógrafo convocaban a más de trescientos cincuenta millones de espectadores al año. Los nacionalsocialistas intentaron utilizar para sus fines el poder de alcance del cine. Durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, los programas informativos y de esparcimiento, siempre marcados por la propaganda, ya incluyeron las primeras proyecciones en color y atrajeron a más de mil millones espectadores a las salas alemanas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los otrora resplandecientes palacios cinematográficos estaban en ruinas. Como en los inicios del cine, los espacios más diversos volvieron a funcionar como salas y éstas fueron usadas por los aliados para la “reeducación” cinematográfica de Alemania. En el marco del milagro económico de Alemania Occidental se produjeron nuevas inversiones: en las grandes ciudades surgieron elegantes salas de estreno, en cuyas premières los espectadores podían ver de cerca a las estrellas. Legitimada en su valor por las películas de contenido informativo y cultural, la asistencia al cine se convirtió en el pasatiempo principal de toda la familia.

Muerte del cine y diversificación

Con el surgimiento de la televisión a finales de los años cincuenta, el cine sufrió una crisis: el número de espectadores se redujo drásticamente. Muchas salas debieron cerrar, tanto pequeños establecimientos en el interior del país como cines de la gran ciudad presionados por la fuerte competencia. Para combatir la reducción del público la producción se concentró en películas monumentales a todo color. El objetivo era diferenciarse de la televisión, todavía en blanco y negro.

Paralelamente, en el público cada vez más diversificado, se abrían continuamente nuevos nichos. Para complacer a los distintos paladares, en los años setenta, en donde antes había grandes salas surgieron muchos cines pequeños. Como contracorriente del cine comercial, en muchos lugares se fundaron los llamados “Cines Comunales” (“KoKis”) que eran proyectos autogestionados y exhibían una programación independiente. Ahora bien, la especialización por sí sola no garantizaba la estabilidad, cosa que demostró en los años ochenta el éxito del videocasete, que significó el fin de muchas oscuras salas de estación, en las que se proyectaban películas de acción y pornográficas.

Surgimiento de los “Multiplex”

El mercado cinematográfico se concentró cada vez más y en los años noventa abrieron en las ciudades alemanas los primeros complejos cinematográficos, también conocidos como “Multiplex”, que seguían el modelo estadounidense. Estos ofrecían en un mismo espacio varias salas de gran amplitud, con excelente tecnología y óptima visualización. La programación, constituida siempre por los éxitos de estreno, estaba orientada a un público más bien joven, que afluía en masa a esos centros cinematográficos cuya amplias dimensiones nunca iban en contra de la funcionalidad. En muchos sitios los cines al estilo Multiplex hicieron desaparecer salas más pequeñas, administradas por sus propietarios. Al mismo tiempo, sin embargo, establecieron nuevos parámetros que favorecieron el aumento del interés por el cine.

Los cines premium y la alta tecnología del futuro

La nueva tendencia de los cines premium –salas minuciosamente restauradas o reformadas con esmero y en las que se sirven bebidas– muestra que para mucha gente ir al cine implica algo más que una exhibición perfecta desde el punto de vista técnico. A diferencia de los complejos cinematográficos, más bien uniformes, aquí está en un primer plano el espacio de cada cine. Estos locales reflejan de modo intencionado el brillo de las salas cinematográficas del pasado.

Al mismo tiempo, la revolución de la filmación digital, tecnología con la que ya cuentan hasta las salas más pequeñas, sigue su curso. A través de una proyección láser de potentes contrastes, la próxima generación de cines ofrecerá valores de blanco y de negro nunca antes vistos. La pantalla estará tan oscura como la noche más cerrada y un amanecer podrá encandilar a los espectadores. Para eso, sin embargo, se deberán reformar las salas y transformarlas en recintos absolutamente oscuros, de modo que ningún haz de luz distraiga de la percepción fílmica. La experiencia del espacio del cine pasará a un primer plano.